La moralidad detrás del aborto

Estar a favor de la vida solía ser una idea muy feminista.
Mary Wollstonecraft y Susan B. Anthony estaban en contra del aborto.

Cuando hablamos en términos de población, genética, raza, cultura y nación, el sexo es de importancia central porque los patrones de comportamiento sexual de los grupos humanos, matrimonio y tendencias reproductivas influyen directamente sobre la fortaleza familiar y son decisivos para la supervivencia racial y la expansión. Un pre requisito para la operatividad de las sociedades es que los grupos que la integrant tengan el poder de formular sus propias costumbres que los distinguen de otros. Es evidente que los sistemas normativos que aseguran el reemplazo de la fertilidad y la supervivencia grupal están fallando en el mundo occidental. Los límites reproductivos de los grupos raciales (sexo, matrimonio, procreación, y patrones familiares) están evidentemente cada vez más frágiles y vulnerables a manipulación cultural, psicológica, emocional y conductas por grupos hostiles y gobernantes.
El control de la reproducción está severamente ideologizado, aunque la propaganda política lo ablande es evidente, incluso en términos imposibles de objetar que la forma y dinámica en la que las poblaciones se reproducen está influenciada por quienes gobiernan. El aborto es un tema que quiero discutir moralmente hoy, ya que está siendo enmascarado por el eufemismo de la “planificación familiar” y la “prevención de embarazos no deseados”, esto hace que los niños sean vistos como “accidentes, metidas de pata producto de relaciones sexuales”.

Hoy expondré sencillamente esto:

El aborto es asesinato y es inmoral.

Y yo creo que todos lo sabemos aunque nos hagamos los locos y digamos lo contrario.

En mis años de dirigente estudiantil hice mucho activismo a favor del control de la natalidad, pero nunca a favor del aborto.

Soy partidario de que en una sociedad como la venezolana debemos fomentar los valores conservadores y tener una sexualidad responsable e ir en contra de la corriente progresista de promiscuidad, hipergamia e hipersexualidad que los medios nos ponen en nuestro camino.

Mi labor de trabajo comunitario fue con los progres de PROVEA dando charlas en la Maternidad Concepción Palacios a adolescentes buscando control de la natalidad para no tener un embarazo no deseado y engendrar un futuro delincuente.

Trabajé en el servicio comunitario con compañeros que pensaban como yo, y notábamos como los activistas del aborto se comportaban de manera irascible constantemente. Cuando decíamos que abortar es incorrecto, los defensores del aborto se ponían de pie y molestos decían cuanta barbaridad se les ocurría.

Es como cuando cachas a alguien cayéndote a coba y se molestan contigo.

Es la culpa.

Cuando digo que el aborto es inmoral, sus defensores se ponen de pie exigiendo saber por que yo quiero poner tras las rejas a una niña de doce años que fue violada.
La realidad les que yo no quiero poner presa a esa niña y os reto que encuentren a cualquiera que se oponga al aborto a que lo haga.

Yo crecí siendo católico.
Y la Iglesia Católica me dio mucha información para poder razonar los dilemas morales que implican al aborto. Y así como lo hicieron conmigo, la institución que representa la Iglesia Católica ha dado razonamientos morales sobre el aborto durante mucho antes que a la primera feminista le diera un ataque de malcriadez porque le bajó la menstruación.

Es fácil.

El acabar con una vida humana inocente y libre de pecado es incorrecto.
Eso es un principio fundamental. Es fácil decirlo, incluso en los casos más estremecedores, incluido en hipotético caso de la niña de doce años de edad que fue violada. No puede ser correcto matar acabar con la vida del ser humano que crece en su vientre.

La civilización occidental siempre ha comprendido que los casos duros hacen malas leyes.

Santo Tomás de Aquino escribió: “Las leyes humanas no prohíben todos los vicios de los cuales la abnegación virtuosa, sino sólo los vicios más graves, de los cuales es posible que la mayoría se abstenga”.

Dicho de otra forma, no es correcto castigar con nuestras leyes a todo que se pueda oponer a las leyes naturales.
Pese a lo que tus profesores comunistas de la universidad te hayan dicho, Santo Tomás de Aquino no era un puritano adverso a todo gozo y diversión. Tanto Tomás de Aquino como su predecesor, San Agustín siguieron puntos de vista que no eran utópicos.
Tomemos el ejemplo de la prostitución.
Ambos pensaban que la prostitución no era correcta pero consideraban que era tonto hacerla ilegal.

La distinción de Aquino entre la ley humana y la divina quiere decir que yo puedo decir que es incorrecto matar a inocentes, sin tener que decir que debemos mantener al aborto ilegal en cualquier caso. En una sociedad sana, tendríamos que discutir que casos deberían ser ilegales.

Sin embargo, sólo porque yo no crea que el aborto deba ser ilegal en todos los casos no quiere decir que la cuestión del aborto no deba ser discutida ni preguntada en todas las esferas del debate público.

Durante una clase de Medicina Legal en la Escuela de Medicina donde trabajo pregunté a mis alumnos cuántos de ellos estaban a favor del aborto, 2/3 de ellos levantaron la mano. Seguidamente les pregunté a mis alumnos, futuros médicos que cuántos de ellos practicarían un aborto a una mujer, ninguno levantó la mano. Y esto me motivó a discutir con ellos la moralidad detrás de este tema sin caer en el chantaje emocional.

Abordemos el tema del aborto sin discutir su legalidad, preguntémonos la moralidad detrás del hecho.

¿Es moral acabar con la vida de un feto humano?
¿Un feto humano posee valor y derechos?

Es un hecho científico que los fetos poseen vida. Aquellos que dicen que el feto no es un ser humano, lejos de negar el absolutismo de la realidad y los hechos científicos, ese tipo de afirmación supone que el feto no tiene un valor intrínseco o derechos.

Hay muchos seres vivos que no son personas y tienen tanto valor como derechos, perros, gatos, canarios, elefantes, etc. Y ese es el primer argumento que quiero hacer en contra del aborto: Un ser vivo no tiene que ser una persona para tener valor moral y derechos. Cuando nos topamos con los activistas del aborto, esos guerreros de la justicia social que siempre mienten, buscan desviar la conversación hacia “los derechos de la madre”, lo cual significa que la madre tiene el derecho de terminar con la vida de un feto bajo cualquier circunstancia, por cualquier razón y en cualquier momento de su embarazo. ¿Es eso moral?
Esa argumentación puede tener moralidad si creemos que los fetos no tienen ningún tipo de valor intrínseco.

En la mayoría de los casos, la gente cree que el feto humano tiene valor infinito y el derecho de vivir. ¿Cuando ocurre esto? Pues muy sencillo, cuando una mujer quiere quedar embarazada y ser mamá. Entonces la sociedad y sus leyes consideran que el feto es tan valioso que si alguien quisiera matarlo, ese alguien podría ser juzgado por homicidio.

Sólo si una mujer embarazada no quiere parir es cuando los guerreros de la justicia social consideran que la vida de un feto no vale nada.

¿Tiene algún tipo de sentido esa selectividad?

O los fetos humanos valen algo o no valen nada.

Y ese es el segundo argumento moral: ¿Con que moral la madre puede unilateralmente decidir el valor de un feto humano? Si no hacemos ese tipo de valoraciones con un recién nacido, entonces es la sociedad, no la madre o el padre que determinan si un recién nacido tiene derecho a vivir y posee valor. Si la sociedad valora y pondera las cosas de ese modo, ¿Por que habría de ser distinto antes de que el ser humano nazca?
¿Por que una mujer puede determinar si un ser humano tiene derecho a vivir?
Hay quienes responden que la mujer tiene el derecho a controlar lo que ocurre con su cuerpo. Si bien eso es cierto y correcto en su entereza, el problema yace en que el feto no es su cuerpo sino que está dentro de su cuerpo, es un cuerpo separado.

Lo cual nos lleva al tercer argumento moral. A una mujer embarazada nunca le preguntan “¿Cómo está tu cuerpo?” cuando se refieren al feto que crece dentro de ella, lo que le preguntan es “¿Cómo está el bebé?”.

El cuarto argumento moral en contra del aborto recae en que casi todo el mundo está de acuerdo con el hecho de que en el momento de que el bebé sale del útero de su mamá, matar a ese bebé es un asesinato. Pero no lo consideran así un par de meses antes de que nazca sino que lo comparan con “sacarte una muela”. ¿Que clase de sentido tiene es trastornada forma de pensar?

En quinto lugar: ¿No hay circunstancias en las cuales incluso los que están a favor del aborto consideran que acabar con la vida de un feto humano no es moral?
¿Es moral abortar un feto humano de sexo femenino sólo porque la madre quiere un niño (hecho que pasa millones de veces en la China comunista y otros países)?
Supongamos que la ciencia logra determinar si un feto creciendo en un útero será homosexual o heterosexual. ¿Sería moral matar un feto homosexual porque la madre no quiere tener un hijo con esa preferencia sexual?
¿Es moral abortar un feto a sabiendas de que nacerá con Síndrome de Down y la madre no quiere un hijo así?

La gente prefiere ofrecer razones prácticas que apelan a la emocionalidad y legislar con base a los extremos para no criminalizar todas las formas de aborto. Se puede disentir y confrontar opiniones sobre cuando se aplican los derechos y la ley a los seres vivos. La sociedad puede debatir la moralidad del aborto tras una violación o una relación incestuosa.

Pero en relación con la vasta mayoría de los abortos en los cuales una mujer sana aborta un feto sano la malsana sociedad prefiere ocultar la cabeza en la arena como un avestruz por el hecho de que saben en su subconsciente que esos abortos son inmorales.

Las buenas sociedades pueden sobrevivir con gente haciendo cosas inmorales, pero una buena sociedad simplemente no puede sobrevivir si considera que lo inmoral es moral.

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