Realidades raciales

Contrario a lo que mucha gente piensa, la raza no es un concepto, constructo o cualquier tipo de abstracción posmoderna. La raza es un hecho biológico científicamente comprobable.

La raza es una forma biológica de catalogarnos y categorizarnos, es una medida taxonómica de las diferencias primordiales que nos caracterizan y que delinean a la humanidad y nos distingue.

Es por ello que el reconocimiento de la raza como concepto válido resulta incómodo a progresistas, posmodernos y comunistas culturales alrededor del mundo.

Eric Voegelin es un filósofo político que escribió un libro titulado “Raza y Estado”, en esta obra, el autor planeta que la condición de los seres humanos es una existencia de múltiples capas y facetas. En esa misma obra, el autor de forma incorrecta dice que la raza como una forma de medida natural es una premisa falsa y que sus permutas apuntalan e imbuyen el espíritu inherente del mundo occidental posmoderno.

Para efectos de este texto, raza y cultura así como  raza y organización política son lados recíprocos de una misma moneda. Raza y cultura, así como raza y naciones estados son entidades inseparables y mutuamente interdependientes. La cultura deriva en el alma racial de los pueblos que viven en una zona geográfica delimitada.

La continuidad genética de la raza es el fin e interés definitivo de los pueblos.

Cualquier persona que se defina como de derecha y que realmente sea conservadora sabe que para conservar el legado y acervo cultural de los pueblos no solamente se deben preservar las relaciones familiares e individuales. Sino que se entiende que las anteriormente mencionadas constituyen un grupo de intereses colectivos que definen un “sino”, en términos Spenglerianos, una comunidad racial más amplia.

Cuando hablamos de política, los humanos nos organizamos en grupos y formamos entes políticos en los cuales compartimos una identidad común.
A lo largo de los últimos siglos, los pueblos Europeos, sus antiguas colonias y los estados que surgieron de la independencia de esas colonias se han organizado en torno al concepto de naciones-estado.
La base de una nación estado, o de cualquier estado para esos efectos, es lo que el jurista alemán Carl Schmitt definió como “lo político”. De acuerdo con Schmitt, la base subyacente de lo político es saber distinguir entre amigos y enemigos. Una dicotomía sencilla cuya correcta puesta en práctica constituye el ejercicio del poder político en cualquier comunidad que se manifiesta.

El sistema liberal-democrático actual opera a lo largo de credos o líneas cívicas, y se adhiere a la noción artificial de lealtad al “Estado”, en el sentido abstracto, y específicamente a los aparatos institucionales del Estado, y esto según el canon democrático liberal es la bases cohesiva de la nación.

A las causas nacionalistas les concierne las características organizacionales de la genética y con ella la continuidad de su civilización al buscar ordenar a los seres humanos acorde a su parentesco étnico y racial, conservando la verdadera diversidad de las especies, valorándolas en su estado natural.
La biología y la realidad de los grupos que la naturaleza clasifica son innegables.

Existen tipos sanguíneos que nos hacen compatibles e incompatibles unos con otros, nuestra sangre, nuestro parentesco nos define como pueblo, y como nación.

Los conservadores tienen una idea de la nación mucho mejor formada. Una nación es sangre, suelo, cultura y las experiencias de la gente que vive en ella. La familia también es sangre, suelo, cultura y las experiencias de sus integrantes. Para un conservador una nación no está compuesta de individuos sino de los lazos que unen a esos individuos. Un grupo de individuos con lazos es una familia, la unidad más pequeña de la civilización que mantiene todas sus cualidades. Un grupo de familias conforma un barrio o una localidad. Un grupo de barrios conforma una comunidad, un grupo de comunidades conforma una Nación.

Al reconocer a la raza como un hecho real, positivo y biológico, se nos castiga y se nos condena a un ostracismo social por una (((élite hostil))) que está intrínsecamente empeñada en disociarse de esta realidad.

El régimen políticamente correcto define a la nación como un grupo atomizado de individuos, con cada persona siendo más que la suma de todas sus partes y mayor a la comunidad a la que pertenece.
Contrario a lo que mucha gente piensa, el concepto de Blut und Böden, “sangre y tierra”, no fue ideado por los alemanes nacionalistas de la primera mitad del siglo XX, de hecho se remonta a tiempos inmemoriales, los romanos, griegos y fenicios lo exaltaban.
La mismísima Marsellesa, himno francés, bandera de la Libertad, Igualdad y Fraternidad, exalta el concepto en uno de sus versos:

Aux armes, citoyens, /  A las armas ciudadanos
Formez vos bataillons, / Formad vuestros batallones
Marchons, marchons! / En marcha!
Qu’un sang impur / Que la sangre de los impuros
Abreuve nos sillons! / inunde nuestros surcos de arado.

Esta es una de las razones por la cual los socialistas y comunistas franceses prefieren cantar la “internacional” con el puño izquierdo en alto a pararse firme frente a sus símbolos patrios con el corazón en la mano.

La conceptualización de la nación no es un corpus putrefacto de afirmaciones intangibles y carentes de significado sino un conjunto de ideas biológicamente definidas que organizan a los hombres en naciones, en cuerpos concéntricos que van desde la familia, el individuo y sus parentescos raciales más amplios.

Regresemos entonces a estudiar a Schmitt.

Schmitt creía que el estado liberal democrático moderno era incapaz de ser político y por ello era no podía definir entre amigos y enemigos. Esto plantea que la distinción entre amigo y enemigo, entre nosotros y ellos, es el grado de intensidad de asociación o disociación entre pueblos, y es por ello que las bases de cualquier institución política funcional requieren del uso de esta dicotomía.

Lo que es homogéneo a la noción moderna de igualitarismo y por sustitución el globalismo universalista es que todo recae en las formas innatas de gobierno, las cuales han parido un orden liberal incapaz de poder legitimarse, y por extensión, su soberanía política es muy difícil, por no decir imposible de definir al ser incapaces de poder definir el enemigo del amigo.

Este concepto es primordial en su orden, evoca un pasado ancestral distante y como tal existió previo a la codificación de cualquier marco político legal existente.
Al reconocer esto, los nacionalistas tenemos como premisa que cualquier estado exitoso parte del imperativo moral de sus miembros de existir y preservar su acervo genético, cultural y geográfico.

Lo que Schmitt cataloga como el primordio político en sus orígenes es la base de cualquier civilización exitosa ya que sus lazos sociales de parentesco, fraternidad y hermandad aunados a la similaridad y homogeneidad favorecen relaciones sociales armoniosas.

Los estudios genéticos (1), (2)(3), (4) de las poblaciones ha demostrado que los individuos tienen un interés tanto genético como racial en la propagación y la prosperidad de los compañeros de la etnia interrelacionados en su grupo racial y étnico más amplio. El reconocimiento de este hecho científico y social por parte de un demográfico distinto al (((políticamente correcto))) es considerado indeseable, supremacista, ilegítimo, inmoral, genocida e injusto.

Ferdinand Tönnies fue un sociólogo alemán que acuñó los conceptos de Gemeinschaft “Comunidad” y Gesselschaft “Sociedad” así como los lazos interpersonales de la mancomunidad genética versus la colectividad de los individuos atomizados, los cuales tienen en común su proximidad geográfica y consumismo que por cualquier otro lazo racial-familiar cohesivo más congruente.
El concepto de Gemeinschaft, “Comunidad” de Tönnies, aquel de un estado genéticamente organizado y homogéneo da continuidad a una tradición europea de arête (vocablo francés para decir “cresta”, se interpreta como excelencia, o cúspide). La realización colectiva de que las bases de las naciones estados o de cualquier estado, pasado, presente y futuro es la base subyacente para cualquier civilización sana y exitosa.

La verdad por definición es aquella que se corresponde con la realidad, y con los hechos. Cuando la verdad es oscurecida, reina la falsedad, y la realidad se convierte en una aberración trastornada de si misma, dando como resultado el sufrimiento generalizado de una población.

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La diversidad multicultural forzada en naciones estado es una idea asesina.

Carl Schmitt era sólo un jurista, pero su conceptualización de lo político tiene mucho en común con el campo de la psicología evolutiva y ambos campos hacen énfases en la naturaleza agonal, agónica, combativa, conflictiva de la naturaleza de la vida y el ciclo de interacción entre humanos, particularmente de las interacciones evidenciadas por tanto grupos internos como externos. Charles Darwin nos señaló hace más de siglo y medio que los humanos nos congregamos en grupos, y que como tales, vivir en grupo es una estrategia adaptativa crítica y estratégica para la  supervivencia de la especie humana.
Adicionalmente, todos los humanos forman grupos y estos grupos se organizan alrededor de similitudes, específicamente alrededor de dimensiones de similaridad racial y por extensión, en parentesco.
Desde una perspectiva evolutiva, vivir en grupos se predica como la utilización de la preferencia del individuo a formar grupos internos con lazos de parentesco y afinidad. Entre tanto más similares los miembros de un grupo son, mayor es la unión de dicho grupo, y mejor será su supervivencia y prosperidad. Los grupos sanos y homogéneos se aglutinan y crean civilizaciones desarrollistas.

El concepto político de Carl Schmitt presupone la noción de soberanía y la soberanía opera tanto al nivel individual como el colectivo. En el sentido más general, la soberanía denota derechos y poderes, o dicho de una forma más apta, y acertada: Autoridad.
Autoridad para gobernarse a uno mismo o a otros, y esto es íntegro a las nociones evolutivas del favoritismo de los grupos hacia adentro y la exclusión de los grupos e individuos hacia afuera.
Los seres humanos ejercen soberanía y por extensión, la ejercen políticamente al formar agrupaciones sociales al servicio de sus intereses genéticos únicos.
Los grupos sociales que son más exitosos son aquellos que funcionan siguiendo patrones orgánicos y por ende aluden a lo que les es propio, nacional. Independientemente de si resides en Norteamérica, Suramérica, Europa o cualquier otra parte del hemisferio Occidental, o si eres racialmente consciente o etno-nacionalista, el objetivo de todo grupo humano es la supervivencia y la mejor forma de alcanzar ese objetivo es la creación de naciones estado.
Los intereses individuales dependen de la colectividad de intereses genéticos porque la competencia interna es innata a la especie humana. Al formar naciones-estado dedicadas a la propagación y elevación de nuestra estirpe, la competencia agónica, feroz y equilibrada por la naturaleza humana será el catalizador de la fortaleza de las naciones y su evolución. Siempre ha sido así y continuará siendo así porque es nuestra naturaleza como animales.

La raza como concepto puede ser una herencia problemática pero es un concepto que debemos abrazar de forma inequívoca, debemos estar orgullosos de nuestra raza y nuestra herencia ya que esto es algo que pasamos a generaciones futuras.

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Enorgullece a tus ancestros y nunca te sientas culpable por ser lo que eres.

Los intereses genéticos se basan en éxito reproductivo, lo cual implica pasar los genes necesarios para perpetuar una cultura específica por vía del nexo de los individuos interrelacionados. En pocas palabras, la cultura sólo se puede replicar si la gente que la crea existe, genéticamente hablando, en el futuro.

Como un concepto científico, la raza no es un grupo delineado de límites y parámetros ordenados, sino las distribuciones clónicas de la diversidad genética que se traducen en frecuencias alélicas cambiantes.

La clasificación racial, o mejor dicho la categorización es una cuestión genética y por extensión es fenotípica. Lo cual implica similaridad.

Los fenotipos humanos son extremadamente poligénicos, hay caracteres genéticos que son controlados por interacciones de dos o más genes y por ello el mestizaje a nivel individual y de forma más deletérea a nivel macro la heterogeneidad de la población lleva a la disipación de los caracteres compartidos de forma taxonómica de una raza por medio de varios procesos de mutación.

Desde un punto de vista cultural y de civilizaciones, la raza es la penúltima de las variables que presuponen a la identidad, y por ello la cultura es el medio existencial por el cual la identidad racial colectiva se manifiesta y se modula.
La heterogeneidad racial conlleva a la transformación cultural, y en el mundo posmoderno, la transformación cultural es análoga a la bastardización, hibridación y alienación.
En el presente, la izquierda radical ha sido capaz de transformar a la civilización europea, que era mayoritariamente blanca en un grupo minoritario en sus espacios geográficos nativos al importar otras razas con una mayor tasa reproductiva, aunado al fomento del aborto, la contracepción y la anticoncepción, la destrucción de la familia nuclear y el uso de drogas como medidas sociales para disminuir la tasa reproductiva blanca.

La raza y la cultura se manifiestan por medio de los nexos que son los individuos y si la naturaleza de un individuo como nexo o conducto cambia, muta o desaparece en su entereza, el lienzo de la civilización no tiene lugar alguno para manifestarse.

Oswald Spengler, en su mágnum opus “La decadencia de Occidente” nos explicó que las culturas son entes orgánicos que nacen, crecen, se reproducen y perecen. Siendo netamente una interpretación de la historia y la filosofía, se puede extrapolar el concepto del “Sino” Spengleriano a la manfiestación vívida de la cultura y la expresión de los nacionalismos en Europa.
Si entendemos la naturaleza criminal y genocida de la izquierda para con los pueblos blancos autóctonos de Europa podremos entender por que a nivel cultural las manifestaciones nacionalistas se minimizan en su totalidad y sólo quedan expresiones de nacionalismo cívico reducidas a desempeños sobresalientes en eventos deportivos.

Más notablemente, las diversas estrategias de adecuación evolutiva desadaptativas que plagan a la raza blanca han permitido que las fuerzas de una insidiosa “marcha de (((Gramsci)))” a través de las instituciones ocurran a lo largo de la totalidad de nuestra superestructura civilizadora. Biológicamente hablando, la cultura es el fenotipo extendido de raza, y esta “marcha” a través de eso que es, al final, una manifestación de nuestro núcleo racial-cultural no ha sido más que trágico para la raza blanca, conduciendo a una cada vez más diversificada e incremental composición heterogénea de la población blanca. Cuanto más diversificada se vuelve nuestra población, más susceptibles nos volvemos a la manipulación “desde arriba”. Más marcadamente, cuanto más disminuidos son nuestros retornos raciales en términos de cantidad y calidad, más peligrosa se vuelve nuestra situación genética.

Muchos autores blancos europeos coinciden conmigo cuando afirmo que el mayor peligro que existe para hegemonía blanca en países mayoritariamente blancos son los mismos blancos. En general tiendo a estar de acuerdo con esta afirmación con dos advertencias. En primer lugar, la homogeneidad étnica angloamericana es interrumpida activamente y a veces intencionalmente por miembros de la raza judía,  que utilizando el cosmopolitismo como una estrategia adaptativa, específicamente como un mecanismo de defensa ofensiva para mitigar cualquier amenaza grupal percibida que surja del antisemitismo, real o imaginaria , y como tales, estas acciones ejercieron un efecto disolutivo sobre la unidad racial angloamericana y hasta ciertos extensiones, por medio de la influencia de la (((élite hostil))) en las academias a la unidad racial hispanoamericana.

En segundo lugar, e interrelacionado, muchos de los primeros reformadores angloamericanos y los primeros “guerreros de la justicia social” fueron ayudados, para gran disgusto de muchos de sus contemporáneos raciales, por judíos y criptojudíos, que llevaron a cabo campañas de búsqueda de rentas étnicas, nuevamente al servicio de los intereses de su propio grupo. Hasta el día de hoy, es el legado de los “reformadores” angloamericanos originales, como Jane Addams y John Dewey, cuyas prácticas racialmente deshomogeneizantes y culturalmente deconstructivas han sido promovidas a sus fines extremistas por la izquierda radical disolutiva. La cultura europea blanca se ha hecho añicos desde dentro y fuera, y cualquier nación estado futura debe rectificar este error buscando una regeneración etnogénica tanto del genotipo racial blanco como del fenotipo extendido que es la cultura europea.

Como se mencionó anteriormente, la cultura es la manifestación del mundo real de la identidad racial de un pueblo específico, en un lugar y tiempo específico, y como tal es lógico que la supervivencia cultural europea se base en la supervivencia racial blanca.

La raza y la cultura están inextricablemente unidas.

Más concretamente, en lo que se refiere a la creación de naciones-estado los vestigios físicos y metafísicos del patrimonio genético de la raza blanca europea, es decir, el legado racial y cultural de nuestro pueblo, deben continuar transmitiéndose a las generaciones futuras, y esto sucede a través de la reproducción biológica literal.

El mundo occidental posmoderno se basa en una cosmovisión materialista unidimensional, débilmente construida, y como tal solo se ocupa de lo que es tangible.

Los enemigos de la raza blanca han explotado nuestras diversas debilidades evolutivas desadaptativas, y la naturaleza aparentemente hueca de la cultura europea contemporánea es un producto del diseño más que de la evolución orgánica.

El placer y la practicidad gobiernan el día, mientras que como pueblo y como seres en el mundo, nos encontramos insatisfechos e inquietos incesantemente, inútilmente buscando la satisfacción en un mundo material escindido de nuestro patrimonio ancestral.

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Anhelamos una cultura y una historia que hayan muerto hace tiempo, pero sacamos fuerza de la noción de que la regeneración racial y cultural es una posibilidad distinta si solo poseemos la fortaleza para soportarla. Nuestro objetivo de preservación y prosperidad racial no solo es noble, sino que también es una estrategia evolutiva sólida, y como tal deberíamos consolarnos con este hecho. Al establecer un marco para futuras generaciones, una de sangre y tierra, “blut und böden” nos estamos dotando de la capacidad de ver más allá de la neblina materialista de este mundo, y de hecho estamos luchando por un propósito más elevado: el futuro genético y racial de nuestro pueblo.

En la República de Platón, el gran sabio argumentó que el placer debe retrasarse y el deseo posponerse en el servicio al interés de lo que es mayor, lo que es más elevado que uno mismo, y durante milenios esta idea se basó en la inflexible Weltanschauung (cosmovisión) del Mundo europeo. Pero desde entonces, el enemigo ha logrado destruir todo menos los vestigios más superficiales de nuestro patrimonio cultural y racial desde el otrora poderoso bastión de la Civilización Occidental. El subproducto de esta destrucción es nuestra incapacidad racial colectiva para ejercer lo político, para delinear entre amigo y enemigo, entre el iniciado y el externo; y esta debilidad ha sido a la vez el heraldo y el método de nuestro colapso.

Para restaurar la civilización europea a un punto de homeostasis, debemos trabajar para recuperar nuestro sentido del yo racial y, por extensión, nuestro sentido colectivo de lo político. Para lograr este fin, debemos reafirmar nuestra soberanía y una vez recuperar el dominio sobre lo político al continuar reconociendo la importancia de la raza en todas las cosas. El biógrafo grecorromano Plutarco lo expresó mejor cuando escribió: “Aquellos que aspiran a grandes obras también deben sufrir mucho”, y no puedo pensar en una lucha mayor, más arduamente valiosa que la de la preservación de la raza blanca.

 

11 pensamientos en “Realidades raciales

  1. No vale, tú lo que tienes es que ir preso y llevar tratamiento psiquiátrico antes de que empieces a matar gente distinta a tu “raza” que viva en tu “entorno”. En qué año crees que vives, 1936? Lo bueno es que en la UCV probablemente no sigas dando clases más después que la gente te denuncie, tendrás que ir a predicar locuras a otro lado, prueba la Univ Bolivariana, ahí les encanta la idea de eliminar masas de gente que no sean de su agrado.

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  2. Quién puede ofenderse por expresar la verdad?

    Esta frase debería ser escrita en piedra:
    “La verdad por definición es aquella que se corresponde con la realidad, y con los hechos. Cuando la verdad es oscurecida, reina la falsedad, y la realidad se convierte en una aberración trastornada de si misma, dando como resultado el sufrimiento generalizado de una población.”

    Y he aquí mismo el ejemplo inequívoco de esto cuando leo un par de comentarios, que en primera instancia, son ataques ofensivos y sin argumentos contra el autor. Tanto así les duele la verdad a algunos individuos?, tanto así es su nivel de disonancia cognitiva?, y como bien se explica en este texto, tan desestructurados y disociados están que son tan reactivos antes las evidencias científicas?

    Estoy convencido que la ignorancia de muchos no los hace defender ninguna posición, ni ideal, los hace simplemente ser perros de ataque amaestrados por esos ideólogos perversos de la llamada izquierda.

    Por otra parte, muy interesante e ilustrativa esta exposición. Muchas gracias al autor. Slds.

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