El significado de los objetos materiales

A todos nos gusta tener cosas, hemos visto en entradas anteriores por que la simbología no indica nada realmente pero nos dan sentido de pertenencia en mayor o menor acreció a las cosas en las que creemos, valoramos y sobre las cuales tenemos ciertas actitudes. Los objetos son símbolos.

Recuerdo que uno de mis amigos en la universidad tenía un Rolex. Cuando le pregunté por que tenía un reloj tan caro en una ciudad como Caracas, donde la criminalidad es tan rampante, y considerando que estudiábamos en el pleno corazón de la ciudad, donde rodeado de barrios pobres y muchos delincuentes, éste simplemente me contestó que a él le gustaban los relojes y el Rolex como marca en un “símbolo de estatus”. Tener un Rolex le hacía sentir especial. El spot publicitario de Rolex en TV dice que es un reloj que no “sólo marca la hora sino que marca la historia”.

Los símbolos se eligen por consenso y se replican por repetición que a la larga, dentro de la sociedad se transforman en tradiciones.

Hay objetos que se transforman en símbolos.

Para los romanos, cargar varas atadas a un hacha con un cinto rojo, el fasces no era cómodo, era el símbolo de su autoridad frente a sus gobernados. Cargar una pesada hacha envuelta de varas a pie por la ciudad no tenía una función utilitaria en la antigua Roma, su propósito era representar la jerarquía y el auctoritas que tenían los funcionarios de la Roma Imperial.

Los símbolos nos dan la oportunidad de organizar nuestra realidad y ponerle límites.

Tenemos banderas. Sabemos que hasta donde llega nuestra bandera en las zonas fronterizas es el sitio en dónde termina nuestro país y comienza el otro. Hay quienes no creen en fronteras, generalmente progres y comunistas de clóset que piensan que las fronteras son (((construcciones sociales))) y que todos formamos parte de una (((aldea global))) en la que somos iguales.
Si has leído Uniendo Puntos antes, sabrás que no todos somos iguales, hay razones biológicas, políticas, sociales, económicas y culturales por las cuales no somos iguales. De hecho, no sólo no somos iguales, algunos somos mejores que otros. Por eso depositamos nuestra confianza en nuestra simbología para darle organización a nuestra realidad con la finalidad de definir partes de nuestra identidad.

Los hombres solemos definir a los demás por sus objetos, eso nos hace dependientes de los símbolos para que comprendamos lo que nos rodea.

Nadie se compra un Lamborghini para ir al mercado, sin embargo, la mayoría de los dueños de este costoso automóvil viven en ciudades con avenidas y autopistas copadas de semáforos, anuncios de paradas, y cruces peatonales en las cuales no pueden disfrutar de toda la velocidad que una máquina tan bien diseñada para ir de 0 a 100km/h en fracciones de segundo. Lo hacen porque han sido cautivados por el hecho de que no todos podemos tener un Lamborghini y eso para ellos captura un significado y la creencia de que eso va más allá de lo concreto.

Los nuevos ricos les encanta comprar cosas costosas porque piensan que con sus posesiones materiales le dirán al mundo “Miradme, aquí estoy, con todas estas cosas que ustedes no tienen y eso me distingue de ustedes”. Si bien parte de ese pensamiento es cierto, no responde al cuestionamiento de si el Rolex, el Lamborghini, y el yate te hacen mejor persona.

Hay toda clase de objetos, esa variedad potencia los símbolos. A muchos nos gusta la marca Apple. La manzanita es linda, sus productos son útiles y poseen cierta estética que invita a sus consumidores a formar parte de ese exclusivo club. Si te compras un iPhone no lo haces por su utilidad, un Blü, un Vergatario o un Samsung hacen exactamente lo mismo, te compras el iPhone por lo que representa ese teléfono para ti.

La significación de los símbolos funciona de dos maneras: Mientras ese significado te ayuda a construir tu identidad y quien eres, también define el mundo exterior que te rodea.

El hombre construye su identidad por medio de los objetos y la forma en la que los utiliza toda vez que esos objetos se transforman en exteriorizaciones de su mente.

El mundo de los símbolos es delicado, el vínculo entre lo real y lo que es un símbolo no siempre está claro.

El proceso de la simbología debería tener una sola dirección: Me compro un Lamborghini porque me gustan los automóviles rápidos y eso lo simboliza. Pero a veces ocurre al revés, es decir, como me gusta la velocidad, me compré el Lamborghini. Ese Lambo me convierte en alguien que le gusta la velocidad, el lujo y gastar en ello.
La relación entre el símbolo y la realidad es bastante compleja y a veces lo que los separa no se distingue del todo, esa es la razón por la cual a los objetos les asignamos parte de nuestra identidad y les asignamos partes que no tenemos, con las que fantaseamos tener en algún momento.

Tres ejemplos sobre los objetos y su significado en la cultura pop

Los objetos tienen significados universales y particulares.

El hombre moderno ha construido quien es por medio de objetos, le asigna propiedades mágicas, como lo haría Lord Voldemort cuando creó los horrocruxes, depositando parte de su alma en objetos inanimados para no morir y buscar trascender. Si nos deshacemos de esos objetos, perdemos la identidad sobre la cual esos objetos dependen. Por eso cuando Harry Potter y sus amigos destruían un horrocrux, parte del alma de Lord Voldemort moría.

Cuando confundimos la realidad con su símbolo nos topamos con un problema que va mucho más allá del materialismo. Se cree que un objeto puede encapsular la realidad, nutrirse de ella y que si lo conservamos podemos embotellar la realidad. Voldemort dividió su alma en siete pedazos, siete horrocruxes porque quería trascender y no morir.

Hay una escena en la cinta The King’s Speech, Geoffrey Rush, quien interpretaba a Lionel Logue, un terapeuta de lenguaje al servicio del Rey Jorge VI, interpretado por Colin Firth, se sienta en la Silla de San Eduardo, el Rey Jorge le grita que no puede sentarse en la silla de la coronación porque esa es la silla en dónde se sientan los reyes. A lo que Lionel Logue le responde que es sólo una silla y que incluso tiene nombres tallados en ella, que es una simple silla que contiene una piedra derruida, en referencia a la Piedra de Scone. El Rey le dice que está trivializando el asunto, que esa piedra tiene valor, a lo que Lionel le contesta que a él no le importan los idiotas de sangre azul que se han sentado en ella.

Esto implica que las particularidades de los objetos comunican algo específico sobre su dueño al resto del mundo.
Los símbolos pueden confundirnos.
¿La Silla de San Eduardo es para el rey o e rey es para la silla? ¿Si Lionel se sienta en la silla de la coronación, eso lo convierte en el Rey de Inglaterra?. No.

Cuando pensamos en un rey, pensamos en sus joyas, trono, palacios y súbditos. Creemos que si tuviéramos su corona, joyas y trono seríamos reyes también. Lo cierto del caso es que el materialismo que tanto critican los marxistas no pertenece a una crisis moral del capitalismo. Marx falló al darse cuenta de que es una crisis que es simbólica. Es lo que resulta de confundir la realidad con su simbología.
Es por ello que el marxismo es tan anti-natura.

En Blade Runner, cuando Roy el robot replicante fracasa en su misión de querer extender su vida, logra concertar y entender que morir es parte de la vida e inicialmente busca vengarse. Mata a su creador. Y busca matar a Rick Deckard, el cazarrecompensas que lo busca para ponerlo fuera de circulación en una cruel pelea en la cual Roy para lograr conseguir más energía ya que comienza a morir se perfora una mano con un clavo.  Roy no puede sentir lo que significa atravesarse la mano con un clavo, sólo cree que eso le causará ser más fuerte, la simbología le falló a Roy. Luego de esto, en los instantes previos a su muerte, Roy las palabras que se ha convertido en una pieza de culto en la ciencia ficción:

Yo… he visto cosas que vosotros no creeríais: Naves de ataque en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán… en el tiempo… como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

El gran problema existencial es cómo preservamos nuestro significado después de que uno entiende la mortalidad como algo inevitable. Roy quiere más vida. Todos queremos vivir más, incluso la gente que cree en Dios y el concepto del paraíso después de la muerte no quiere morir.
La mortalidad no significa que tenemos a la muerte esperándonos al final de nuestra vida. Morir implica que es algo que puede pasar en cualquier momento. No es algo que nos espera por ahí. Es algo que está en nuestro interior como una posibilidad. Si confrontamos este hecho, entonces muchas de las cosas que aguardan en nuestras vidas parecieran no tener significado.
Si las cosas son realmente valiosas para nosotros, entonces queremos hablar de ello con otros. Queremos recomendarlas, compartirlas, y es por eso que no nos es fácil mantener secretos de los cuales estemos avergonzados.

Los valores resurgen en momentos en los cuales cuestionamos nuestra existencia.

Los hombres no solamente buscan compartir sus valores, los hombres queremos que nuestros valores persistan. En el Simposium de Platón, éste arguye que el amor y las cosas que valoramos buscan hacer eterno su objeto. Nosotros no necesariamente buscamos prolongar hacia la eternidad experiencias individuales, pero podemos esperar que puedan ser repetidas. Ese es el significado del amor. Es lo que significa amar. Es el significado de tener un propósito.

La forma que tenemos de acumular objetos no es arbitraria, sigue fielmente nuestro guión de vida. Esos objetos que acumulamos son parte de una red simbólica en la que nos sumergimos. De esos objetos que acumulamos por su valor simbólico lo hacemos porque representa alguna parte de nuestras vidas. Acumulamos los dientes de leche de nuestros hijos. Sus primeros dibujos, nuestro anillo de matrimonio y de compromiso. Y nos rehusamos a echarlos a la basura, no por su valor real, sino porque tienen otra forma de valor, algo que va más allá de lo concreto.

Hay veces en las que los objetos que tenemos determinan el éxito que has tenido y no tu guión o proyecto de vida. Todos queremos tener una buena casa y objetos para hacer nuestra vida mejor. Pensamos que si tenemos eso seremos ricos o habremos alcanzado nuestras metas. Es irracional pensar de esa manera porque invierten el orden de las cosas, los símbolos son elusivos y tienden a confundirnos.
Cuando algún objeto nos parece necesario sentimos cierta resistencia a deshacernos de ese objeto, eso nos genera culpa. Cargar con tantos peroles es agotador, te hace menos libre más rígido y dependiente de esos objetos y de las falsas necesidades que cubren. Un iPhone no te hará mejor persona que quien tiene todavía un Nokia 3310.

Si dejas que un objeto material te defina pierdes la capacidad de poder elegir.

Proyectas en esa cosa tus deseos, miedos y fantasías. Tener un Ferrari y un Lamborghini, zapatos de Ferragamo y el saco de Armani no te harán más feliz, de hecho te hacen creer que aquellos que no tenemos ese tipo de cosas somos más infelices e incapaces de saber que es tener y alcanzar la felicidad.

Los objetos requieren de espacio, de cuidados, reparaciones y consideraciones: Los indigenistas mexicanos constantemente exigen a Austria que se devuelva el Penacho de Moctezuma porque fue “robado” de su cultura, para los austríacos, tener el penacho de Moctezuma en su museo implica gastar una gran cantidad de tiempo, recursos y cuidados porque está desmoronándose por el pasar del tiempo. Los indios pemones venezolanos exigen al gobierno alemán que regrese la Piedra Kueka a Venezuela pese a que en el parque alemán donde reposa es más cuidada que en Venezuela donde corre el riesgo de ser vandalizada, destruida y despedazada por sus propios creyentes dada la naturaleza del buen salvaje transformado en buen revolucionario.
Todos los objetos tienen algún tipo de obsolescencia programada. Las plumas del penacho tras siglos se están desgastando, las fibras que lo componen se han ido destruyendo, de la misma manera que el iOS de tu iPhone de 2010 no carga las apps del nuevo iOS X de Apple.

Si deseas vivir sencillamente no tienes que desprenderte de todo e irte a vivir a una choza, no es vivir austeramente, no es botar el petrolero. Es elegir deliberadamente lo que necesitas y con conciencia. Lo único necesario para vivir bien es aprender y comprender a ejercitar la capacidad de elección y con un propósito.
Es no ser un autómata trashumanista sino ser un hombre que sabe que es lo que quiere.

Ni más ni menos.

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