C’est la vie: My way

Comencé a dar clases en la Universidad Central de Venezuela gracias a una profesora que confió en mi, me dio una plataforma para expresarme y dar clases en mi Alma Mater en un momento donde la educación superior pasa por su peor crisis.
Cuando comencé debo reconocer que era un idealista, creía en el sistema educativo que me formó pese a que ese mismo sistema educativo me falló una tras otra vez cuando me gradué y entré en el mercado de trabajo.
Egos, envidia, traición, engaño, estafas, honorarios profesionales, corrupción administrativa pasaron frente a mi y lo único que me mantuvo firme en ese mundo en ruinas fue la educación, valores, creencias, aptitudes y actitudes que mi familia me inculcó.

Con el tiempo me di cuenta de que la (((liberal))) Universidad Central de Venezuela y en general todo el sistema educativo le ha fallado a sus estudiantes, por eso cambié la forma en la que me enseñaron y adapté la mía. Tuve que entrar a un sistema fallido para intentar cambiarlo desde adentro y me topé con más apoyo que resistencia.

Siendo francos, la estructura universitaria está anquilosada y en una especie de estado vegetativo persistente. Cuando éramos niños nos decían que ir a la universidad para convertirnos en médicos, abogados o ejecutivos de negocios nos haría grandes y nos construiría un futuro, pero resulta que la coyuntura actual, el status quo universitario fueron los verdugos de la República.
Pocas cosas de las que aprendí en la universidad aparte de hacer un buen examen físico y diagnosticar me han servido en mi vida para poder mantenerme.

Reconozco que en algún momento quise ser militar, portar un arma y defender a mi nación de las amenazas, luego quise ser diplomático y perseguir una carrera en ese ámbito y terminé estudiando medicina porque me pareció una carrera y un trabajo estable. Mi familia me dio todo su apoyo, me gradué en el tiempo correspondiente y mentiría si digo que no me costó, pues me costó bastante. Después de graduarme de bachiller me di cuenta rápidamente lo importante que es tener una educación universitaria.
Con esto no quiero decir que no debemos perseguir una educación universitaria, todo lo contrario, debemos mejorarnos y perseguir una carrera, un oficio y dejar de depender de nuestros padres o ser parásitos del estado esperando a que nos den limosna.

Si algo me enseñó la universidad y mis relaciones en la universidad fue a pensar y saber discriminar.

Gracias a mi déficit de atención mi tiempo en el salón de clases fue bastante divertido, resolvía sudokus en tiempo récord y mi nintendo DS me acompañó durante incontables horas en mundos de fantasía mientras aprendía de insuficiencias cardíacas, tasas de filtración glomerular y mecanismos de acción de drogas anti-neoplásicas. Le prestaba atención a lo que me interesaba y a lo que no pues simplemente me obligaba a hacerlo para poder sobrevivir y no quedarme atrás en la carrera, entre videojuegos, la política universitaria, fiestas, vicios, mujeres y bebidas alcohólicas logré graduarme y ¡bam! terminé siendo médico cirujano.

Para el momento en el que me pusieron el título en la mano me di cuenta de que no podía leer un sencillo artículo sin pasar horas releyéndolo, me di cuenta de que no tenía la habilidad de comprender textos densos y complicados, mis abominables notas me alejaron de toda posibilidad de competencia y me costaba apegarme a lecturas obligatorias para la profesionalización que seguiría con mi carrera.
Me sentí defraudado por mi mismo y por un sistema educativo que no me enseñó a pensar ni a actuar. Descubrí que eso viene con tu carácter y tus ganas de querer prosperar y ser alguien en la vida.

Mi distraído cerebro poco le importaban los conceptos abstractos y demás hasta que por cosas del destino tuve la oportunidad de poder cambiar. Decidí ponerme las pilas y darme cuenta de que no me gusta ser un producto de mi entorno sino que quiero que mi entorno sea un producto de lo que soy y hago.
Cambié mi forma de vestir, de actuar, me responsabilicé de mis acciones y tomé las riendas de mi vida. Dejé de hablarle a mucha gente, actué con principios y me he ganado muchas grandes amistades y terribles enemigos en el camino.

Aprendí a escribir y conforme lo fui haciendo comencé a cuestionar si el sistema educativo está roto o hay algo en mí que no sirve o quizás sea una combinación de ambas.

La universidad me dio una herramienta para resolver problemas llamada “método científico”, cambió mi weltanschauung y mi forma de ver las cosas, mi humor se transformó, mi personalidad cambió y francamente muy poca gente me soporta gracias a ello, pero con eso aprendí a discernir entre la cantidad de bullshit que hay en el mundo y las cosas reales de la vida.
No se puede decir que he pasado trabajo o penurias como las que pasaría Harambe el migrante africano, pues todos tenemos nuestras propias tragedias, aprendí por mi cuenta a lidiar con mis demonios y usé lo mejor de mi para buscar transformar el sistema educativo que siento que me falló.
Hasta ahora ha valido la pena, he dado clases y mis alumnos me están muy agradecidos por lo que les he enseñado. Conocí a la mujer de mis sueños y estoy felizmente casado. Y actualmente no puedo decir que me encuentro en un momento difícil porque cuento con ella, con mi familia y con lo que a lo largo de mi corta vida he aprendido.

Mis padres me dieron todo. Valores. Un mundo dinámico y un deseo de prosperar.

Con los valores que me inculcaron tardaron en llegar las recompensas que poseo a mi alrededor, lo que yo llamo mi propio éxito. Mi idea de éxito no es lugar, no son cosas materiales, no son mis desgastados adidas ni mis jeans rotos ni la casa en la que vivo, mi idea de éxito la considero una temporada, las temporadas vienen y van, a veces tenemos lugar para picos y a veces hay valles.

A nosotros se nos inculcó la idea de que estudiar una carrera creyendo que la carrera les garantizaría el futuro. O al menos un buen puesto de trabajo. Salí de la universidad y la realidad me pegó una cachetada con una tapa de alcantarilla:  No hay buenos puestos de trabajo, lo tuyo lo tienes que tomar, nadie te lo da. Non serviam.
El mundo de oportunidades que la generación boomer le prometió a mi generación dejó de existir y se desapareció por completo. Yo no me molesté por haber recibido un juego de herramientas que es un tanto inútil para enfrentarme a esa selva salvaje que es el mundo adulto, no me puse una franela del Che Guevara y me rebelé contra el sistema. Decidí infiltrar el sistema y hacerlo funcionar para mi. Trabajé para el Estado, y me di cuenta de que el estado no tiene las soluciones ni las respuestas para mis ambiciones personales. Pude ver la mala fe con la que actúan los que están en el poder.

Mi generación le tocó vivir el 11 de septiembre, el 11 de marzo, la crisis financiera del 2008, el 11 de abril, el paro petrolero, la hiperinflación, la diáspora, ver a sus padres perder su trabajo, ver cómo el gobierno nos condenó a vivir con nuestros padres, el ver como los bancos nos niegan préstamos, el cómo las carreras universitarias no nos garantizan éxito. Nos dimos cuenta de que la vida es una cosa muy dinámica y nos dimos cuenta por medio del método A.L.C.: A los coñazos.
Somos una generación de internet: Ningún otro grupo de seres humanos ha estado tan expuesto a tanta información en la historia como lo estamos en este momento, y en vez de aprovechar eso vertimos nuestra vida en nuestros smartphones mostrándole a la gente lo que comimos o los tacones que la última güircha Kardashian se compró en espera de que a alguien, en alguna parte del mundo le importe un bledo. La riqueza de la tecnología se volvió transhumanismo y ahora los hombres prefieren invertir en una muñeca robot para follársela mil veces en vez de invertir en su apariencia y buscarse una mujer que valga la pena.

La interacción humana se redujo a datos gracias a la educación universitaria en la cual supuestamente invertimos y nos topamos con una pirámide ponzi que nos explota y deshumaniza, privándonos de las cosas sencillas de la vida.

Evolutivamente estamos diseñados para crear patrones, se lo debemos a la evolución y a nuestro bulbo raquídeo, ese que mi padrino de promoción el Doctor Carvallo tanto se empeñó en hacerme dibujar y entender, y una vez que entendí como funcionaba dicha parte de mi cerebro me di cuenta de que esa estructura anatómica está allí para hacernos conservar nuestra energía al hacer que una serie de actividades se automaticen. Por eso cuando a alguien le da un ACV o sufre una lesión en el cerebro si pierde el bulbo se convierte en un ente que respira y no tiene vida. Cuando revisas tus redes sociales lo haces por automatismo. Thanks evolution.

Las rutinas no son cosas odiosas en si mismas, a los seres humanos nos gusta la rutina porque nos provee con una estructura para no andar vagando por las estepas como nuestros ancestros buscando sobrevivir. Lo detestable de las rutinas es obligarnos a tomar decisiones para resolver los mismos problemas que día tras día enfrentamos: ¿Que corbata combina con este traje? ¿Que zapatos me debo poner? Tonterías que te llevan minutos día tras día y que cuando sumas todos esos minutos te das cuenta que has perdido años de la primacía de tu vida en cosas superfluas que realmente no tienen un impacto en lo que tu eres, o en lo que le vas a dejar a tu estirpe o en lo que quedará de ti, es decir tu legado tras tu partida.

 

Si aprendemos a resolver problemas del día a día con soluciones permanentes, ese problema desaparecerá y tendrás más tiempo para concentrarte en las cosas que si importan, tu vida, tu esposa, tu familia, tus hijos, tu futuro, tu legado, la posibilidad de trascender, eso simplifica tu vida y te quita problemas de la cabeza.
Vivir sencillamente no es barato, sobre todo en un país hecho ruinas como Venezuela, pero si es la forma óptima de poder pararse firme en un mundo en ruinas. Si logras identificar lo que te es importante y desechas todo lo demás notarás como tu vida mejora, tener convicción, saber que puedes lograr lo que te propones es tu mejor manera de enfrentarte al salvajismo y barbarie a la que está sumida la civilización Occidental.

Pienso que de los libros más densos que he leído han sido La Decadencia de Occidente, de Oswald Spengler, Hombres entre las ruinas y Rebelión contra el mundo moderno de Julius Evola y me di cuenta de que entre su densidad conseguí algo que al principio no entendía, que es que con el apoyo que tienes en tu cabeza y la roca y fortaleza que te da tener una familia y alguien con quien contar puedes enfrentarte a todo.
Eliminar a todo lo demás que no te es importante es difícil porque para ello es menester poderte conocer bien, saber que quieres, que buscar y que deseas. Lo material no es fundamental, ayuda, si. Lo material no lo es todo. Para conocerte debes saber primero vaciarte y saber lo que es no tener.

El mundo de mis padres y los tuyos se acabó, se transformó, esto no es un drama como las películas en las que los aliens nos invaden con naves espaciales para aniquilarlos, sencillamente el mundo cambió y tenemos que renovarnos y adaptarnos para poder sobrevivir, la tradición nos sirve para tener un vínculo con lo que nos antecedió pero es imposible echar hacia atrás las agujas del reloj.

Debemos adaptarnos a las circunstancias.

 

 

Después de todo

C’est la vie.

 

2 pensamientos en “C’est la vie: My way

  1. Pingback: El problema con la universidad, el trabajo y modernidad | Alberto R. Zambrano U. / Uniendo Puntos

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