¿Qué queremos los hombres de las mujeres?

Hoy en Uniendo Puntos respondo una gran pregunta.

 

El hombre es protector, proveedor, guerrero, esposo y amante.

Deseamos recompensas emocionales, amistad, juegos, sexo, afecto, que nos cuiden, que formen un hogar, que nos den de comer, que nos provean con familia (una tribu propia), seguridad a largo plazo.

Los hombres acumulamos mucho más daño a lo largo de nuestra vida.

A nosotros no nos importa otra cosa sino el sexo hasta el momento en el que nos casamos, y después de eso nos importan muchas otras cosas más.
Las mujeres pueden llevar listas de miles de cosas en el pasado cercano y el presente.
Los hombres no funcionamos de esa manera. Nosotros los hombres llevamos una lista de seguimiento de ciertas cosas y con cierta distancia y a futuro. Esta es la diferencia entre hombres y mujeres.

Los hombres nos especializamos y las mujeres generalizan.
Nosotros pensamos a manera de gaveta en un gavetero.
Una gaveta abierta a la vez.
Las mujeres son capaces de pensar virtualmente en forma de interrupciones incontrolables.

La mujer considera al cuidado emocional del hombre como una especie de “trabajo” o “costo” pero un hombre ve todo lo que hace distinto a vivir con algunos hombres en una cueva, a irse de cacería, y jugar con herramientas para obtener afecto, cuidado, sexo y el estatus social que otros hombres exigen de él a cambio de depositar en él su confianza.

Los hombres están al tanto que la vasta mayoría de ellos son desechables desde el punto de vista evolutivo, caso contrario ocurre con las mujeres.
Estamos al tanto de que si conducimos experimentos que vayan en contra de la realidad, las mujeres nos seleccionan para afecto del tipo sexual.

La reproducción depende de nuestro éxito como individuos de una manada. Los hombres estamos al tanto de nuestras oportunidades reales – y que la mayoría de nosotros no somos tan buenos. Estamos al tanto de que el costo de la especialización significa que los hombres varían mucho más en habilidad y capacidad de ser deseados que las mujeres.
Eso significa que muchos de nosotros debemos arriesgarnos de forma extraordinaria  y acumular daño celular para obtener acceso a cualquier mujer, para podernos reproducir y para que nos cuiden.

La testosterona que nos hace diferentes mata a todos los hombres eventualmente. Es un veneno mágico. Un intercambio faustino con el diablo. Nosotros maduramos más lentamente, llegamos a nuestro pico después, acumulamos más daño y morimos más pronto. Nosotros estamos al tanto de esto. Por esta razón buscamos cuidarnos mucho después de cumplir cuarenta años.

Por estas razones los hombres buscan producir un orden meritocrático más diverso con tantas oportunidades para demostrar éxito al escalar la cúspide de la dominación jerárquica lo más posible.
Esta es la razón por al cual la diversidad incrementa las tasas de crimen, de violencia y de tensiones políticas: los grupos son demostrablemente mejores y peores al escalar las cúspides de la dominación jerárquica en el mundo moderno. Mientras tengamos mayor riqueza, nos es más difícil ganar suficiente para mantener a una mujer y a sus hijos a cambio de sexo y afecto.

Los hombres queremos que las mujeres nos expliquen el mundo de las emociones a nosotros. Que nos expliquen las preocupaciones de otros a nosotros. Que nos den ideas de dónde y a dónde no aplicar nuestros distintos tipos de “fuerza”.

Buscamos reconocimiento de que nuestra necesidad sexual es física, en la misma magnitud y escala de la necesidad femenina de tener seguridad.

Buscamos que entiendan que estar “recordándonos las cosas” es fastidiarnos, y que fastidiarnos ha evolucionado de forma tal que las mujeres pueden entrenar a los niños. Cada vez que le recuerdas a un hombre algo, es el equivalente de decirle a una mujer “que está muy gorda para usar ese vestido”. Esto siempre es así.
Los hombres sufrimos los insultos más fácilmente que las mujeres. Pero los insultos siguen siendo insultos y siguen siendo igual de destructivos todo el tiempo.
A los hombres no se les entrena “recordándoles las cosas”.
A los hombre se les entrena con recompensas.

No es que no nos importe, no es que no podamos ver las cosas de la misma manera que las mujeres. De la misma forma que las mujeres (aunque no les guste reconocerlo o admitirlo) son ciegas a lo que nosotros vemos: A la política como un sustituto de violencia con otros hombres, para que nuestros genes puedan sobrevivir en el futuro en mejores condiciones que las del presente.

Mujeres: pensad en todas las cosas pequeñas que puedes hacer para hacer que tu hombre sea exitoso. Los hombres somos como los perros que traerán una pelota que les tires hasta que nos caigamos muertos. Pero al igual que los lobos, respondemos violentamente a órdenes o a la culpa.

Los hombres no somos sustitutos ni reemplazos de las mejores amigas de las mujeres, no ayudamos a crear nidos, no somos hijas de mayor edad, ni somos madres ni hermanas. Los hombres somos hombres. Los hombres competimos con otros hombres para obtener el estatus necesario para hacernos atractivos a otras mujeres, que nos cuidan a cambio de proveerles y trabajo.

Los hombres queremos que las mujeres limiten severamente sus urgencias de crear un nido a aquellas cosas que sean productivas y no que consuman recursos.
El consumismo femenino es una forma distinta de alcoholismo. Limita el juego de tu hombre a aquello que te provea con ganancias para él y su familia. Todo lo demás es extender su infancia. Haced lo mismo para los hijos varones que tengáis.

Hacer que los niños se queden sentados y quietos como niñitas les provoca un daño cerebral irreversible. Hacer de los niños seres tímidos y poco agresivos tiene el mismo efecto. Los hombres competimos por dominación jerárquica. Las mujeres se hacen la vida más fácil con la crianza al hacer que los niños se comporten de la manera anteriormente descrita. Tienen a un niño dócil, pero es un lisiado de por vida.

¿Que clase de hombre quieren criar las mujeres modernas?
¿Un tipo que vive sentado en su sofá jugando videojuegos, masturbándose de forma compulsiva con (((pornografía))) y viendo televisión? Si tienes un hombre así, la culpa es de la madre. Su esposa le culpará por lo mismo. Y después de cuatro generaciones tus genes se habrán dispersado y habrán desaparecido. ¿Por que? Porque los hombres fuertes derrotamos a los débiles, y los hombres débiles son producto de las mujeres débiles.

Las exigencias a los hombres que son buenas: Si duermes, te dan de comer, te visten y te folla una buena mujer. Necesitas ser fuerte, hacer buen ejercicio, competir y cooperar con otros hombres, y producir bienes a largo plazo para la familia. Fin de la historia.

Las mujeres se han apropiado de los trabajos “fáciles” en la sociedad al llevar a los hombres a roles de competencia más elevados, en donde es más dificil “integrarse” al equipo y es más difícil para que los hombres que evolucionaron para especializarse se integren a otros equipos.

Esto quiere decir que hay menos oportunidades para que los hombres sean exitosos.

Ya no trabajamos en grupos que en donde nos aseguramos el uno al otro como lo hicieron los obreros de antes, los artesanos, en aquellas villas, compañías, gremios y ejércitos. Cada hombre ahora es más vulnerable que antes, y está menos “asegurado” por otros hombres. Su estrés emocional es alto pero no puede entender el por qué.

Así que ¿Que significan estas cosas? Significan que los hombres deben sentir que no pueden fallar y caer en la jerarquía de la dominación y perder su capacidad de obtener cariño, sexo y cuidado por parte de una o varias mujeres.

Generalmente hablando, cuando hay un excedente de hombres que se sienten así, las civilizaciones pasan por guerras civiles y colapsándose. Porque se requiere de un porcentaje muy ínfimo de hombres que estén dispuestos a alterar el orden establecido para derrocarlo.

Los hombres evolucionamos para escalar una escala de dominación jerárquica y las mujeres evolucionaron par asentirse atraídas al punto más alto de esa jerarquía para que puedan obtener control sobre la reproducción, provisión y entretenimiento por parte del hombre con el que están.
Poco tiene que ver el amor con todo esto.

Los hombres somos criaturas absurdamente sencillas. Simplemente no podemos ver, escuchar, oler, intuir, sentir o pensar todas las sutilezas sobre los humanos que las mujeres si pueden, así que tenemos más tiempo para dedicarle al aprender cómo funciona el mundo físico y hacemos del mundo, un mundo de hombres, nos especializamos, y competimos por nuestra capacidad de entendimiento y uso del mismo.

Coquetear: La contrarrevolución sexual

La izquierda es el establishment más anti-erótico, puritánico y moralista que jamás haya existido.

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La derecha es la nueva contracultura, ya llevo tiempo diciéndolo. Esto implica que hay una guerra metapolítica y cultural que eso trae consigo. En tiempos en los cuales el matrimonio y la familia tradicional fueron derrumbados por los cánones de la liberación sexual, poco habla la derecha sobre un tema al cual todos somos afines.
El sexo y nuestra sexualidad.

Tener relaciones sexuales responsables, sanas y consensuales con una pareja estable forma parte de la salud integral de cualquier hombre y mujer. 

Independientemente de que se practique, por razones religiosas o las que sea la abstinencia sexual hasta el matrimonio, es menester saber y conocer sobre algo de educación sexual y sexualidad.
De igual manera, si se ejerce una sexualidad previa al matrimonio, institución desarrollada por la civilización para proteger y perpetuar a la especie, es importante tener conocimientos de educación sexual y sexualidad.

La izquierda puede que sea muy libertina, después de todo fueron ellos los que hicieron de la sexualidad un espectáculo que ha degenerado por completo y ha levantado en ellos cierta doble moral puritánica sin parangón, toda vez que crearon el mito de que la derecha es mala cama, mojigata, y inepta.

La cultura pop apropiada por la izquierda ha masificado la idea de que ser de derecha implica una ineptitud en lo que a la sexualidad respecta.

Es falsa la idea de que la derecha en lo que lo sexual se refiere carece de imaginación y erotismo, las prácticas sexuales en seres humanos, parafilias, fetiches y afines no ven distinción política, lo que varía en la esfera de la sexualidad entre derecha e izquierda no es si unos prefieren la posición del misionero y otros prefieren la posición del perrito.
Lo que varía es la capacidad de unos de hacer del comportamiento sexual humano un espectáculo con respecto a quienes no lo hacen tan frecuentemente.

En la telenovela de ABC Desperate Housewives, el personaje de Bree Van de Kamp es un ama de casa conservadora de collar de perlas y cuello de tortuga, incapaz de usar escotes, que pasa penurias en su vida sexual porque tiene un marido que le gusta el sadomasoquismo y a ella no y por ello su relación matrimonial comienza a fenecer.
El personaje de Bree enviuda y ella se consigue una nueva pareja, a la que en un momento de conversación sobre sexo oral, ella le contesta “Yo no hago eso porque soy repubblicana”. Evidentemente los escritores de ese show querían hacer de ese personaje un estereotipo exagerado de la mujer ama de casa republicana en lo que al sexo se refiere. Pero se pasaron de la raya e hicieron de ese personaje en su arco narrativo algo distinto. Si hubiesen querido ser chistosos, Bree le hubiese contestado a su novio cuando le pide sexo oral “Oye yo soy republicana, déjame hacerte un striptease primero”.

La cultura pop (((liberal))) le ha hecho creer a la gente que la gente de derecha tampoco es atractiva, que la idea de irse a la cama con un “facha” es acostarse con una persona que no es atractiva.

¡¿De dónde surge la perversa idea que urge a los izquierdistas de robarle la sexualidad a todos los de la derecha?! ¿Por que ha funcionado?

Ha funcionado porque se busca asociar la política con el sexo.
El debate de leyes sobre decencia pública fue ganado por la izquierda cuando mujeres en topless (algunas muy atractivas) quemaron sus sostenes en los años sesenta, pero eso nada tiene que ver con el hecho de que la izquierda se haya convertido en el árbitro que guía la moralidad en lo que a sexo se refiere.

Cuando se pretende enlazar el argumento de que el sexo y política van de la mano se asocia el hecho de que algunos ñángaras quieren aprobar políticas de control de natalidad subsidiadas por el estado y vincularlo con la preferencia de una pareja a tener sexo en la sala de su casa con unas copas de vino encima.

Poco tiene que ver lo uno con lo otro cuando en cuanto a comportamiento sexual se refiere.

Si bien la derecha ha sido apoyada por grupos religiosos de toda índole que en su doctrina tienen ciertas reglas con respecto a la actividad y ejercicio de la sexualidad. La izquierda ha fijado el tono de dominación cultural en lo que lo sexual se refiere en espacios cívicos.

  •  En ciertas partes del mundo, en los parques públicos se pueden hacer y grabar orgías sadomasoquistas con el permiso de un concejal.
  • Políticos de izquierda han criticado a las mujeres que dan lactancia materna en público.

Otro aspecto en el cual la izquierda tiene un nivel de hipocresía dantesca en lo que a sexo se refiere es el de criticar cual puritanos a la derecha si exhiben cualquier tipo de conducta que ellos aprobarían en alguien que milita en sus filas.

Si un parlamentario conservador es visto saliendo de un hotel se le atacará.
Si una mujer conservadora quiere comprarse una ropa interior sexy para su marido se le criticará.
Si una pareja conservadora visita un sex shop para comprar lubricante y se topa con otra pareja (((liberal))), les harán el comentario de rigor: “¿Que haces tu por aquí?”.

Hay ciertas cosas que la izquierda no sabe hacer, y una de ellas es saber callarse la maldita boca.
Imaginen a una pareja que tras una noche divertida en la discoteca, bailando, con un par de copas encima y las hormonas alborotadas deciden irse a la cama, mientras el hombre con su erección se las ingenia para abrir el envoltorio del preservativo, la mujer le critica al hombre que la marca de condones que usa “no tiene prácticas a favor del medio ambiente en lo que responsabilidad social empresarial se refiere”. Eso pasa. 
¿Y que pasa después?
Que el hombre pierde la erección, y no hay sexo. Hay una pelea innecesaria por algo que no valía la pena discutir en su momento.
Lectores en ciertas partes de la geografía hispanoparlante se pueden extrañar o sentirse identificados con este tipo de cosas, pero son anécdotas que ocurren.

Los hombres de derecha tienen que aprender a valorar su masculinidad. El coqueteo, los piropos, ceder tu asiento o abrir la puerta no son varas patriarcales de dominación y acoso sexual.
Aprender a saber conquistar a una mujer, saber hablarle y atender sus necesidades es la forma de rebelión que tenemos los hombres en el sistema de castas implantados por el feminismo.
Hay muchas mujeres hoy en día que han sido adoctrinadas por la cultura pop de izquierdas y se convierten sin saberlo en mujeres tóxicas que espantan a los hombres que tengan interés en ellas. Incluso las mujeres que buscan una relación “tradicional”, no están dispuestas a hacer lo necesario para tener una relación con un hombre bueno.
Hay mujeres que simplemente no están dispuestas a comportarse como damas, estar en forma, y no detonar las relaciones que tienen por trivialidades.

Coquetear y cortejar a una mujer es algo que los hombres aprenden a hacer por ensayo y error. Y lo aprenden para satisfacer sus necesidades primarias de compañía, sexo y en última instancia relaciones de pareja y una vida familiar.

Es por eso que el cortejo es la mejor herramienta de la contrarrevolución sexual.

El cortejo le permite a los hombres reclamar su poderío sexual en un mundo inmerso en la misandría, porque castiga a las mujeres que se comportan de manera inadecuada en lo sexual y le permite al hombre buscar en sí y en su pareja lugares comunes e intereses propios.
El cortejo es una fuerza desestabilizadora del sistema social feminista. Le permite a los hombres liberarse de ese gulag ideológico en el cual la mujer es algo que debe ser puesto en un pedestal y que por estar allí merecen subsidios y prebendas de toda índole, que traen como consecuencia hombres castrados, despojados de su masculinidad, sentimientos e incapaces de acercarse a una mujer atractiva y arriesgarse a cortejarla porque se crean la idea de que “yo no estoy al nivel de ella”.

Decían decir que lo cortés no quita lo valiente.

Tratar bien a una mujer es una habilidad que se aprende, pero el cortejo es cool, es chic, y a las chicas les encanta. Los hombres deben ser fuertes, deben aprender a mejorarnos en todos los aspectos, incluso el ideológico y el psicológico para poder discernir entre una güircha que te va a dejar odiándote a ti mismo o una mujer que te va a ayudar a crecer en todos los aspectos de tu vida.

Mientras los hombres fuertes de derecha promovemos la excelencia y distinción, el feminismo promueve la igualdad.
Basta con leer websites y revistas dedicados a hombres, y encontrarás tips de cómo mejorar tu rutina de ejercicios, como mejorar tu imagen, recomendaciones para actualizar tu guardarropa, gadgets y tecnología.
Si ves websites y lees revistas feministas te encontrarás con ideas para que las mujeres manipulen a los hombres usando el sexo como un arma (los artículos de sexo de cosmopolitan son un buen ejemplo), con material que promueve la promiscuidad, y la obesidad.

En el desierto intelectual que son los medios, que surjan artículos sobre como coquetear por mensaje de texto no sorprende en lo absoluto. 
Los movimientos de derecha disidente aprobarían el concepto de que coquetear no choca ni con el tradicionalismo ni con la ciencia. Coquetear incluso es una forma de mostrar desprecio por la forma en la que algunos grupos religiosos ponen en pedestales mentales a las mujeres haciéndoles creer que son unas princesas cuando en realidad son unas malcriadas.

Un hombre que sabe coquetear es un hombre que entiende que las mujeres son voraces sexualmente en su propia manera de ser y que dicha voracidad deriva directamente de su valor social en lo sexual.
Muchas de las creencias conservadoras sobre caballerosidad y mujeres virtuosas sólo tienen cabida en un contexto social que acepte y privilegie a un orden jerárquico, patriarcal y desigual que promueva la cultura, la estética, la belleza, y la familia.

Los impulsos de selección sexual, competencia y atracción están profundamente arraigados en el subconsciente de la especie humana. Las mal llamadas “construcciones sociales” que premian la virginidad, la belleza femenina, o la voluntad de los hombres de sacrificarnos por nuestras mujeres están arraigadas en realidades biológicas y empíricas, no en misticismos religiosos.

Lo que define a la derecha actual es que ésta es capaz de comprender que las realidades objetivas se reflejan dentro de la mitología y prácticas antiguas.
Las enseñanzas tradicionales de hace miles de años son más aplicables a la sociedad (((moderna))) que lo que una lesbiana feminista con un PhD en estudios de la mujer pueda enseñarnos a los hombres sobre nuestros “privilegios”.

Como docente universitario tiendo a tener mucha cautela con profesores de izquierdas, particularmente esos que dan clases en carreras de las (((pseudociencias sociales))), porque ellos acusan a la tradición de retrógrada y anacrónica, se burlan de creencias religiosas toda vez que profesan creencias aun más absurdas (y menos empíricamente sustentadas) sobre temas como igualdad racial y de género.

Cuando los hombres heterosexuales comprendan que coquetear con una mujer es rompiendo el canon izquierdista de que todos los hombres son unos violadores patriarcales opresores en potencia. Las cosas cambiarán para la sociedad, habrán mujeres de mucha mejor calidad que la güircha estereotipo.  Hombres y mujeres aprenderán que la biodiversidad humana, la tradición y el realismo racial son baluartes de la identidad cultural.

Este reto no sólamente es ideológico. Es un político porque así lo quiso la izquierda.
Puede que no te interese la política, pero tu le interesas a la política.
La política es la filosofía llevada a términos prácticos.
Cuando la izquierda hizo del coqueteo, que es un asunto personal algo político, el desafío es superar esa barrera.
La izquierda hizo un drama político: Si un hombre se acerca a hablarle a una mujer en un bar, discoteca, plaza, cafetería, pasillo y oficina es considerado un acto político ofensivo, un crimen de odio, una violación.
La izquierda quiere hacerle creer a los hombres que reconocer el deseo de acercarse con caballerosidad y respeto a una mujer que les parezca atractiva usando conocimiento, y habilidades sociales es inmoral.

La izquierda es tan establishment, que considera que coquetear es algo subversivo que tiene que ser castigado. Así de trastornados están esos individuos.

La solución a la servidumbre sexual a la cual hemos sido reducidos los hombres es reconocer que la primera la mentira es la de la igualdad. -Especialmente en la cama.
Si hay quienes se quieren convertirse a si mismos y a sus cuerpos en un producto, hay que tratarles como tal, sacarles provecho y usar aquello que funcione.

Hombres y mujeres pueden sacar provecho de la tradición.
La igualdad es un engaño.
Busca siempre la excelencia en tu pareja, busca la distinción, busca y encontrarás en este erial misándrico que el feminismo creó a ese alguien especial que te haga erizar el pelo, que te corte la respiración, y que te haga sentir mariposas en el estómago. Tómala, hazla tuya, se apasionado, ten sexo responsable y salvaje. Hombres y mujeres juntos como amigos, amantes y eventualmente marido y mujer pueden ayudar a reformar esta maltrecha humanidad y crear algo que valga la pena preservar, y esta cultura sexual actual de la izquierda no es algo que merezca seguir siendo vigente.

Mujeres Tóxicas. Segunda Parte.

Hoy en Uniendo Puntos te doy mi opinión sobre el vídeo “porno” de Erika Schwarzgrüber y por qué eso sólo es reflejo de lo tóxicas que son las güirchas.

Estas líneas busca darle continuidad a piezas como ésta

El twitter nos sorprendió a todos, este domingo un vídeo amateur de un menage-a-trois donde participan tres “artistas” venezolanos. Yorgelys Delgado, quien en su juventud formara parte del show infantil “El Club de los Tigritos” de Venevisión, un chavista llamado “Kent” y una mujer blanca llamada Erika Schwarzgrüber. Era domingo y la noticia corrió como pólvora en la redes sociales.

No esperen ver el vídeo aquí. Si te quieres pajear, no uses mi blog para ello.

El virtue signaling del mainstream fashionista venezolano no se hizo esperar. Independientemente de si el vídeo fue producto de un hackeo, al estilo fappening, en el cual le robaron información privada a las celebridades americanas, o de si alguno de los tres participantes de la orgía fue lo suficientemente irresponsable para hacerlo público, hay una serie de cosas que vale la pena resaltar de este tipo de fenómenos virales.

1. Se busca sabotear el matrimonio de Schwarzgrüber con su novio.

Erika Schwarzgrüber había anunciado su compromiso para casarse en el mes de mayo. Este vídeo, independientemente de cuando se grabó surge en un momento crítico en la vida de una pareja a punto de contraer nupcias: Los nervios, los arreglos de boda, los detalles previos al gran día, las dudas y las peleas se intensifican entre las parejas. Quien sea que haya divulgado el vídeo, busca sabotear la relación amorosa y  de una familia previa a su formación.

Las mujeres son la base de cualquier civilización exitosa porque la cultura se transmite de madre a hijo.

Pero en el nombre de la liberación, las mujeres han adoptado una serie de comportamientos que las hacen incompetentes para sostener el futuro de la civilización occidental.

Que una mujer sea promiscua, yéndose a la cama con incontables hombres y mujeres antes de casarse las lastima emocionalmente a largo plazo. La mujer promedio con la que has salido probablemente se ha acostado con varias personas antes que tu, y probablemente, en la era del teléfono móvil, hayan varios vídeos y fotos comprometedoras de ella en los teléfonos de varios hombres.
Esto es un problema gigante porque la exclusividad es la base del amor de un hombre para con una mujer. El amor más salvaje y erótico que puede haber, es íntimo. 

Para hombres comunes y corrientes,  e incluso para los héroes de los cuentos el concepto de que “esa es MI chica y de nadie más” es más valioso que pasar unas horas con una cualquiera a la cual no le importan los sentimientos del hombre con quien se acuesta sino de lo que le puede sacar a su cuenta bancaria y la erección que con su cuerpo, le pueda sacar a un hombre.
Muchos hombres piensan en esto: ¿Por que habría de casarme con una gúircha que se ha follado a medio vecindario y gastar un realero en un divorcio? Y por eso le temen y le huyen al matrimonio.

La promiscuidad le roba a los hombres la certeza de poder decir “esa chica es mía y de más nadie”.
Pero aparte del efecto de la promiscuidad en hacer erosión en la capacidad de unir a un hombre y a una mujer, el pasado sexual puede destruir un potencial matrimonio de muchas maneras.

2. Para el establishment del entretenimiento la monogamia es aburrida.

El erotismo es algo íntimo, todos tenemos una vida sexual, pero no todos hacemos de ella un espectáculo.
Yo no tengo problema alguno en que un hombre y una mujer, responsables y mayores de edad tengan relaciones sexuales repletas de pasión y erotismo salvaje  en la intimidad de su habitación.

¡¡¿Cómo se sentiría el prometido de la afectada??!! esa es una noticia que jamás veríamos en websites como El Farandi. Y si las leyéramos, probablemente enaltecerían la hazaña puteril de las mujeres en vez de explorar los sentimientos de los  hombres afectados en esa filmación.

3. El porno NO es real
El porno es fantasía, no es real.

El lado real del porno son judíos que violan actrices como James Deen, o de actrices que se dejan seducir por hijos de raperos que las drogan, las violan y las dejan tiradas por allí.

Para los hombres que no están casados es difícil entender la exclusividad como la base del amor. Por más hot que suene tener un trío con Kendra Lust y Nikki Benz en el penthouse de un hotel en Las Vegas, eso sólo le ocurre a tipos disfuncionales como Dan Bilzerian o Greg (((Lansky))).

El porno como un arma psicológica:

La masturbación compulsiva destruye la mente del hombre. Es un hecho comprobado por la ciencia. Incita a los jóvenes a masturbarse de forma incesante, satisfaciendo sus impulsos y evitando que salgan de sus oscuros cuartos a conquistar mujeres de verdad. El porno es un agente que castra de forma digital a la juventud. Es la herramienta perfecta, no es violento y es tentador.
Y es perfectamente entendible: Si necesitaras liberar tus deseos sexuales, ¿que es más barato y fácil?
¿Pasar horas aprendiendo a conquistar a una chica, a hablarle, hacer ejercicio, desarrollar labia, fracasar, sentirte mal y motivarte a seguir intentando el aproximarte a incontables chicas, te que rechacen, y que termines llevándote a la cama a una chica que en la escala de belleza del 1 al 10 es un 6, o abrir tu MacBook y elegir a la chica artificial de tus sueños con el clic de tu trackpad para obtener los orgasmos necesarios que consideres son suficientes para continuar con tu día?
Ese tipo de elementos pornográficos, sólo confirman que el porno es una pérdida de tiempo, Gigabytes en tu disco duro que promueven un estilo de vida poco saludable. Aprender a tener labia y masculinidad son las medidas que contrarrestan los planes de esa (((élite))). Deja de ver pornos, búscate una novia, Kendra Lust está chévere, nunca te las vas a follar. Vive una vida más feliz sabiéndolo.

Nota para los  Counter-signaling normies:  Quien escribe también usó pornos y estuvo expuesto y tras leer un poco sobre ideas tradicionales tuvo un despertar y decidió combatir el falso erotismo.

4. La cultura Güircha

Había una vez en la cual esto era una mujer guapa y elegante, atractiva para un hombre blanco.

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No todas las mujeres son hermosas, no todos los hombres son bien parecidos.

La naturaleza es sabia en la distribución de las virtudes y defectos. Hay gente que es excelente en ciertas cosas y terrible en muchas otras.

La belleza e inteligencia son biológicas.
Las ideas de derecha son de distinción, de que no todos somos iguales y que por no ser iguales es que el mundo es maravilloso.
De nada sirve que un cascarón vacío que se pinte el cabello, las uñas, se ponga unas tetas de goma y corra 35km diarios para tener un cuerpo atractivo si esa apariencia exterior no va acompañada de una serie de ideas, valores, creencias, actitudes y aptitudes que complementen la belleza exterior.

Otro ejemplo de las cosas dignificantes que salen del Canal de la Colina son la mala calidad de mujeres que salen de él.

Desde los colonos americanos, que tenían copias de Shakespeare en sus chozas, hasta los hombres de la primera mitad del siglo XX, todos en occidente aprendimos que el mundo alrededor nuestro tiene un orden natural que tenemos que aprender por medio del uso del conocimiento y la razón. Por eso surgieron revistas, imprentas y editoriales que nos hacían conocer historias como las de Julio Verne, Hergé y H.P. Lovecraft.

Conforme desarrollamos tecnología los hombres pudieron difundir cultura como lo hizo Walt Disney, al distribuir caricaturas que le presentar a muchas audiencias la música clásica y la cultura Occidental.

Los primeros programas de televisión combinaban teatro con lo folklórico y nacional. Los venezolanos tuvimos a Renny Ottolina.

De la misma manera que el cavernícola le trajo el fuego a su mujer en la cueva y le dijo que con ese calor podían sobrevivir al invierno y cocinar la comida, por ende mejorando su estirpe, cultura y porvenir.
Los hombres occidentales mejoraron de forma financiera y querían que la tecnología los mejorara culturalmente.

Pero las cosas cambiaron.
La tecnología, que desarrollamos para mejorar como hombres nos terminó trayendo la cultura más degradada: La cultura del barrio, en la que el estatus social queda determinado no por las ideas y la valencia moral de los argumentos sino por la cantidad de ceros en tu cuenta bancaria, la ropa de marca con la que los hombres se atavían, y tu apariencia física en un falso mercado de valor sexual que queda supeditado a la cantidad de likes que obtienes en una red social.

Another case in point:

Giuliana Boada, una güircha de Venevisión que ha hecho vídeos dando sus tóxicas opiniones sobre los hombres quiere destruir la justicia de la separación de cargas en una relación toda vez que se declara una mujer libre e independiente.

 

Su post original de Facebook
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Obviamente Giuliana Boada, esa mujer independiente  que hace creer que con sus tips de moda, fashion y recomendaciones hace de la mujer televidente de Venenovisión algo avant-garde y a la moda, olvida el hecho de que en el siglo XXI, las mujeres son más libres, independientes, y que con dicha independencia va la responsabilidad de tomar decisiones correctas.
Las decisiones correctas no sólo se limitan a tener una buena imagen sino de saber elegir al hombre correcto y ese tipo de decisiones parten no sólo de si el caballero con el cual la mujer va a establecer una relación es o no tacaño, parte de que en la escala de estimación de la mujer los valores, creencias, actitudes y aptitudes del hombre con el cual se decidió relacionar son valiosos o no.

Si Giuliana, o cualquier otra mujer quiere invertir en su imagen personal para mejorar su sexual market value (como lo haría cualquier mujer u hombre), y considerando que la tipa tiene pinta de vieja y wircha, ni la tonelada de maquillaje que se pone encima podrá evitar de que el mensaje ulterior que ella quiere dar así como buscar influenciar a su audiencia.

Hoy día, en una economía hecha ruinas como la venezolana, el compartir gastos forma parte de la consideración que las parejas que se quieren y se valoran toman en cuenta.

Conclusión

Debemos dejar de producir seres humanos emocionalmente paralizados que buscan validar lo vacías de sus vidas con votos en una red social para regresar a ser la sociedad de valores, creencias, actitudes y aptitudes capaz de mejorar nuestro porvenir por la que nuestros ancestros lucharon.