Diez cosas que tienes que saber de Oswald Spengler

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Hoy conmemoramos el natalicio de Oswald Spengler, uno de los pensadores más importantes de la filosofía occidental, de cuyas obras pocos conocen por el hecho de que la izquierda se ha empeñado en hacerlo desaparecer y que gracias a los esfuerzos de muchos nacionalistas en defensa de Occidente hoy difundimos y buscamos explicar.

Es por ello que te presento diez cosas que debes saber de Oswald Spengler.

Spengler es un cosmologista de la historia. 

Oswald Spengler veía a las culturas y sus civilizaciones de la forma en la que nosotros apreciamos un árbol, en el sentido de que al igual que los árboles (y todos los seres vivos) tienen un ciclo de vida, incluso un ciclo diurno y uno que se rige por temporadas. Florecen en primavera, tienen un esplendor de verano, languidecen en otoño y se marchitan en el invierno y muren. Spengler considera que la muerte de las grandes culturas forma parte de los ciclos de la historia. El pensar que las culturas mueren o se quedan calladas durante períodos es una idea perturbadora para los que son adictos a la idea del progreso.

Spengler era un hombre profundamente sentimental

“El optimismo es cobardía”- Spengler en “Hombre y Técnicas.

Las emociones de este autor son profundamente melancólicas y pesimistas, y hay un grado en el que su visión de la historia, su periodicidad cíclica y repetitiva hace que ésta se de la vuelta sobre sí misma de forma inevitable, como si la semilla de la muerte estuviera en la boca de las culturas y civilizaciones.
Esta forma de ver el mundo es prohibitiva y totalitaria, llena de pesimismo que no va acorde a los cánones por el pensamiento imperante del siglo XX. Spengler consideraba que las culturas están enjauladas en si mismas, y que éstas se marchitarían y tendrían su ciclo natural, una belleza que es intrínseca al espíritu vitalista de Occidente. El estudio de la decadencia de las civilizaciones y culturas no son de mero estudio arqueológico, sino que son emocionantes, y así como nacemos y vivimos, también enfermamos y morimos.
Entender que lo único seguro después de nacer es la muerte puede ser interpretado como un pensamiento derrotista, pero no para Spengler, para él, la vida era objeto de estudio y sentir la vida sin ser hedonista y decadente era un baluarte de la belleza de la vitalidad.

Su obra maestra se llama “La decadencia de Occidente” y nos explica los ciclos de vida de las distintas culturas y civilizaciones.

Esta obra se compone de dos tomos, el primero escrito en 1918 y el segundo en 1923, bastante extensos, en ellos Spengler marca la hoja de ruta de lo que es su visión de la historia y las culturas, de las cuales se desprende que siente que las culturas están encapsuladas en sí mismas, eran orgánicas en el sentido de que tenían vida propia y que no tienen tiempos definidos.
De esta obra podemos entender a las civilizaciones pobladores de los desiertos del Medio Oriente como culturas que se basan en la magia, y gracias a ello, son culturas estériles, introvertidas y chatas.
También podemos captar a la civilización griega como rica culturalmente, proporcionada y masiva en cuestiones arquitectónicas y desarrollistas, pero menos dinámica que la cultura occidental porque estaban anclados y tendían a ser contra natura en la forma en la que se llevaban adelante.
Spengler veía a Occidente como una cultura parcialmente de naturaleza diabólica, la considera Faustiana, la ve como si no encajara y trata de interpretar sus fenómenos como aquellos que no coinciden y que inherentemente no van el uno con el otro.
Occidente está repleto de inquietud y ausente de un sentido de paz con un deseo extraordinario de querer cambiar todo una y otra vez para hacer de la cultura occidental la más agresiva sobre la faz de la tierra.

Pese a los defectos de la cultura occidental, es la mejor que ha existido.

Las élites que crearon la civilización occidental eran vistas como Spengler como jerárquicas, autoritarias, masculinas y atractivas. A diferencia de las élites abrahámicas de los desiertos, la cultura occidental para Spengler tiene dentro de ella un concepto racial de identificación positivo. Es un concepto racial en términos Nietzscheano porque la reproducción es la base de todo, pero es muy rudimentaria para cuestiones de análisis. Para hacer deducciones y análisis tienes que ver a la cultura y su civilidad como entes que son creados por razas específicas que en algún momento se mezclan unas con otras, y que con el tiempo, la pura biología no te sirve para explicar la ascendencia del hombre, si es que en realidad ha tenido una ascendencia en vez de una descendencia que se ha ido marchitando de acuerdo a la noción de que las culturas mueren independientemente de su riqueza, y belleza.

Ignorado y descalificado por la extrema izquierda, descuidado y criticado por la extrema derecha.

Los temas que Spengler tocaba eran considerados infelices por distintos espectros del estudio político porque nunca calzaba dentro de las condiciones previas que las tendencias políticas tenían concebidas previamente.
Siempre ha habido tenso recibimiento por parte de la derecha racialmente consciente y de la izquierda progresista por su visión pesimista y no materialista de la historia, su capacidad de intuición, su apertura a los elementos subjetivos dentro de la cultura, su creencia en el invierno del alma de la cultura y su decadencia parcial que se da con el tiempo, en su obsesión con la inevitabilidad de la decadencia. Todas estas características no lo hacen atractivo para un intelectual de la izquierda. Pero al mismo tiempo, los progresistas liberales lo verían como un hombre del centro porque es muy mórbido, muy mordaz, muy pesimista, muy profesional y académico y muy atado a una teoría previa que corta contra el optimismo propio del progre, lo cual incluye la idea progresista de que “el mundo siempre mejora”.

La decadencia no era obsesión, era intuición tras ver una serie de patrones en la historia

El empeño de Spengler en hablarnos de la decadencia no era por algo morboso, sino por la adecuada y acertada observación, interpretación e intuición de que la historia se repetía constantemente y que de dicho círculo repetitivo sólo queda desgaste. La diseminación de las ideas democráticas, humanistas, liberales, y materialistas así como la disyunción entre la Ilustración y el Renacimiento lo llevaron a sacar este tipo de conclusiones.

El renacimiento es visto por muchos pensadores de la ilustración como su precursor, eso es lo que nos enseñaron en historia universal, pero para Spengler, la Ilustración dio paso a la negociación con la idea libre de restricciones de que la voluntad de la mayoría era siempre lo mejor. Para Spengler, así como para cualquier derechista con dos dedos de frente y algo de amor propio, los conceptos de democracia son absurdos, anti-higiénicos y poco estéticos porque la mayoría de los hombres jamás podrían decidir ninguna cuestión de importancia por su cuenta sin pensar en ellos mismos primero.

La ilustración y la revolución francesa dieron paso al hecho de que las mujeres pudieran votar y tuvieran que verse forzadas a competir con hombres, de que el humanismo liberal se rehusara a distinguir entre patrones del ser y las jerarquías de la naturaleza que se expresan en sí mismas en las sociedades.

Para Spengler la decadencia es necesaria y por ello que la describe como una característica innata y las fuerzas que tiene, así como la enfermedad y la muerte en el individuo están allí para permitir cambios a futuro y a la finalización de cada ciclo histórico lo cual es natural en el mundo biológico. Así que la decadencia no es desastrosa ni fatalista, es necesaria.

Pese a haber votado por Hitler, Spengler era crítico del nacionalsocialismo.

Oswald Spengler votó por Adolf Hitler para no votar a Hindenburg en la elección, y Hitler perdió esa elección. Hindenburg retuvo la presidencia hasta que se murió.
Spengler ponía la bandera con la esvástica en su ventana para molestar a sus vecinos y alejar a la gente que no quería cerca y decía que para desplegar una esvástica uno siempre debe estar dispuesto a pagar el precio de molestar a la gente. –¡Spengler era un troll memético antes de que existieran los memes!- La esvástica era para él, lo que la Rana Pepe es para nosotros.

Spengler consideraba a los nacionalsocialistas vulgares y poco cultos, igual que Ernst Jünger, no le importaban los orígenes de los nacionalsocialistas, y ese hecho era lo que causaba urticaria y escozor en la élite aristocrática alemana de la vieja derecha con la cual Spengler se sentiría naturalmente más cómodo como buen conservador. Más allá de la estética, la principal causa de cuestionamiento de Oswald Spengler al nacionalsocialismo era la ignorancia cultural de dicho movimiento, y la grandeza y gloria de lo que implicaba ser alemán en términos cultural.

De alguna manera, Spengler era muy repuesto y rígido para ser una figura elitista. Hacer discursos apasionados sobre Alemania y la identidad alemana era básico, (y eso era lo que el Führer hacía) pero Spengler estaba más enfocado en la educación superior, la civilidad, y conocer la identidad de lo que implicaba ser alemán y por extensión Europeo y Occidental.

Spengler entendía la evolución natural política de Alemania

Por la naturaleza de su credo histórico, Spengler veía con desdén a la República de Weimar, consideraba que dicha república era un apéndice innecesario, y recordaba con orgullo y gloria los tiempos del Imperio Romano que habían precedido a esa decadente república. Aunque no estaba particularmente enamorado de los alemanes, en parte porque creía que eran demasiado hostiles con los otros pueblos europeos –un alemán consciente de lo nefasto que es el autismo anglo- Spengler entendía que las batallas venideras eran choques de civilizaciones y que deberían haber alianzas militares con otras naciones-estado europeas contra las horas de Asia, África y Oriente que serían los enemigos del Futuro.

Spengler no habla del futuro porque es repetitivo. 

La sentencia de muerte de la civilización occidental estaba garantizada después de la Primera Guerra. Su tesis fue malinterpretada porque lo que Spengler dijo sobre la derrota de Alemania tras la Primera Guerra mundial fue parte de los patrones de derrotas que ocurrían en la civilización en ese momento en particular.
Spengler flotó la noción de que las derrotas podrían ser detenidas por un tiempo por medio del cesarismo democrático y varias formas de populismo por las cuales el tenía mucha repulsión.

Conclusión

Spengler es un gran pensador de derechas de quien podemos aprender bastante si tenemos el tiempo y la disposición de leer su obra, de la que podemos comprender que la gran crisis de la Civilización Occidental comenzó en el momento en el que dicha civilización surgió, que no es algo malo, sino que forma parte de la vida. La historia y su estudio no es un hombre.

De Spengler podemos captar su valor aristocrático, jerárquico, naturalista, desigual y elitista para mejorar nuestra forma de ver el mundo

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