¿Cómo restauramos la gloria que nuestro país una vez tuvo?

Todos podemos estar de acuerdo con que el problema que enfrenta la libertad es la existencia de gobiernos totalitarios, no así de gobiernos.

Propongo entonces nueve sencillos puntos sinceros para la reducción del estado.

Los estados para ejercer derechos de propiedad, soberanía y limitación de fronteras deben tener una milicia organizada. Las fuerzas armadas deben reformarse, retornar a su institucionalidad, y separarse de la beligerancia política que tanto daño les ha hecho.
Al tener una milicia que consista de accionistas quienes de forma recíproca e incondicional aseguren la propiedad y la soberanía de la ciudadanía de la imposición involuntaria de costos por parte de externos e internos.

Una constitución como un contrato entre aquellos accionistas (ciudadanos) para aquel aseguramiento recíproco que esté centrado en el imperio de la ley, el derecho natural y universal, cuya aplicación universal y ausencia de discreción por medio de construcciones legales estrictas. Con jueces independientes con capacidad de veto para la resolución de conflictos.

Un mercado para las instituciones en las cuales éstas compiten por la producción de distintos bienes y servicios.

Un libre mercado para el intercambio de bienes y servicios entre instituciones distintas a las que producen.

Un sistema legal, político y social que asegure la producción de futuras generaciones para que nuestra progenie asegure su existencia y espacio vital, condiciones fundamentales para que la familia, la libertad, la propiedad no se vean amenazadas. La mejor forma de asegurar la existencia de nuestros hijos y su futuro es enalteciendo a la familia por medio del fortalecimiento del matrimonio y la familia nuclear. La consecuencia directa del fortalecimiento y defensa feroz del matrimonio y la familia nuclear absoluta resulta en la perpetuación de bienes, servicios e información, requisitos necesarios para restaurar la gloria que nuestra patria tuvo en algún momento.

Así como debemos tener mercados institucionales, de intercambio y mercado reproductivo entre familias, considero importante que existan mercados para la asociación y la cooperación dentro del mercado institucional, de intercambio y el reproductivo.

Para la resolución de disputas y derechos de propiedad deben existir mercados par ala aplicación y la estricta construcción del derecho natural que supone la cooperación voluntaria entre los hombres.

Los intercambios generan acuerdos muy complejos tales como los contratos, acuerdos, pactos y afines. Los mercados de libre intercambio son entes aseguradores de la producción de dichas transacciones.

Siendo esto así, es necesario que existan instituciones aseguradoras distintas a las mafias que ahorita existen en el país, que son personas inescrupulosas que abusan, especulan, engañan, defraudan y usan el dinero ajeno para enriquecerse. Todo esto se puede evitar enviando a banqueros, dueños de aseguradoras y demás delincuentes de cuello blanco a la cárcel o al cementerio, y quienes deben realizar ese tipo de acciones habrían de ser aseguradores que actúen conforme al derecho natural.

Es por ello que requerimos de una tesorería responsable que sea capaz de rendir cuentas a los accionistas (ciudadanos) que tienen depositado su esfuerzo en torno a una moneda fuerte, de libre convertibilidad, sin la necesidad de un control de cambios que termina creando una economía virtual con precios falsos.

Si logramos describir todas las transacciones y relaciones que tenemos entre los hombres como transacciones podemos llegar a un sistema legal en el cual podemos tener declaraciones transformadas en acciones que efectivamente sean reflejo del derecho natural, y eso podemos hacerlo de forma científica, descriptiva y universal.

La consecuencia de esta transformación de nuestro país resultaría en un imperio de la ley guiado por una ética natural, moral y responsable.

Por ética me refiero en hacer cumplir la ley de la cooperación y la resolución de conflictos sin caer en el pseudo racionalismo científico rothbardiano que implica la creación de una ética de guetos.

La reciprocidad le sirve al derecho natural porque como es imposible contradecir la reciprocidad inherente a cooperar entre nosotros, resulta necesario proveer la capacidad de proveer poder de decisión a los ciudadanos. Hoy por hoy la autoridad ha sido ejercida de forma abusiva por parte del estado hacia sus ciudadanos: Los productores no pueden sacar el fruto de su trabajo, montarlo en un camión y llevarlo a otra parte del país sin que sean robados de su esfuerzo por militares ladrones.

Debemos entender que la propiedad, al igual que el dinero, nuestra moneda sirven el propósito de unidad de medición de los cambios en el estado de las cosas (bienes, productos, servicios). La propiedad como un todo es aquello que otra persona parió en costos para obtener y sacarle interés y provecho sin imponerle costos a alguien más.
Así que el dinero, como unidad de medida estándar en cualquier campo constituye perfectamente una prueba de reciprocidad.

El derecho natural ha sido manchado y reformado de forma irresponsable por muchos autores pseudoracionalistas, así que es menester diferenciar al derecho natural de esos autores.

Muchos autores occidentales, por una variedad de razones nos han fallado y no fueron capaces de derrotar el pseudoracionalismo científicos de tipos como Marx, Freud, Boaz, etc. Se nos presentó una utopía ficticia, y los filósofos occidentales no tuvieron la capacidad de derrotar esa ficción utópica que heredamos del mundo antiguo.

Poincare en el ámbito matemático y Friedrich Hayek en el mundo de las ciencias económicas y las lyes nos advirtieron que el siglo XX iba a ser regresivo en materias de ciencias sociales, economía y política. Y ese siglo XX que si bien nos trajo grandes avances en materia tecnológica y del conocimiento paradójicamente se convirtió en una era de misticismo.

Aunque nuestro progreso en ciencias físicas, químicas, ingeniería, y tecnologías de información (que fueron productos de la revolución científica alemana) se combinaron con la conquista del continente americano por parte de los imperios ingleses y españoles, quienes crearon el dinero fiduciario (que nos hace sufrir cada vez que revisamos el precio del dólar en Dolartoday.com), esa invención monetaria abrió las puertas para un boom económico que permitió a occidente sacar a sociedades retrasadas de la ignorancia, pobreza, hambruna, enfermedad, y tiranía.

La democracia en el mundo antiguo y el moderno resultó ser un engaño para que la clase media pudiera hacerse con el gobierno desde la aristocracia, y la expansión de esta tendencia desarrolló instituciones económicas, políticas y sociales repletas de fragilidad desde un punto genético.

Ni la Aristocracia Occidental ni su casta burguesa podían decir la verdad: Que el hombre, al igual como las plantas y otros animales fueron domesticadas no por necesidad sino por diversión y lucro por la imposición de la meritocracia para reducir la reproducción de las clases inferiores. Y que las diferencia en la tasa del desarrollo de las civilizaciones es el resultado de que esas clases inferiores se hayan reducido en número, haciendo posible el progreso de la civilización en todos los campos posibles: Lingüísticos, informativos, económicos, normativos, sociales, culturales, políticos e institucionales.

En Venezuela, país occidental por naturaleza, gracias a la tragedia de la democracia, nosotros aprendimos la lección. En ausencia de ganancias por medio de la conquista, son la civilizaciones eugénicas las que siempre habrán emerger como las más avanzadas. Y esta es una verdad que le es incómoda a muchos porque fueron adoctrinados en el pensamiento pseudoracionalista que plagó al siglo XX. Esta es una realidad incompatible con el apoderamiento que justifica la toma del gobierno por parte de las clases sociales mas ineptas en nombre de la igualdad.

¿Qué hacer entonces?

Armados con este conocimiento, debemos revertir un siglo entero de propaganda, mentiras y pseudociencia, una alianza producto de una conspiración masónico-judeo-marxista en componenda con minorías y mujeres histéricas.

Nuestra arma es la verdad y la debida diligencia en contra de los fraudes que están en todos los mercados de transacciones que se encuentran a lo largo y ancho de la geografía. Es menester restaurar la responsabilidad, la moral, la vitalidad de nuestra familia, tribu, clan, estirpe, raza, nación y Estado.
Debemos eliminar subsidios económicos a industrias como las del entretenimiento. Debemos replantear los derechos de autor, debemos eliminar el lucro financiero que surge de instituciones que nos imponen costos sin nuestro consentimiento (dinero fiduciario). Y debemos garantizar el derecho a la justicia a millones de venezolanos que han sido privados del acceso a la justicia.

Debemos tener un congreso bicameral e instaurar un sistema de negociación y transacciones que le permita a los distintos sectores de la sociedad negociar con otros para la producción de bienes y servicio mientras restringimos y castigamos a quienes defraudan y engañan a los hombres con complicados y engañosos contratos.

Al ponernos del lado de lo racional y lo científico tenemos razones suficientes para hacer avanzar a nuestro país en el camino de la grandeza de la cultura fáustica y alejarnos de una cultura apolínea repleta de misticismo y engaños, aun cuando hemos fallado en los últimos cien años.

Nuestra ambición como Nación debe ser el alcance de la supremacía de la verdad en materia de economía, política y la ley, expresar nuestros contratos con términos sinceros, en el mercado de los bienes y servicios.
No hay razón alguna para no ser sinceros.

Nuestros ancestros occidentales pusieron en práctica la agencia, soberanía, y la verdad como nortes en el desarrollo de la ley natural de la cooperación y la aristocracia. Y sacaron provecho de la domesticación de humanos incapaces e irresponsables que carecían de agencia. Nunca describimos esta estrategia antes, sólo la pusimos en práctica.

Sólo cuando los venezolanos tomemos nuestra conciencia como grupo nos daremos cuenta de todo lo que podemos lograr y podremos hacer a Venezuela grande otra vez, restaurando su antigua gloria y darnos el puesto en el escenario mundial que nos merecemos.

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