Silence, un film de Martin Scorsese

Una excelente película: Porque defender tu cultura, religión, patria, nación e independencia se debe hacer a toda costa.

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Imagina lo que serían las películas norteamericanas si su industria cinematográfica no estuviese controlada por un (((grupo))) que es hostil y decadente que ha hecho del entretenimiento un arma en contra de los hombres y la cultura occidental.

Silence es esa cinta.

La última cinta de Scorsese carece de corrección política, complejos de culpa de gente blanca, o de tapujos. Es la historia de hombres blancos que confiaban en sí mismos, con ideas expansionistas que combatían contra el salvajismo y la barbarie.

Silence nos cuenta la historia de unos misioneros Jesuitas de Portugal en el Japón del siglo XVII. Para aquella época, una gran cantidad de japoneses se habían convertido al cristianismo, antes de que el gobierno japonés, alarmado por la amenaza a su cultura, nación y soberanía, llevó adelante salvajes persecuciones que extirparon de forma sangrienta al cristianismo y llevaron a los remanentes de esa fe en esa tierra a irse a la clandestinidad durante más de dos siglos hasta que la restauración Meiji permitió la tolerancia religiosa en 1871.

El film nos narra la historia de dos jóvenes jesuitas (Adam Driver y Andrew Garfield) que entran de forma clandestina a Japón desde Macao en búsqueda de su mentor, el Padre Ferreira, interpretado por Liam Neeson. Los sacerdotes y sus conversos japoneses son interpretados de manera conmovedora ante la cruel y metódica persecución de los japoneses, que torturaban y martirizaban a los cristianos al mejor estilo de los musulmanes de hoy en día.

Durante su estadía en la tierra del sol naciente, los sacerdotes jesuitas no quisieron aprender japonés, ni saber de la cultura japonesa, ni de sus procederes. Estaban allí con la misión de conquistar y expandir.
Cuando se topan con las autoridades japonesas, éstas, con frialdad les dicen que “Japón ya tiene una religión nacional. Es  una lástima que no os hayáis dado cuenta”.

Los conversos japoneses aprendieron todo lo que podían de los Jesuitas sobre las doctrinas y métodos de la Iglesia, y luego le dieron la espalda, incluyendo la creación de un movimiento inquisidor que torturaba, ejecutaba, crucificaba y quemaba vivos a todos aquellos que profesaran la fe cristiana, toda vez que humillaban a los creyentes haciéndoles rehusar su fe en público.
La cinta nos explica que los japoneses nacionalistas entendían plenamente la teología cristiana y por eso la rechazaban en su entereza.

Los japoneses nacionalistas entendían suficientemente de teología occidental como para detener la expansión de la fe cristiana al hacer que los que la enseñaban rehusaran de su fe por motivos netamente cristianos.

El entendimiento japonés de la religión como un asunto esencialmente público y civil dejó un espacio para que la fe cristiana se expresara hacia adentro, de forma silenciosa.

Por eso la cinta se llama Silence.

Los japoneses creyentes se recluyeron en su credo de forma oculta y silenciosa, en sus hogares. Es por ello que al final de la cinta podríamos argüir que las ideas del gran inquisidor fueron derrotadas.

La respuesta japonesa, siempre acertada y brutalmente calculada radicaba en el hecho de que si bien los cristianos japoneses podían mantener su fe hacia adentro, eso era lo más japonés que podrían hacer.

Para estos nacionalistas de la Edad Media ser más japonés que cristiano, era lo preferible: Tener una proceder propio del de tu genética, nación, patria y cultura es mejor que tener otro que te es ajeno.

Más allá de hecho, para los nacionalistas japoneses de ayer y hoy la amenaza  que representaba el cristianismo era una herramienta del Colonialismo Occidental, y a esa amenaza estos nacionalistas la pararon en seco, básicamente hasta 1945.

En esta película podemos tener un esbozo de la limitación o condicionamiento de la personalidad japonesa que se le impone a los jesuitas torturados psicológicamente por factores externos, sociales y culturales: Una vez que los japoneses logran quebrar su fe usando métodos cristianos, A los sacerdotes apóstatas les otorgan las identidades de hombres japoneses que murieron, les dan las casas de los hombres fallecidos, sus esposas, sus hijos y sus negocios y compromisos.

Esto denota la primacía de los roles sociales en sobre la identidad individual en sociedades tan complejas como la japonesa de la Edad Media.

Pero eso, a lo interno, como nos lo retratan los actores, no importó porque rezaban en silencio para poder sobrellevar semejante tortura psicológica y ostracismo espiritual.

De esta cinta me llamaron la atención bastante las escenas y el diálogo entre el Inquisidor y los sacerdotes.

Los japoneses están convencidos de la falsedad del cristianismo, pero de forma muy diplomática dicen que quizá ese credo sea cierto en Portugal pero no lo es en el Japón. El sacerdote responde con poca sinceridad que la verdad es universal. Esto llevó a los japoneses, con su compleja y enrevesada weltanschaaung (cosmovisión) el cómo una verdad universal requería que los conversos adoptaran nombres y costumbres extranjeras. -Esto es, sorprendentemente actual y correcto, pues es el argumento que podemos hacer en Occidente de aquellos que se convierten al Islam.-

Pienso que quizá esos japoneses se hayan preguntado el por que una verdad universal vino a ellos en la forma de hombres de una raza distinta, que hablan una lengua extranjera, que contaban la historia de una (((tribu))) muy peculiar de Asia, que respondían a un hombre sentado en un trono en Roma que hacía negocios con colonizadores y conquistadores Europeos.

Esos son muchos detalles y muchas peculiaridades.
Francamente, ¿Quien puede culpar a esos japoneses de esa época por defender su propia cultura, religión e independencia con las armas del cristianismo, de ser necesario?

Silence es una cinta excelente en particular porque su libreto es muy inteligente. Scorsese se lució con tomas y ángulos clásicos de su estilo y guiños a la forma cinematográfica de otro gran director japonés como lo es Akira Kurosawa.
A diferencia de cintas de Martin Scorsese, repletas de drogadictos, putas, mafiosos y estafadores con una banda sonora de cultura pop muy pegajosa, en esta cinta casi no hay música, más allá de cánticos católicos de la Edad Media.

Es una película para adultos.

Es una de las mejores cintas de Martin Scorsese porque retrata forma parte de la intensa devoción cristiana que hará tambalear a los modernos progres, rojos y chairos que plagan el planeta. Pienso que recibirá buenas críticas. Quizá no sea un box-office hit como Rápido y Furioso o cualquier otra basura que pueda aparecer en la gran pantalla a la que nos tiene acostumbrados la (((tribu))).

Desde un punto de vista identitario, Silence, es en cierto modo una peli paradójica porque por una parte, es la historia del heroísmo y el sufrimiento de Cristianos Europeos y sus conversos japoneses, y por otra es la defensa absoluta e irreductible de una Nación, su genética, su mente y su cultura. – Es una cinta de hombres blancos. – Un film esencialmente cristiano dedicado a la gloria de Dios.

Mis simpatías en esta cinta iban con los japoneses, no porque considere que ser blanco es malo y no ser blanco es bueno, sino porque los japoneses defendieron lo que creían y se opusieron al globalismo colonizador de la misma forma que los hombres blancos lo hacemos hoy día.

9 de 10.