Ghost in the Shell: A Review

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Cuando el director no entiende el material original, utiliza un elenco incorrecto y un material visual bastante sólido.
El problema principal de la cinta no son los personajes o sus voces, es el despojar a la historia original de su esencia.

Si quieres leer lo que escribí sobre Ghost in the Shell originalmente, lo puedes leer aquí.

Hace un par de días fui a ver con mi esposa la adaptación (((hollywoodense))) del clásico manga de Masamune Shirow, que a su vez fue la inspiración para uno de los clásicos más destacados del anime de Mamoru Oshii: Ghost in the Shell de 1995 y Ghost in the Shell 2: Innocence de 2004.

Mamoru Oshii hizo algo más que adaptar el manga homónimo de Masamune Shirow con conocimiento de causa y una sensibilidad afín: interiorizó ese universo, amplificó sus potencialidades filosóficas y construyó casi un evangelio para una espiritualidad poshumana que dejaría honda huella en no pocas obras literarias y cinematográficas adscritas a una sensibilidad cyberpunk.

La narrativa de intriga política, espionaje, terrorismo, violencia, sexualidad, tecnología en un mundo futurista post-cyberpunk del año 2029 que propone enormes avances tecnológicos y científicos, toda vez que se contrapone a cambios radicales en el orden y jerarquía social.
El mundo de Ghost in the Shell narra la vida de hombres que dependen de implantes cibernéticos para sobrevivir, inteligencia artificial y robots capaces de sentir emociones.

Los aspectos filosóficos de Ghost in the Shell son profundos, por una parte es fundamental entender que la cultura japonesa es única entre las culturas asiáticas, para nosotros los occidentales es difícil entenderla y poder hacer conceptos de ella.

El arco narrativo de Ghost in the Shell es minimalista, filosófico y existencial pues nos hace preguntarnos a nivel metafísico:

¿Qué nos hace humanos a los humanos y que características hacen humanos a las máquinas como los robots?

La importancia de Ghost in the Shell como cine de derecha es que más allá de la trascendencia desde el cómic al anime y de éste a una super producción de Hollywood no es lo que cuenta el arco narrativo sino la forma en la que lo hace.

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Motoko Kusanagi, desde el manga original hasta la cinta de 2017 interpretada por Scarlett Johansson.

La historia es un thriller futurista de espionaje en un mundo cyberpunk, la protagonista principal es Motoko Kusanagi, un robot con cerebro y alma humana, en profunda contradicción de si misma, buscando entenderse y encontrarse a si misma. Kusanagi está a cargo de liderar un cuerpo élite antiterrorismo y de espionaje gubernamental llamado Sección 9 de Seguridad Pública.

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Desde la secuencia inicial del salto al vacío y el camuflaje óptico, hay lugares comunes y fieles a la cinta original, pero la versión kosher da un giro en su trama para narrar los hechos a su propia manera. El director de la cinta, Rupert (((Sanders))), el mismo que dirigió Blancanieves y el cazador de 2012 y el anuncio publicitario de Halo 3 ODST quiso tomar otros aspectos de otras versiones de Ghost in the Shell como lo fue Stand Alone Complex (Kenji Kamiyama, 2002).

Espero haber sido lo más fielmente infiel para haber hacho algo diferente en términos de estructura narrativa – Rupert Sanders

Para el directo la clave era crear una historia nueva que integrara varios aspectos ya conocidos de la franquicia. Es por ello que decidió recrear la estética cyberpunk para mostrarnos una ciudad repleta de hologramas, androides y aparatos futuristas en la que robots y humanos transitan por la vida enchufados a una realidad virtual, igual que nosotros con el teléfono celular hoy en día.

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Ghost in the Shell 2017 yerra en aspectos fundamentales.

Se cambió la profundidad filosófica de arco narrativo por escenas de acción cuando pudieron haber hecho lo mismo siendo fieles al contenido original en vez de hacer una adaptación.

La (((familia))) de Hollywood carece de heroísmo, y pese a que Scarlett Johansson intentó gesticular y actuar como si no se sintiera cómoda con su cuerpo, no logra captar la profunda desconexión que vemos en el dibujo animado entre su cuerpo y su alma. Y esto es la raíz, la idea seminal de la serie original.
Ciertamente la cinta actual está repleta de estímulos visuales increíbles y muy bien hechos, es Hollywood, después de todo. Pero con esos estímulos visuales, los realizadores de la cinta pudieron también estimular los aspectos más profundos de nuestra mente al mostrarnos el cuestionamiento metafísico que presenta la historia original, aquella de una sociedad compleja que se conectó a supercomputadoras y que la humanidad padeció de una invasión tecnológica a todos los niveles.
No en vano vemos a un protagonista decir que hizo ponerse un hígado robótico para beber hasta emborracharse todos los días sin ningún tipo de consecuencias. De nuevo, es la presentación de la agenda política militante de la (((tribu))) que propone vivir de forma libertina, haciéndole toda clase de perversidades a tu cuerpo y mente sin tener que preocuparte de las consecuencias a la postre.

Motoko Kusanagi es capaz de reproducir los estímulos de sus órganos para mantenerse como un fantasma a lo largo de la historia. Ella recibe daños durante combates con terroristas y máquinas, es reparada y refaccionada toda vez que es capaz de mantener las emociones propias de un ser humano.

En el mundo de Ghost in the Shell, la información es un impulso digital capaz de ser guardado en un súper computador y transferido de un hardware a otro, la mente humana también puede ser transferida no sin antes sufrir alteraciones tras pasar de un recipiente material a otro. Ese es un concepto que en términos japoneses contrasta mucho con la idea de la pureza del espíritu, propio del orden jerárquico y familiar japonés, de la veneración de los ancestros.

Quizá esta versión kosher de Ghost in the Shell buscó ser un merecido homenaje pero haya terminado no más con el esqueleto y la piel del clásico porque desechó lo sustancial e hizo banal el ethos, pathos y logos de la película.
No por ello es una mala cinta.
El error fundamental de la cinta es intentar mezclar la cosmovisión japonesa (lenta y pausada con fondo filosófico) con el estilo americano (acción, espectacularidad y explicaciones para idiotas).

El arte debe ser algo que nos inspire y nos invite a pensar. Y esta cinta no lo hace si tu primer contacto con la historia de Kusanagi es la que Scarlett Johansson interpreta y no la del dibujo animado o el manga.

Si te gustó el anime o el manga podrías ir a verla con curiosidad. Si eres un purista, saldrás decepcionado.

7 de 10.

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Ghost in the Shell

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Recientemente leí en el súper liberal comunista Los Angeles Times un artículo que critica la decisión del estudio de Hollywood DreamWorks de emplear a Scarlett Johansson para el rol de Kusanagi en la adaptación de Ghost in the Shell por ser blanca y colocarla en un elenco en el que habían actores asiáticos. Más allá del hecho de que quien escribió el artículo está discriminando a Scarlett Johansson por ser blanca  y eso automáticamente no la hace capaz de interpretar dicho rol.

El llamado de los medios en la costa oeste de EEUU a incorporar el multiculturalismo en las películas es una tendencia que causa demasiado tedio. Si bien hay muchos actores asiáticos en su medio y en su mercado que interpretarían muy bien al personaje principal de Ghost in the Shell, debemos entender la función empresarial del negocio de las películas de EEUU, dirigido a un público en su mayoría blanco.

Querer imponer esa igualdad a la fuerza solo crea más discriminación..
Ahora escribiré un poco sobre este manga que me gusta mucho.

Ghost in the Shell es un manga escrito e ilustrado en 1989 por Masamune Shirow, publicado por Kodansha, contaba la historia de una organización anti-terrorismo liderada por un cyborg femenino llamado Motoko Kusanagi.
En 1995 surge una adaptación de anime del mismo nombre a cargo del estudio de animaciones Production I.G. Después, en 2002, surge una serie de televisión que cuenta una historia paralela del manga y la primera cinta, y en 2013 se editan cuatro episodios.

La narrativa de intriga política, espionaje, terrorismo, violencia, sexualidad, tecnología en un mundo futurista post-cyberpunk del año 2029 que propone enormes avances tecnológicos y científicos, toda vez que se contrapone a cambios radicales en el orden y jerarquía social.
El mundo de Ghost in the Shell narra la vida de hombres que dependen de implantes cibernéticos para sobrevivir, inteligencia artificial y robots capaces de sentir emociones.

Los aspectos filosóficos de Ghost in the Shell son profundos, por una parte es fundamental entender que la cultura japonesa es única entre las culturas asiáticas, para nosotros los occidentales es difícil entenderla y poder hacer conceptos de ella. Una de las cosas más brillantes sobre Japón es que mucho del material que está vetado en nuestra civilización occidental está ampliamente disponible allí. En cuanto a pornografía se refiere existen muy pocas restricciones, y en el mundo del manga, hay increíblemente temas que serían tabú retratarlos y explorarlos en el mundo del cómic en lo que a términos occidentales se refiere, para los japoneses es mejor exteriorizar fantasías peligrosas, actos horrendos al demarcarlos en cómics que reprimirlos y vivir con ellos. Es una cultura de extremo control que vive con la posibilidad de coexistir con extrema violencia y caos.

La sociedad japonesa es una sociedad extraña en términos occidentales porque la dialéctica que se mueve dentro de ella son oposiciones y altamente diferenciadas a aquellas de occidente, y ése es uno de los temas que usa el autor de Ghost in the Shell, el concepto de que la mente puede trascender más allá del cuerpo, que ese “fantasma” puede habitar objetos mecánicos es una temática recurrente en esta historia.

Motoko Kusanagi es capaz de reproducir los estímulos de sus órganos para mantenerse como un fantasma a lo largo de la historia. Ella recibe daños durante combates con terroristas y máquinas, es reparada y refaccionada toda vez que es capaz de mantener las emociones propias de un ser humano.
En el mundo de Ghost in the Shell, la información es un impulso digital capaz de ser guardado en un súper computador y transferido de un hardware a otro, la mente humana también puede ser transferida no sin antes sufrir alteraciones tras pasar de un recipiente material a otro. Ese es un concepto que en términos japoneses contrasta mucho con la idea de la pureza del espíritu, propio del orden jerárquico y familiar japonés, de la veneración de los ancestros.  Shirow desarrolla este aspecto de la pureza espiritual y lo lleva aún más allá al fundirlo con la integridad corporal que en términos japoneses debe tener el hombre.

Las organizaciones criminales y personajes que Kusanagi combate buscan transferir la mente de un cuerpo a otro, en el mundo de Ghost in the Shell, hay un personaje llamado “El Titiritero”, que busca fusionarse con Kusanagi y tomar el control de ella.
Estos aspectos filosóficos y espirituales son muy radicales en una sociedad tan conservadora como la japonesa, es por ello que culturalmente los japoneses son capaces de producir este tipo de obras que son tan entretenidas visualmente como metapolítica y filosóficamente profundas.

La principal cuestión que plantea Ghost in the Shell es ésta:

¿Cuál es la diferencia entre humanos y máquinas cuando las diferencias entre ambos son más filosóficas que físicas?

Esta es una pregunta muy difícil de responder en términos occidentales.

Es prácticamente imposible desprenderte de tu propia cultura y ver otra cultura altamente avanzada y tecnocráticamente excelente que tenga un sentido del arte tan estéticamente desarrollado como el de esta sociedad milenaria, que mira hacia su pasado y basa sus creencias en axiomas que son fundamentalmente distintos a los de la civilización occidental.

Más allá de entretenernos con lo que vemos, también vale la pena escudriñar un poco sus orígenes, el manga y anime está repleto de ejemplos que plantean esta interrogante y los recomiendo ampliamente: series como Neon Genesis Evangelion, Those who Hunt Elves, Saber Marionette son ejemplos en los cuales la visión japonesa del alma contrasta con los axiomas occidentales de lo que nos identifica como cultura y sociedad y que valen la pena explorar para aprender de ellos al tiempo que nos entretenemos.