Teorías conspirativas: Jeffrey Epstein

Cuando Jeffrey Epstein fue hallado muerto en su celda el diez de agosto de 2019, éste era considerado uno de los prisioneros más importantes del mundo por las implicaciones que tienen sus nexos con muchas personas de poder y fama.

Epstein fue acusado con múltiples cargos de prostitución infantil, pero este no era un pervertido más del montón, Epstein disfrutaba de una riqueza increíble cuyos orígenes no están muy claros, se dice que era un experto financiero, pero tenía un solo cliente, Les Wexner, el magnate de Victoria’s Secret.

Epstein usó su fortuna para comprarse asientos entre las élites del poder político y financiero anglo-judío. Sus conexiones se extienden a gente como Donald Trump, Bill Clinton, la Reina Isabel II, el Príncipe Andrew, el Rey Salman de Arabia Saudita, Alan Dershowitz, Ehud Barak, Henry Kissinger, Michael Bloomberg y otros artistas y oligarcas de la high society.

Epstein tenía un gusto por niñas menores de edad. Las menores de edad no poseen ni la madurez física ni mental para consentir en un acto sexual con un hombre adulto, lo que convertía a Epstein en un violador en serie.
Las desviaciones del magnate no se mantenían en secreto, por cuanto su avión privado se llamaba el Lolita Express (“Lolita” es una novela de Vladimir Nabokov en la cual se relata la historia de un pedófilo).
Los gustos de Epstein no se limitaban a su sentido perverso del humor a la hora bautizar embarcaciones, también era dueño de una ostentosa isla privada en la que sus orgías se llevaban a cabo.

En el año 2006, el FBI comenzó a investigar a Jeffrey Epstein, recabando testimonios de más de un centenar de mujeres, muchas de las cuales son o fueron menores de edad, que habían recibido pagos para tener sexo con Epstein y sus amigos.

Pero en el año 2007, Epstein llegó a un acuerdo con el Fiscal de los Estados Unidos Alex Acosta para evitar ser procesado y entrar en la cárcel. De acuerdo con los términos del acuerdo, Epstein accedió a declararse culpable de dos cargos de prostitución en una corte estatal.

A cambio, Epstein y sus cómplices recibieron inmunidad de cargos de tráfico de menores a nivel federal que lo hubieran puesto tras las rejas de por vida. Epstein estuvo “recluido” trece meses en el ala privada de una cárcel del condado de la que podía salir por 16 horas al día, solo para regresar a pernoctar seis días a la semana.
Sus cómplices nunca fueron procesados. El Plea Bargain de Epstein fue sellado por un juez, así que la naturaleza y la extensión de sus crímenes nunca se hicieron públicos. Al caso Epstein le fue levantado el sello a principios de este año gracias a los esfuerzos periodísticos de Julie Brown, que llevaron a su arresto y eventual muerte.

Alex Acosta terminó siendo nombrado Secretario de Trabajo en la administración Trump. Acosta le dijo al personal de la Casa Blanca, quien después le chismeó a la reportera Vicky Ward, que durante su paso por la fiscalía, fue presionado para no levantar cargos criminales contra Jeffrey Epstein porque “pertenecía a inteligencia”. De ser esto cierto: ¿A cuál servicio de inteligencia le rendía cuentas Jeffrey Epstein? Y ¿Quién le ordenó a Alex Acosta que dejara de investigar?

Gente como Philip Giraldi y Maram Susli sugieren que el Estado de Israel pudo haber dado credenciales de inteligencia a Epstein.

El hombre era judío, así como su único cliente Les Wexner.
La pareja de Epstein, su confidente, y supuesta cómplice en la red de tráfico de menores es Ghislaine Maxwell, hija de Robert Maxwell (nacido Ján Ludvik Hyman Binyamin Hoch), un magnate hebreo con vínculos al Mossad, que al igual que Epstein falleció en condiciones sospechosas.

Después de la muerte del padre de Ghislaine Maxwell, el Estado de Israel le celebró un fineral de estado frente a jefes de inteligencia israelí y el primer ministro Yitzhak Rabin Shamir.

Estos hechos hacen surgir preguntas incómodas:

  • ¿Era Jeffrey Epstein un agente de inteligencia que tendía trampas de tipo corrupción de menores a sus amigos influyentes a cambio prebendas?
  • ¿Acaso Jeffrey Epstein recolectaba evidencia para chantajear a estas personas influyentes?

Se podría demostrar mediante la narrativa oficial que Jeffrey Epstein NO era un agente de inteligencia israelí.
Pero cuando se hace una sencilla búsqueda en internet sobre quien es Jeffrey Epstein, te topas con el hecho de que Forbes cuestiona el origen de su riqueza, por cuanto tenía una cubierta de magnate financiero conectado, que practicaba el proxenetismo con niñas menores de edad con acaudalados y poderosos pervertidos para poderlos chantajear a cambio de dinero, favores y prebendas políticas, estas afirmaciones podrían ser refutadas, pero su muerte en condiciones sospechosas y el círculo donde se movía Epstein llevan a hacer pensar que quizás su entorno no quería que éste se parara frente al estrado a enfrentar a la justicia.

Epstein puede que haya estado involucrado en una trama sofisticada y bien financiada de chantajes vinculados a conductas sexuales que involucra a prostitutas menores de edad. Es bien sabido que EEUU ha operado por medio de la Agencia Central de Inteligencia numerosas operaciones de chantaje de índole sexual empleando prostitutas con ciertos diplomáticos extranjeros en lo que el Washington Post publicó como las trampas de amor de la CIA. Alex Jones y Lionel Nation en sus podcasts han explicado como la oficina antecesora de la CIA, la Office of Strategic Services ha usado ese tipo de tácticas en el pasado y que fueron puestas en práctica en primer lugar por la Mafia.

Jeffrey Epstein era un prisionero de alto nivel, fue encarcelado en el Centro Correccional Metropolitano de Nueva York, la misma cárcel que dio asilo a Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, alias “El Chapo”, durante su juicio. Un penal con cámaras y vigilancia de máxima seguridad.

Todo el mundo sabía que Epstein era un objetivo de asesinato por lo que sabía, el público lo sabe, y sus carceleros ciertamente lo sabían.
Cuando Epstein fue arrestado el 6 de julio de 2019, aquellos que ordenaron su detención sabían que debía ser puesto en custodia protegida, pero sus mismos carceleros y las autoridades dejaron pasar por alto el hecho de que Epstein fue hallado obnubilado, con marcas en su cuello el 23 de julio de 2019, esas lesiones eran consistentes con intento de suicidio o intento de homicidio. Para hacer lucir a la situación más sospechosa, el compañero de celda de Epstein da testimonios poco claros sobre lo que ocurrió.

Es por ello que cuando Jeffrey Epstein aparece muerto en su celda con marcas en su cuello consistentes con asesinato, cualquiera con dos dedos de frente puede concluir que su muerte no fue ningún suicidio.

Jeffrey Epstein fue asesinado o se suicidó. No murió de casusas naturales. El famoso patólogo forense Michael Baden cuestiona la narrativa oficial, y a su vez, Baden puede ser cuestionado. El mundo de las conspiraciones da para todo.
El centro de reclusión donde se encontraba Epstein tiene formas de prevenir que sus reos se suiciden.
Si fue un suicidio, entonces a Epstein se le permitió acabar con su vida.
Si se le permitió acabar con su vida, ¿Fue de forma intencional o de forma negligente?

Si a Jeffrey Epstein se le permitió de forma intencional suicidarse, entonces es probable que el móvil sea el mismo que el de un homicidio: Evitar que testificara.

Si a Jeffrey Epstein se le permitió de forma negligente suicidarse, entonces debemos concluir que el gobierno de Estados Unidos, particularmente en la Ciudad de Nueva York no puede ser considerado una institución seria.

En lugar de ello, el gobierno de EEUU, que se precia de ser el más noble sobre la faz de la tierra con la mitología creada tras la expansión de las trece colonias está funcionando como el gobierno de Venezuela, Cuba o cualquier república bananera de estas latitudes.

Dada la muerte de Epstein, no se puede sino llegar a la conclusión de que los carceleros del Centro Correcciónal Metropolitano de Nueva York son criminales y negligentes.

Cualquier persona pudo haber llegado a esa conclusión antes de que se revelara que en el momento en el cual Epstein se suicida las cámaras que lo estaban grabando fallan, lo retiran del programa de prevención de suicidio carcelario, y misteriosamente los guardias que deben estar encima de él no aparecieron porque se quedaron dormidos.

Haya sido suicidio u homicidio, la muerte de Jeffrey Epstein es un escándalo, y nos enteremos de la verdad o no, el caso Epstein sólo puede revelar lo que ya todo el mundo sabe del sistema político norteamericano: Es frágil y la gente no confía en él. Y para los populistas eso es algo bueno, porque el populismo se alimenta de las crisis de confianza en el establishment.

Cuando el debate sobre lo que pasó con Jeffrey Epstein se centra entre quienes piensan que el sistema es lo suficientemente perverso para asesinarle o lo suficientemente incompetente para permitirle suicidarse, el sistema no puede ganar y la disidencia no puede perder. Sin importar lo ocurrido, la verdad le duele al establishment.

Sobre teorías conspirativas

El 10 de agosto de 2019, aparte de la muerte de Jeffrey Epstein, ocurrió algo mucho más importante, y es que la frase “teoría conspirativa” ya es simplemente interpretada como una forma de descalificación argumental.
Las teorías conspirativas no tienen nada de malo. Una teoría es una explicación que busca vincular fenómenos observados en términos de un juego de causas subyacentes, como por ejemplo la evolución o la relatividad general.

Una teoría conspirativa no es más que atar esos fenómenos observados en términos de su causalidad también. En este caso es la planificación humana. La raíz latina de conspiración es conspirare, que significa “susurrar juntos”.

Una conspiración es la clase de planificación humana que tiene dos características esenciales. Primero, una conspiración requiere de al menos dos personas, una idea y una ejecución. Un individuo puede idear un plan y ejecutarlo por su cuenta, pero eso no es ninguna conspiración.
Por otra parte, todas las conspiraciones involucran un grado de secretismo, porque las cosas que la gente conspira no pueden ser discutidas abiertamente sin poner en peligro los planes.

Las conspiraciones son con frecuencia de naturaleza criminal, pero no necesariamente tienen que serlo. A veces se acuden a las conspiraciones para hacer cosas perfectamente legales porque planear y actuar de forma abierta podría poner en aviso a los contrincantes y adversarios. Así que cuando los jugadores de rugby y fútbol americano se ponen de acuerdo para ejecutar una jugada, están conspirando.
Cuando las empresas desarrollan productos, están conspirando. Cuando los gobiernos espían y hacen la guerra, están conspirando. Cuando los partidos políticos y sus candidatos planean estrategias electorales para una campaña, están conspirando. Cuando los disidentes planean reuniones y eventos, están conspirando.

Buena parte de la historia humana surge de planes y acciones que comienzan en secreto. Así que estigmatizar las teorías conspirativas como tal requeriría que descartemos grandes episodios de la humanidad, así como muchos juicios criminales alrededor de todo el mundo. Lo mismo ocurre con el periodismo y la historiografía, la cual con frecuencia busca atar los hechos observados en términos de planes ejecutados de forma unificada. La mayoría de la mejor literatura y cine sobre política, espionaje, y crimen serían descartados también.

¿Pueden imaginar una novela de espías en las cuales al decir “teoría conspirativa” se paraliza toda la trama?

Los mismos que denigran a las teorías conspirativas las desarrollan todo el tiempo, pero no las presentan como teorías sino como hechos comprobados por arte de magia.
Tomemos en cuenta este artículo de Julia Ebner en la cual acusa a redes de teóricos de la conspiración han lanzado una guerra informativa en toda Europa.

Para la izquierda, la trama rusa, el patrimonio de los Franco, el privilegio de los blancos, el cambio climático y el patriarcado no son teorías conspirativas, son hechos. Lo cual significa que una “teoría conspirativa” es sólo un pensamiento disidente.

La libertad de expresión es un derecho humano que le permite a las personas disentir de las opiniones de los poderosos, que de una forma u otra podrían censurar o castigar el desacuerdo.

El atacar teorías conspirativas es un acto de desespero. Si la verdad está de tu lado, debería ser fácil refutar posiciones contrarias. La única razón por la cual querrías descalificar la disidencia como tal, es la incapacidad de poder refutar opiniones que disienten de sus méritos individuales. Pero eso es exactamente lo que uno habría de esperar de un sistema fundado sobre la mentira, particularmente la extraña y contradictoria falacia de que todos los hombres son iguales y que sus diferencias son siempre una fuente de fortaleza.

Las teorías de conspiración han estado apareciendo más frecuentemente en la medida en la que el público ya no se cree las narrativas oficiales de temas como Epstein, la guerra contra las drogas, el cese de la usurpación en Venezuela, o el carácter democrático de la Unión Europea.

Los lectores de este blog saben que yo en 2018 reporté sobre la censura de las Big Techs a Infowars el mismo día. ¿Qué explicación coherente puede dar Big Tech sobre el hecho de que a Alex Jones lo sacan de Spotify, Youtube, iTunes y Facebook el mismo día?

¿Coincidencia o conspiración? Was it ze russianz?

En enero de 2019, YouTube anunció que sus algoritmos serían modificados para recomendar “menos vídeos sobre teorías conspirativas”, YouTube no piensa que la trama rusa sea una conspiración, pero si tacha de teorías conspirativas, paranoicas y racistas hechos como el cambio demográfico que denunciaba Lana Lotkeff en su canal de YouTube.

Justo a principios de agosto de este año, Yahoo! News emitió un reportaje sobre un boletín de inteligencia del FBI en Phoenix, Arizona de fecha 30 de mayo de 2019 que identificaba como teorías conspirativas al Pizzagate y QAnon, (memes hechos por ociosos en 4chan) como amenazas terroristas en suelo americano.

Pero desde que Epstein apareció muerto en una celda de máxima seguridad en Nueva York, las teorías conspirativas ya no son sólo lo que engrosa las webs de Alex Jones, Gavin McIness, Lauren Southern y Stefan Molyneux, ahora las teorías de la conspiración son mainstream.

Hay tweets de Donald Trump sobre la vinculación de Bill Clinton con la muerte de Epstein. Los demócratas intentaron sacar la idea de que Epstein y Trump hacían cosas juntos, hasta que después se supo que Bill Clinton voló varias veces con Epstein en su jet privado, el Lolita Express.

Rudy Giuliani, ex alcalde de la Ciudad de Nueva York y abogado dijo que le parecía “increíble” el suicidio de Jeffrey Epstein y expresó “que quizás hayan cincuenta personas importantes que hayan tenido móviles para matarle”. Al actual alcalde de Nueva York, Bill De Blasio le parece que “la muerte de Epstein era muy conveniente” y que la misma “no podía ser atribuída a error humano”. De Blasio básicamente está flotando la idea de una teoría de conspiración cuando dice que “a veces son necesarios una serie de eventos que no se explican de forma normal, y para las cuales tiene que haber una investigación completa”.

Desde la muerte de Epstein, los intentos de los medios de contener las especulaciones dentro de la narrativa de la “teoría de la conspiración” han sido flojos, con los peores ejemplos viniendo de medios en los que la gente promedio considera serios, basta con leer esta estupidez que sacó la BBC para que vean a lo que me refiero.

La muerte de Jeffrey Epstein es obviamente sospechosa. Da para elucubraciones entretanto no se hayan esclarecido otras cosas, como por ejemplo el hecho de que Jeffrey Epstein no actuó solo, que se desconoce el paradero de Ghislaine Maxwell, y que no se han hecho públicas otras acusaciones de los involucrados en una trama de corrupción de menores y trata de blancas que toca a las altas esferas del poder.

Después de la muerte de Epstein, a todos nos etiquetan de teóricos de la conspiración. La distinción entre las teorías conspirativas mainstream y las alternativas disidentes ya no existe. La única distinción relevante radica entre una buena teoría conspirativa y una mala. Las teorías verdaderas y las falsas.

El Control de la “Narrativa”

Las teorías conspirativas están intrínsecamente vinculadas al populismo. El populismo sostiene que el gobierno sólo es legítimo si gobierna para el bien común. Los populistas consideran a las facciones e intereses especiales como enemigos naturales de los buenos gobiernos, y consideran que las deliberaciones gubernamentales deben ser máximamente transparentes para resguardarse de la subversión por parte de los cabilderos de los intereses especiales, los cuales por necesidad deben conspirar en secreto en contra del bienestar de la nación.

Como argumenté más arriba, la muerte de Epstein ayuda a los populistas independientemente del resultado del caso. Porque primero, y principal, la muerte de Epstein le ha quitado a la frase “teoría conspirativa” el poder de difamación y descrédito a la que se le solía vincular con la intención de desautorizar, estigmatizar, y paralizar toda prospección de pensamiento crítico. Segundo, sin importar en que lado del debate sobre Epstein te ubiques, el que sale perdiendo no eres tú, el ciudadano de a pie, sino el Sistema, el establishment: Porque si Epstein fue asesinado o se le permitió que se suicidara, entonces el sistema es incompetente. Si nunca aprendemos la verdad sobre la muerte de Epstein, entonces el debate será entre los que piensan es lo suficientemente perverso para encubrirlo o muy incompetente para descubrir los hechos.

Nótese que ninguno de estos triunfos populistas son contingentes para descubrir la verdad sobre la muerte de Jeffrey Epstein. El sistema ya ha cuantificado las pérdidas, ha pagado sus deudas y ha seguido adelante, dejando a la ciudadanía la capacidad de capitalizar sobre ellas.
En el mejor de los casos, el sistema ha perdido la confianza de la opinión pública, su prestigio, y lo más importante, el control de sus narrativas.

Y en política el control de la narrativa oficial es fundamental para el éxito del sistema. Basta con ver a la transición española, planificada en su entereza por el franquismo, a la cual la oposición socialista tuvo que hacer concesiones provista de que la historia no se cambiara, hasta hace poco cuando el PSOE se dispuso a profanar la tumba de Francisco Franco en el Valle de los Caídos y pretende volver a hacerlo al querer mover los restos de Jose Antonio Primo de Rivera. Las élites socialistas, apoyadas por el voto democrático de izquierdas y los nacionalismos regionales se empecinaron en reescribir la historia para hacer creer a la gente que los Republicanos ganaron la guerra perdiéndola.

Esto me hace preguntarme sobre qué le pasaría al establishment si de veras supiéramos la verdad sobre Jeffrey Epstein y sus compadres. Dado el hecho de que el poder está en constante cambio, las teorías conspirativas ahora son armas, y el periodismo de investigación anda sacando a la luz los crímenes del magnate fallecido, hay esperanza.

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