¿Qué se siente estar casada con un facha?

“Si su hija grita y llora, es por un facista, señora”.

Alberto Zambrano

Hace un tiempo este hombre me escribió al chat de Facebook la siguiente pregunta:

Tu pareja es machista y cree que las mujeres no deberían votar, ¿qué opinas?

Mi reacción fue preguntarle a mi esposo si este era un personaje conocido por él. Luego seguí con mi día como si nada. ¿Por qué hacerle caso a alguien que no conozco? Ya suficiente tengo con limpiar la casa, lavar la ropa, recoger los trastes y aceptar con paciencia cada maltrato de mi amado marido. Todo sumado a llevar adelante las responsabilidades y tareas que se me exigen en el trabajo.

WRONG.

Dejando de lado su pequeño error de redacción, podemos fácilmente cambiar la palabra “machista” por “fascista”. Hoy en día a nadie le importa la semántica y cualquier palabra que se asocie ligeramente a otra es perfectamente intercambiable:

  • “¡Eres un fascista maltratador!”
  • “¡Escoria fascista, vete de aquí con tu machismo!”
  • “¡Machista repugnante, vete de aquí! ¡Fascista de m$%#@!”

Palabras más, palabras menos, creo que el mensaje se entiende. A la izquierda no le gustan las diferencias, y todo lo que sea diametralmente opuesto a su pensamiento es catalogado de fascismo, machismo, racismo o cualquier otro ismo, insdistintamente de lo que realmente sea.

¿Qué es el fascismo?

Lo que comúnmente se entiende como facismo es:

Un movimiento y sistema político y social de carácter totalitario, opuesto al liberalismo y a la democracia parlamentaria, cuya naturaleza es violenta. Y políticamente se ubica en la derecha.

La estructura de Estado fascista consta en un partido único con una estructura militar, que monopoliza toda la actividad cívico-democrática. En la cima del partido y del Estado se halla el jefe.

Hoy en día, esta doctrina ideológica es ampliamente rechazada. No obstante, durante las décadas de los 80 y 90 el fascismo reapareció en algunos estados democráticos occidentales, originándose así el neofascismo, basado en cualidades racistas y xenofóbicas.

En otras palabras, son todos malos y no merecen si quiera que se les preste un minuto de atención.

¿Cómo se define el fascismo clásico a sí mismo?

El fascismo es una ideología política fundamentada en un proyecto de unidad monolítica, denominado corporativismo. Por ello exalta la idea de nación frente a la de individuo o clase.

Suprime la discrepancia política en beneficio de un partido único y los localismos en beneficio del centralismo. Propone como ideal la construcción de una sociedad perfecta, denominada cuerpo social, formada por cuerpos intermedios y sus representantes unificados por el gobierno central. Para ello inculca la obediencia de las masas (como protagonistas del régimen) para formar una sola entidad u órgano socio-espiritual indivisible.

El fascismo es, ante todo, un nacionalismo que identifica tierra, pueblo y estado con el partido y su líder.

La doctrina no solo desea tomar el poder, sino también crear una nueva clase de hombre y de sociedad, por medio de una ideología que glorifica la jerarquía, el nacionalismo y el patriotismo.

El fascismo busca organizar toda la sociedad, al exigir una subordinación responsable de todas las organizaciones sociales, económicas y políticas.

Aquí ya entraremos en aguas turbias. La política evoluciona con el tiempo y sus cambios no son ajenos a las corrientes de pensamiento. Por eso, los llamados “neofascistas” no se identifican con esa concepción clásica de las primeras cuatro décadas del siglo veinte (lo que en los círculos de la derecha se define como el debate de la vieja derecha contra la nueva derecha).

De hecho, entre ellos existe un debate abierto sobre qué son o cómo deberían llamarse. Pero aquí no nos complicaremos y los llamaremos la derecha alternativa.

La derecha alternativa es:

  • Una opción distinta al liberalismo y al conservadurismo tradicional.
  • Cree en la victoria por medio de la tenacidad y en la necesidad de estar en armonía con la ciencia, la realidad, la tradición cultural y las lecciones de la historia.
  • Cree en la civilización occidental como el culmen del logro humano y defiende sus tres pilares fundacionales: el cristianismo, las naciones europeas y el legado grecorromano.
  • Es abierta y reconocidamente nacionalista, pues apoya todos los nacionalismos y el derecho de las naciones a existir, conservando su homogeneidad inalduterada por invasiones extranjeras y la inmigración.
  • Se opone al gobierno o dominación de cualquier grupo étnico sobre otro, particularmente en los territorios soberanos de los pueblos dominados. En este sentido, se opone a la posibilidad de que cualquier grupo étnico no nativo ejerza una influencia excesiva en una cierta sociedad por medio del nepotismo, el tribalismo o cualquier otro medio.
  • No cree en la supremacía general de ninguna raza, nación, pueblo o subespecie. Toda raza, nación, pueblo o subespecie humana es única en sus fortalezas y sus debilidades.

Entonces, ¿qué se siente estar casada con un facha?

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Primero quiero aclarar que sea el nombre que le quieran dar, mi esposo se identifica como alguien de derecha alternativa. Aunque en ocasiones se llame a sí mismo facha, no es más que una estrategia para alarmar y asustar a los liberales y progres que le buscan la lengua. “Sé a lo que la izquierda le teme”, dice.

Como verán, es un juego psicológico para llevarlos a un terreno que le favorezca. Y los pobres tontos siempre caen.

La verdad es que estar casada con un facha, derechista, machista y racista no es como los izquierdistas lo pintan. Al final del día somos un matrimonio común y corriente, que se ama y complementa.

Al igual que yo, él lava los platos, la ropa, pasa coleto, barre y cocina. Me dice que me ama y me mima en cada oportunidad que se le presenta. Además, me protege y defiende, acepta mis ideas y me apoya en cualquier proyecto que se me ocurra. Pero lo más importante es que siempre está cuando lo necesito y, a pesar de nuestras diferencias, hemos aprendido a encontrar un punto medio.

Hay días más difíciles que otros, eso no se puede negar. Sin embargo, no los cambiaría por nada. Porque son precisamente esas experiencias las que nos unen cada vez más y nos permiten descubrir qué significa ser felices en medio de tanta oscuridad.

“Parados firmes en un mundo en ruinas”.

Julius Evola

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