¿Cómo desenmascarar a un progre en tu sitio de trabajo?

Si tú, amigo de internet, eres una persona normal y no un extremista ideológico o un radical político, si eres una persona común y corriente que trabaja quizá te parezca que los progres en el sitio de trabajo son un problema de alguien más. Quizá te parezca que la igualdad es buena, deseable y positiva, que la diversidad fortalece y si bien no te sientes muy entusiasmado porque tu empresa haya contratado inmigrantes, mujeres, homosexuales y minorías religiosas sólo por serlo en vez de sus méritos quizás estás haciendo un enorme esfuerzo de mantener una “(((mente abierta)))” al respecto.

Lo que no sabes es que eso te trae problemas directamente a ti como trabajador.

A lo mejor no te parece cómodo hablar de cosas como el matrimonio homosexual, o que te preguntes por que el papá de Kylie Jenner ahora se viste como mujer, nada de eso te afecta en tu vida cotidiana.

Lo que si te afecta en tu vida cotidiana son los correos que la gente de Recursos Humanos te manda con guías de comportamiento, a lo mejor abres esas guías y no te parece atractivo leerlas pero notas como ahora en la empresa se tiene que hablar de “todas y todos”, “trabajadores y trabajadoras”, o quizá te llame la atención que ahora que aprendiste a hablar en idioma de género, Recursos Humanos te pide que en los correos y comunicaciones escribas “trabajadorXs” y uses pronombres de “genero fluido”. Quizá no le paras.
A lo mejor te parece inusual el último seminario obligatorio sobre acoso en el trabajo y que ahora no puedas saludar en la oficina a tus colegas trabajadoras con un beso, o con un apretón de manos.

Si lees este blog con frecuencia sabes que los progres pueden causar problemas en otros lugares y para alguien más, en lo personal quizá no te parece que sea algo de lo que te tengas que preocupar mucho. Y ese el meollo del asunto, porque los progres en el sitio de trabajo logran sus cometidos de dominación cultural gracias a la despreocupación y complacencia de trabajadores arduos y fuertes como tu que van pendientes de cobrar su cheque e irse a hacer otras cosas fuera del sitio de trabajo.

Los progres no llegan a las empresas y sitios de trabajo en masa, tumbando puertas, clamando control obrero y degollando a la secretaria pechugona de la recepción con la falda escotada en nombre de Alá, llegan de a poquito, se infiltran de forma sigilosa, disimulan mucho, usan mujeres tímidas de mediana edad y hombres que parecen inofensivos, que siempre aparentan ser amigables y que sin perder tiempo, por medio de la adulación, un trabajo relativamente consistente, tienden a hacerse indispensables para los cargos gerenciales.
Estos indeseables tienden a gravitar hacia cargos de influencia, no de autoridad.

Los progres en el sitio de trabajo entienden que no se cambia poder por autoridad.

Los comunistas infiltrados en sitios de trabajo tienen objetivos de naturaleza personal difíciles de medir y no hacia responsabilidades externas en las que el fracaso y el éxito son obvias. Tienden a meterse en Recursos Humanos, administración y demás, aunque también los puedes conseguir en departamentos como relaciones públicas o son asistontos administrativos con tendencia marcada a la adulación.
Acaparan información y les gusta el chisme, pero les gusta trabajar, no se quejan, observan y la mayoría de sus colegas tendrían dificultad describiendo sus opiniones políticas. Son los que se quedan callados cuando se tocan temas de identificación grupal en la mesa, son los que dicen “respeto tu opinión”, son los que aparentan ser leales a la organización y en ocasiones se pintan como sus más apasionados defensores.

Los progres en el sitio de trabajo siempre tienden a ofrecerse como voluntarios y es por ello que no sorprende que en poco tiempo lleguen a posiciones de influencia en las que su opinión no sólo la consideran importante, sino que todos la buscan. Cuando llega ese momento, es que los progres empiezan a plantar sus semillas venenosas para hacerse con el control de su organización.

Los progres del sitio de trabajo aprendieron de Saul Alinsky y de Antonio Gramsci.

Saul Alinsky y Antonio Gramsci fueron radicales comunistas, cada uno de su época quienes buscaron desarrollar una forma alternativa para que el comunismo tomara el poder de las instituciones. El primero escribió un libro llamado “Reglas para radicales”, el segundo escribió los “diarios de la prisión” y ambos tienen una forma bastante discreta pero no menos venenosa y subversiva de hacerse con el poder y marchar a través de las instituciones con banderas rojas y consignas de igualdad al tiempo que instauran la dictadura del proletariado en la oficina.

El progre de tu oficina aprendió de ellos directa o indirectamente.

Una vez que un progre llega a cargos en los que hay que tomar desiciones lo primero que tiende a hacer es reclutar más progres para su causa. A veces son descarados, como cuando la primera mujer en formar parte de la junta directiva dice que la prioridad de la empresa no debe ser el crecimiento económico y la expansión sino la contratación de más mujeres. Otras veces son menos descarados, como cuando se abre una vacante y el progre infiltrado en la empresa menciona que conoce a alguien para ese cargo, incluso si ese dicho candidato no posee ninguna habilidad requerida para desempeñarlo. Lo que sí es casi seguro es que el candidato tendrá los certificados y los diplomas que lo hagan ver calificado para ese cargo. A un progre le encantan los cursos de capacitación, certificados, diplomados y demás papeles porque son fáciles de obtener, de entender y les facilitan la exclusión de aquellos candidatos que pudieran presentar una amenaza contra su narrativa.

Una vez que el progre tiene poder en la empresa, empiezan a llegar los cambios de conducta y los manuales de comportamiento.

Los progres una vez que logran su objetivo de obtener un cargo gerencial empiezan a buscar transformar la forma en la que los empleados se desenvuelven en la empresa al establecer normas y reglas para hacerse con el control de quien fija las normas de comportamiento cívico para la dominación cultural de esos espacios públicos. Generalmente empiezan haciendo referencia a algunos conflictos de opinión pasados y expresan su preocupación sobre problemas futuros, y empiezan a crear la idea de que hay una “necesidad” para la implementación de una guía de comportamiento. Esas guías no son otra cosa que metas personas y no reglas específicas. 

Los miedos de los progres tienen fundamentación neurobiológica. El cerebro progre posee circuitos neuronales distintos al de una persona conservadora de derechas. Los progres tienen un miedo e inseguridades intrínsecas y sus actuaciones vienen guiadas por la forma en la que ciertos impulsos neuronales que activan los centros cerebrales de regulación del miedo y las respuestas proporcionales a las amenazas que estos individuos perciben están muy mal calibradas. Por ello surge la necesidad imperiosa en el progre, guiada por el neurotransmisor dopamina de controlar el entorno social que le rodea.

Por ello usan frases inocentes que esconden una perversidad gigantesca para ir introduciendo su ponzoña dentro de las organizaciones.

Un comunista infiltrado en una empresa privada que alcanzó puestos gerenciales critica la forma en la que la empresa debe mejorar al proponer complejos y enrevesados ejercicios de autocrítica, buscando dar importancia a la organización pero en realidad busca es tomar el control de ella, callar a la disidencia y obligarla a aceptar sus mandatos de superioridad moral, y adoctrinar a los empleados en lo que los comunistas consideran “un comportamiento adecuado o inadecuado”. Esto no lo hacen de frente, como ya dije, se escudan en palabras y manuales de comportamiento bastante complejos, coercitivos y paralizantes redactados con lenguaje gentil pero no menos totalitario.

El descaro y desfachatez de los comunistas en las empresas es sorprendente, nadie les cree pero por no entrar en conflictos con ello se hacen aquiescencias y por medio del ocultamiento, persistencia, engaño, pseudo-racionalismo, y confabulación terminan destruyendo instituciones y dejando a millones sin trabajo, sumidos en la pobreza material, espiritual, física e intelectual.

Una vez que un progre llega a cargos gerenciales y administrativos busca evitar que personas que no son comunistas entren a la empresa porque las consideran una amenaza a su narrativa y dominio. Es por eso que es común ver muchas empresas con comportamientos contradictorios y poco productivos. Basta con ver hacia dónde van Google y Amazon para entender cómo están dejando de ser la vanguardia y se convierten en enormes empresas con incontables empleados empeñados en silenciar la libertad de expresión para imponer sus ideas a toda costa. Estos gerentes comunistas le niegan trabajo a candidatos mejor preparados, promoviendo a empleados a holgazanes, mediocres y delincuentes favoreciendo la vagabundería por encima de la excelencia.

Entonces, ¿Que hacer cuando identificas un comunista en tu sitio de trabajo?

Identifícalo. A nadie al principio le va a importar excepto a ti.Debes destacar la importancia a tus colegas de confianza de que ese infiltrado es una amenaza. No debes ser un traficante de miedo y pánico. Debes saber que el enemigo es de los que actúa con pasividad para una vez tenerte arrinconado quitarte tu trabajo y destruirte.
Con estos delincuentes no se puede razonar, son dogmáticos y aunque parezca sencillo administrar la solución final a la cuestión roja, hoy en día los amigos de los (((derechos humanos))) ponen trabas a soluciones sencillas y definitivas, por lo que los vitalistas nos vemos forzados a usar otro tipo de técnicas para acabar con los comunistas dentro de las empresas e instituciones.
No debemos percibir las relaciones de causa y efecto de forma incorrecta. Los progres cuando son confrontados en su narrativa se sienten atacados, no es su culpa, simplemente su cerebro interpreta una amenaza donde no la hay. Un progre en una institución al verse confrontado por ti, te verá como una amenaza y no hay nada que puedas hacer al respecto. NO sirve ni siquiera ser el más excelente de la empresa, al progre sus sentimientos de inseguridad y envidia los guiarán a destruirte.

Ante algunas audiencia, ni siquiera tener el conocimiento más exacto hará sencillo crear la convicción con nuestro discurso. Porque los argumentos que se basan en el conocimiento implican instrucción, y hay gente que sencillamente es incapaz de aprender. – Aristóteles

En vista de que con un progre no se puede razonar, la mejor política que puedes aplicar en tu institución es la contención, condenando al progre al ostracismo por medio de ingeniería social. No lo confrontes de frente, en vez de ello, une fuerzas con tus colegas para desarrollar argumentos que neutralicen su narrativa de izquierdas. Siempre habrá un colega que será atacado por ese progre, y en las instituciones por característica propia de la cultura organizacional tácita o explícita los ataques son defendidos por otros trabajadores. La solidaridad es algo que se cultiva y se desarrolla porque tenemos en nuestro cerebro estructuras que nos permiten hacer empatía por razones verdaderas, sin necesidad de esconder propósitos ulteriores oscuros.

Aunado a la contención de ideas negativas por ingeniería social está la movilización de los empleados hacia causas amigables a ideas de libertad. No busques competir con sindicalistas: Los sindicatos son mafias que buscan robarte tu dinero. El progre es un  sindicalista y siempre va a considerar que la empresa sería mejor manejada por algún otro comunista en vez de tu jefe.
Si bien en entradas anteriores he dicho que el empresario necesita más de los empleados que éstos últimos de él, hay empleados que están contentos con su modelo de vida y empleo y por ello tienen un imperativo moral de cuidar su status quo. Es por ello que el empleado es el más vulnerable del veneno comunista.

La contención del progre, la defensa de la libertad y por último el éxito personal son los antídotos contra los progres en las instituciones. No hay nada que irrite más a un comunista que ver cómo los demás son exitosos y éste se queda estancado en su propia miseria. Para lograr éxito debes aplicar una máxima: duro trabajo. Los progres sólo trabajan para alcanzar sus metas y una vez conquistadas destruir el mundo a su alrededor. Los hombres de derecha trabajamos para conseguir lo mejor para nuestra familia, tribu y nación.
La adulación del progre es contrarrestada por efectividad en el ambiente de trabajo.
El progre nunca es más eficaz, siempre cubre su trabajo relativamente suficiente y lo edulcora con adulación, y voluntariado. Si le quitas esos dos elementos a un progre solo tendrás a un trabajador promedio.

La solución final a la cuestión progresista en los sitios de trabajo no es fácil de administrar, sólo se logra con mejores convicciones y creencia en la necesidad de nación para detener a la conspiración comunista que atenta con destruir la civilización Occidental.

 

 

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