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Lo inevitable no se ha hecho esperar, la pésima administración del chavismo del erario público quedará escrita en los libros de economía de todo el mundo, inedpendientemente de la tendencia de su autor.
El chavismo como accidente histórico devastó a Venezuela, otra línea que podríamos leer en esos textos de economía del futuro es que el chavismo, como movimiento fue capaz de llevar a la quiebra a un país petrolero.

Venezuela pasaría a ser el primer país petrolero en la historia que entraría en cesación de pagos, default, como les gusta llamarlo a los tecnócratas fanboys de los bonos y la economía. Esto implica que Venezuela no es capaz de poder honrar su compromisos con sus acreedores a nivel internacional.

¿Saben a cuales acreedores me refiero?

Pues a esos que sabiendo la gigantesca inmoralidad que implica la compra de la deuda venezolana, sabiendo que cada dólar que le dan al régimen comunista Venezolano es utilizado para darle oxígeno al aparato represor de una cruenta tiranía que mata de hambre a sus ciudadanos mientras su nomenklatura se da la dolce vita.

Esos viles bachaqueros de bonos, los que les gusta reunirse con altos funcionarios del gobierno en el Hotel Tamanaco y que después de la reunión se van de putas, esos que en casotas en La Lagunita se llenan la boca de tequeños rociados de caviar apurados con Grand Cru Classé Château Haut-Brion, esos que en un mismo iPhone tienen correos y mensajes con los Jorges (Rodriguez y Arreaza), los Tareks, los Generales, “la tipa que le consigue la harina a mi mamá”, Luis Vicente, la esposa, la barragana, a Ramon Guillermo Aveledo, Ricardo Hausmann, Capriles, Borges, y Miguel Henrique Otero son los que tienen a este país en la ruina. 

Cuando se emite un bono, la entidad que lo compra mete dinero directamente a las arcas del estado. La mayoría de la transa de los bonos no se da de esa manera, la mayoría de los mercados de los bonos ocurre con gente que ya está comprando y vendiendo la deuda que ya existe. Es lo que algunos tecnócratas instruidos en economía llaman “mercados secundarios”, eso no es más que deuda cambiando de manos constantemente entre terceros. Cuando eso pasa, al chavismo no le entran dólares, es un intercambio de deuda entre comprador y vendedor, directo y de forma privada.
Mientras en las salas de reuniones de Hong Kong, Moscú, New York, Washington DC y los paraísos fiscales de alguna isla tropical caribeña de ensueño, en ese mismo terminal de Bloomberg, en esas mismas computadoras se decide cuánta plata entra y sale de esas cuentas, hay otra ventana abierta con la última hazaña de la barragana de turno, el último vídeo porno de Brazzers, y el contacto con el jíbaro para distribuir los próximos gramos de perico. Y así como se decide el hotel en donde ocurrirá la próxima infidelidad, también se decide cuanto tiempo más pasará el régimen chavista, “ese que honra sus compromisos” en el poder.

Los inversionistas están moralmente expuestos a todas las etapas de las transacciones que hacen en los mercados. Ellos pretenden evadir la responsabilidad personal o grupal con el argumento de que “hacer negocios con el gobierno es hacer negocios”. Son bastantes las firmas que haciendo negocios en (((Wall Street))) defienden la capacidad de pago del chavismo. Los inversionistas de bonos, en su mayoría tipos que viven o aspiran vivir como vivió Jordan Belfort (conocido por la cinta de Scorsese “El Lobo de Wall Street”) son carajos que tienen una capacidad increíble para abstraerse de la miseria en la que viven los venezolanos de a pie, esos que no saben que es un bono, a quien se le vende, y cómo se transa. Y se abstraen de ella porque ven al chavismo como una máquina que les escupe billetes.
Estos son los tipos que se ponen a comprar bonos de la deuda venezolana antes de que venzan para cobrar el bono directamente del gobierno venezolano, de igual forma son buitres venezolanos los que teniendo una firma balurda en Wall Street con tres gatos con algún tipo de experiencia o conocimiento sobre cómo se transa con bandidos acusados de narcotráfico sancionados por la OFAC cobran por “tender puentes” a conglomerados financieros que les llama la atención comprar deuda venezolana toda vez que apuestan contra ella en el mercado financiero.

Esos, que siendo venezolanos hacen esas apuestas, saben que si Venezuela deja de pagar un centavo, a ellos sus primas de credit default swaps les permiten comprarse mansiones, yates, putas y drogas.

Estos son los arquitectos de la miseria, los que piensan que mientras ellos estén bien acomodados con sus familias bien surtidas pueden escapar de la crítica, del rechazo y del desprecio de aquellos venezolanos que saben que comparten la cama con los comunistas.

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