El fascismo como un movimiento de reconciliación

La definición de la palabra “fascismo” es volátil y ha sido abusada por académicos de extrema izquierda para identificar a todo lo que ellos desaprueban. Aquellos que buscan identificar al fascismo siempre lo hacen desde una narrativa de izquierdas.

Los fascistas compartimos el Mito de la Era Dorada, la promesa de la palingénesis, el appeal atractivo del simbolismo militarista, la retórica de la jerarquía, el valor de la desigualdad, etc.
Debajo de todo eso subyace la paradoja que se la ha escapado a los académicos burgueses y marxistas por igual. El fascismo como movimiento político es un movimiento colectivista unitario de reconciliación entre las distintas hebras que conforman el tejido social de una nación.

El fascismo reconcilia a empresarios y trabajadores

La geneología fascista tiene sus raíces en una profunda decepción por los social demócratas, profundo desprecio por los demócratas sociales y un rechazo visceral al comunismo, ya que fueron los primeros grupos en responder de forma seria y directa a los problemas que surgieron del capitalismo industrial del siglo XIX.

Los demócratas sociales, social demócratas buscan resolver esos problemas entre la élite empresarial y la élite trabajadora por medio de la democracia parlamentaria. El problema subyace en que los políticos democráticamente electos tienen mucho que ganar cuando ponen a ciertos sectores de la sociedad a pelear los unos con los otros por medio de la creación de los lobbies o grupos de intereses especiales de presión política. Yendo incluso a aguas más profundas el caos de la democracia parlamentaria es totalmente inapropiado para naciones que se encuentran en el medio de crisis que requieren decisiones duras y soluciones finales difíciles de tomar.

El problema con los comunistas radica en que la teoría marxista solo puede crear violencia en dondequiera que sea aplicada y puesta en práctica. El mismo Marx señaló que la división tripartita de la sociedad ha sido reemplazada por una dicotomía en la que aquellos que se ganaron su paga por retornos de inversiones en el capital arriesgado y aquellos que se ganaron su paga por medio del trabajo.

La revolución industrial inglesa trajo consigo una gran creación de riquezas y también una gran cantidad de miseria al trabajador urbano sin un sistema de retroalimentación que pudiera corregir las injusticias de un mercado laboral sin ningún tipo de leyes que rijan su funcionamiento. Era por ello que Marx buscó solucionar este conflicto en pasar de dos clases sociales a una sola por medio de la igualdad. No sólo le pareció lógico sino que buscó formular sus postulados de una forma pseudocientífica al decir que era “el curso inevitable de la historia”, que la revolución proletaria llegaría a los países industrializados y ricos. Pero  eso no fue así, la revolución llegó a la atrasada, feudal y miserable Rusia Zarista. Lenin por otra parte decidió crear más teorías a partir de las ideas de Marx y planteó que no había tiempo para que “el curso de la historia se diera” y por ello nació el Marxismo-Leninismo. La destrucción inmediata e impertativa con la consecuente humillación de las clases capitalistas es la única solución al problema planteado por Marx. Cuando los bolcheviques gritaron “Todo el poder al los Soviets” implicaron que los colectivos de trabajadores de todas las fábricas se alzaran contra su empleador y tomaran el control de ellas. Como los trabajadores carecen del conocimiento que implica el empresario para arriesgar de su capital, esas empresas quebraron y los obreros volvieron a pasar por penurias.

Al igual que los comunistas, los fascistas buscaron resolver los males socieles de las clases más pobres de manera inmediata, no tenían paciencia ni tolerancia para las nimiedades que tenían los Social demócratas. Esto fue logorado no por medio de la destrucción del empresariado sino por la reconciliación del trabajador con el empresario. El liderazgo ejecutivo de las empresas se mantuvo en manos capaces pero aquellas compañías tenían la responsabilidad de pagar salarios y junto con el gobierno generar factores multiplicadores de la economía que lograran servir al bien común y tratar al obrero y a su familia con dignidad y respeto. Una posición de ganar-ganar sin ese discurso de opresores y oprimidos.

El fascismo reconcilia a la Iglesia con el Estado.

Julius Evola estuvo bastante decepcionado en la decisión que tomó Benito Mussolini de firmar un acuerdo con el Vaticano. Durante décadas los Papas eran “Prisioneros del Vaticano” porque se rehusaban a reconocer la soberanía de otros poderes sobre los antiguos estados Papales. Los Papas fueron soberanos de buena parte del territorio italiano durante mucho tiempo y ahora tenían apenas espacio para poder acomodar un trono. Los católicos practicantes se les enseñó a no participar en la vida pública del nuevo Reino de Italia carente de fe por medio de las Encíclicas Papales.

Mussolini puso fin a esto al crear un sistema de leyes internacionales que le daban soberanía al Papa sobre el territorio Vaticano, los católicos podían reconciliarse con una Italia unificada. Un sueño que hasta Dante Allighieri quiso ver y que nunca fue logrado sino a finales del siglo XIX.

Escritores fascistas como Julius Evola ciertamente tuvieron sus contrapartes, la Nobleza Negra y los Ultramontaintes. Mussolini tomó la decisión de poner a un lado los extremos, así como lo hizo con burgueses y comunistas y juntó a los que estaban más cercanos al centro para poder llevar a su nación a la gloria.

Reconciliación entre diferencias raciales y lingüísticas

En los años finales de Lee Kuan Yew, el padre fundador de Singapur, en muchos foros en el continente asiático sobre su experiencia y sabiduría. Con frecuencia se le preguntaba sobre el caso hindú, y Lee Kuan Yew siempre respondía de la misma manera: “Cuando el primer ministro hindú habla, sólo le habla a la mitad de su país y sólo esa mitad le entiende”. La unidad nacional y una visión claramente comunicada son incompatibles. La Unidad Nacional comienza con que todos hablemos el mismo idioma.

Lee Kuan Yew heredó una situación parecida en Singapuro, el lenguaje más hablado en ese país al momento de su independencia era en su mayoría el dialecto chino Hokkien (30% de la población lo hablaba), el resto estaba dividido entre otros dialectos derivados del Chino, Malayo, e Indonesio. Dada la historia colonial de Malasia, el malayo era el lenguaje oficial, pero sólo lo hablaban 8% de  los habitantes de esa isla. Singapur se vio sumida en disturbios raciales y agitación comunista al punto que Malasia los expulsó de su unión política.

Lee Kuan Yew y su partido de acción popular decidieron hacer del inglés el idioma oficial porque funcionaba como una lengua netural para que nadie pisara al otro. Evidentemente esto fortaleció el hacer negocios en ese terruño. Para los años 80, casi todos los habitantes de Singapur hablaban el idioma inglés y la tasa de alfabetización era bastante alta.
En el momento de la independencia de Singapur, 1 de cada 5 ciudadanos de ese país hablaba inglés, esa cifra cambió en cincuenta años a 4 de cada 5 para el año 2010.

Y esto se logr de forma pacífica, porque a diferencia de los franceses jacobinos en Bretaña o los Ingleses en Irlanda, no hubo ningún intento de desturir el lenguaje o la identidad de los grupos constituyentes del tejido social de ese país. Ni siquiera hubo prohibiciones sobre la reproducción entre razas. Singapur decidió perseguir una política políglota en los años ochenta al hacer que cada estudiante aparte de aprender inglés como lengua materna, también aprendiera el idioma de su etnia en todas las escuelas. Asi que a diferencia de las reservaciones indígenas norteamericanas, centroamericanas y latinoamericanas no hay situaciones conmovedoras en las cuales miembros de la misma familia no se puedan entender porque no hablan la misma lengua.

Lee Kuan Yew señaló que no puede haber hermandad entre quienes no pueden cantar juntos. Ahora todos los ciudadanos de Singapur pueden hacerlo, y tomando en cuenta que hace sólo dos generaciones cada quien cantaba su propia canción desde su propio gueto eso es un gran avance. Esta pequeña isla que era la capital del crimen asiático, convulsa con disturbios y demás tan terribles es ahora uno de los centros financieros más poderosos del mundo, es una nación pacífica y cohesionada. Y esto es porque hubo un gobierno autoritario, anti comunista caracterizado por un liderazgo militarista con un fuerte sentido e unidad nacional poniendo a un lado los dolores étnicos y las diferencias de clase.

Cuando a Trump lo acusan de fascista.

Cada vez que acusan a Donald Trump de ser fascista mi respuesta es la siguiente: “No lo es, pero ojalá lo fuera”.

Así Trump no lo sepa cuando le robó el eslogan a Ronald Reagan de “Make America Great Again”, esa idea está preñada con el concepto de una época dorada y de renacer nacional.
Durante sus discursos para las primarias republicanas resaltó su caracter militarista, toda veez que propuso una política exterior de no intervencionismo y de compromiso diplomático con Rusia. Se distinguió por ser el único republicano opositor a la desestabilización del Medio Oriente de la corriente (((Neoconservadora))) republicana al criticar la guerra que depusó a un jefe de estado Sunnita nacionalista como lo fue Saddam Hussein.

Buscó consolidar a los americanos en su núcleo por medio del uso de una retórica de nacionalismo cívico cuasi etnocentrista al atacar a grupos externos como los musulmanes y los inmigrantes ilegales mientras que evitaba atacar a los elementos nucleares de la nación americnaa.

Todos los expertos en lenguaje corporal, programación neurolingüística y comunicación señalan que Donald Trump es un experto negociador y que constantemente da una clase magistral de crear una persona ejecutiva de autoridad y poder, y al igual que muchos líderes fascistas tiene una fascinación por la arquitectura monumental.

Trump ha logrado cifras récord en un ambiente industrial post económico donde más del 80% de EEUU no ha recibido un incremento salarial ajustado a la inflación en treinta años, ha llevado el desempleo de los afroamericanos a récords históricos en sus niveles más bajos nunca antes vistos, ha estimulado la economía, y ha puesto la escasez laboral en su mínimo al ponerle coto a la inmigración ilegal y favorecer un programa de ajustes migratorios basados en méritos. La necesidad será el motor de innovación de las nuevas tecnologías que requieran de mano de obra. Los ricos que están sentados en montañas de dinero no pueden innovar y verán sus ingresos disminuir pero ¿Quiénes fuera de los liberales infernales influenciados y pagados por los hermanos Koch estarían en desacuerdo con ello?

La alternativa social demócrata serían más impuestos impositivos para la economía americana que forzarían una fuga de capitales a paraísos fiscales y no serían buenos para nadie.
La oligarquía empresarial de Sillicon Valley y Wall Street se vería en problemas y está en problemas por las reglas que un tipo que sabe de economía como Donald  Trump les impondría.

Aquellos parásitos estatales son muy proclives a partirse y verse forzados a conseguir un empleo de verdad ante las políticas laborales dignificantes de Donald Trump. Y lo harán con el sudor de su frente y aprenderán a ganarse el dinero toda vez que su poder adquisitivo incrementa.

Trump también reconciliará las tendencias pro-sociales del feminismo con las tendencias pro-sociales del conservadurismo religioso y social. Estas políticas fueron delineadas por su hija Ivanka en su presentación de su padre en el Republican National Committee. Tengamos en cuenta que este fue un discurso preaprobado, por lo que cada política que propone representa una posición oficial de la campaña de Trump. Es fácil oponerse al feminismo si crees que comienza y termina con los defensores de la aceptación de las gordas feminazis genderqueer sin habilidades comercializables o mecanismos de afrontamiento emocional.

El hecho es que la mayoría de las mujeres que se hacen llamar feministas, y la mayoría de las mujeres que trabajan para poner en práctica nuevas políticas feministas, son mujeres heterosexuales que simplemente quieren equilibrar la vida familiar con las ambiciones profesionales.

Si se logran los objetivos planteados por Ivanka, se cometerán muchas herejías “conservadoras”, el “Gran Gobierno” verá expandirse sus poderes, pero las familias serán más fuertes, nacerán más bebés blancos, y tanto hombres como mujeres tendrán más tiempo para sus familias y comunidades. Hay una escasez de estadounidenses con estabilidad material y tiempo libre. Rectificar eso sería una bendición para el nacionalismo blanco y es fascista de principio a fin.

Conclusión

Señalar la gran fuerza conciliadora del fascismo no es un intento de reconvertir a los líderes fascistas en osos de peluche tiernos y cariñosos. A veces, un fascista y su escuadrón pueden tener que torturar o matar a 97 detenidos para asustar a 27.500 activistas, de modo que 1.070.334 personas en su país no serán inducidas a llevar al resto del país por el camino de la perdición, por citar un ejemplo . La violencia que define el fascismo en la mente popular en realidad se usa con moderación en la práctica, incluso en aquellos regímenes que nacieron en sangrientas tomas. Solo un pequeño espectáculo de poder y fuerza de voluntad recorre un largo camino.

Sin embargo, un gobierno fascista no gobierna fascísticamente por un sólo día. Lo que lo define es cómo se enfrentarán los males sociales, la desunión y la crisis nacional durante todo el curso de su gobierno. La reconciliación es un elemento esencial del fascismo, quizás el elemento más importante. Si ese líder que subió al poder no trabaja para resolver los males sociales que llevaron al gobierno anterior a la crisis y reconciliar las facciones divididas de su país, sino que impone un status quo en las relaciones laborales, proporciona apoyo institucional o incluso sanciones para apuntalar normas culturales impopulares, y deja la estrategia de seguridad nacional en manos de un poderoso estado patrocinador financieramente interesado, entonces él no es fascista. Tal líder puede ser un matón y una marioneta de capitalistas extranjeros, algo totalmente vergonzoso, pero no se le puede llamar fascista, que es algo glorioso.

alberto-zambrano-uniendo-puntos-keep-calm-and-love-a-fascist

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