Coquetear: La contrarrevolución sexual

La izquierda es el establishment más anti-erótico, puritánico y moralista que jamás haya existido.

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La derecha es la nueva contracultura, ya llevo tiempo diciéndolo. Esto implica que hay una guerra metapolítica y cultural que eso trae consigo. En tiempos en los cuales el matrimonio y la familia tradicional fueron derrumbados por los cánones de la liberación sexual, poco habla la derecha sobre un tema al cual todos somos afines.
El sexo y nuestra sexualidad.

Tener relaciones sexuales responsables, sanas y consensuales con una pareja estable forma parte de la salud integral de cualquier hombre y mujer. 

Independientemente de que se practique, por razones religiosas o las que sea la abstinencia sexual hasta el matrimonio, es menester saber y conocer sobre algo de educación sexual y sexualidad.
De igual manera, si se ejerce una sexualidad previa al matrimonio, institución desarrollada por la civilización para proteger y perpetuar a la especie, es importante tener conocimientos de educación sexual y sexualidad.

La izquierda puede que sea muy libertina, después de todo fueron ellos los que hicieron de la sexualidad un espectáculo que ha degenerado por completo y ha levantado en ellos cierta doble moral puritánica sin parangón, toda vez que crearon el mito de que la derecha es mala cama, mojigata, y inepta.

La cultura pop apropiada por la izquierda ha masificado la idea de que ser de derecha implica una ineptitud en lo que a la sexualidad respecta.

Es falsa la idea de que la derecha en lo que lo sexual se refiere carece de imaginación y erotismo, las prácticas sexuales en seres humanos, parafilias, fetiches y afines no ven distinción política, lo que varía en la esfera de la sexualidad entre derecha e izquierda no es si unos prefieren la posición del misionero y otros prefieren la posición del perrito.
Lo que varía es la capacidad de unos de hacer del comportamiento sexual humano un espectáculo con respecto a quienes no lo hacen tan frecuentemente.

En la telenovela de ABC Desperate Housewives, el personaje de Bree Van de Kamp es un ama de casa conservadora de collar de perlas y cuello de tortuga, incapaz de usar escotes, que pasa penurias en su vida sexual porque tiene un marido que le gusta el sadomasoquismo y a ella no y por ello su relación matrimonial comienza a fenecer.
El personaje de Bree enviuda y ella se consigue una nueva pareja, a la que en un momento de conversación sobre sexo oral, ella le contesta “Yo no hago eso porque soy repubblicana”. Evidentemente los escritores de ese show querían hacer de ese personaje un estereotipo exagerado de la mujer ama de casa republicana en lo que al sexo se refiere. Pero se pasaron de la raya e hicieron de ese personaje en su arco narrativo algo distinto. Si hubiesen querido ser chistosos, Bree le hubiese contestado a su novio cuando le pide sexo oral “Oye yo soy republicana, déjame hacerte un striptease primero”.

La cultura pop (((liberal))) le ha hecho creer a la gente que la gente de derecha tampoco es atractiva, que la idea de irse a la cama con un “facha” es acostarse con una persona que no es atractiva.

¡¿De dónde surge la perversa idea que urge a los izquierdistas de robarle la sexualidad a todos los de la derecha?! ¿Por que ha funcionado?

Ha funcionado porque se busca asociar la política con el sexo.
El debate de leyes sobre decencia pública fue ganado por la izquierda cuando mujeres en topless (algunas muy atractivas) quemaron sus sostenes en los años sesenta, pero eso nada tiene que ver con el hecho de que la izquierda se haya convertido en el árbitro que guía la moralidad en lo que a sexo se refiere.

Cuando se pretende enlazar el argumento de que el sexo y política van de la mano se asocia el hecho de que algunos ñángaras quieren aprobar políticas de control de natalidad subsidiadas por el estado y vincularlo con la preferencia de una pareja a tener sexo en la sala de su casa con unas copas de vino encima.

Poco tiene que ver lo uno con lo otro cuando en cuanto a comportamiento sexual se refiere.

Si bien la derecha ha sido apoyada por grupos religiosos de toda índole que en su doctrina tienen ciertas reglas con respecto a la actividad y ejercicio de la sexualidad. La izquierda ha fijado el tono de dominación cultural en lo que lo sexual se refiere en espacios cívicos.

  •  En ciertas partes del mundo, en los parques públicos se pueden hacer y grabar orgías sadomasoquistas con el permiso de un concejal.
  • Políticos de izquierda han criticado a las mujeres que dan lactancia materna en público.

Otro aspecto en el cual la izquierda tiene un nivel de hipocresía dantesca en lo que a sexo se refiere es el de criticar cual puritanos a la derecha si exhiben cualquier tipo de conducta que ellos aprobarían en alguien que milita en sus filas.

Si un parlamentario conservador es visto saliendo de un hotel se le atacará.
Si una mujer conservadora quiere comprarse una ropa interior sexy para su marido se le criticará.
Si una pareja conservadora visita un sex shop para comprar lubricante y se topa con otra pareja (((liberal))), les harán el comentario de rigor: “¿Que haces tu por aquí?”.

Hay ciertas cosas que la izquierda no sabe hacer, y una de ellas es saber callarse la maldita boca.
Imaginen a una pareja que tras una noche divertida en la discoteca, bailando, con un par de copas encima y las hormonas alborotadas deciden irse a la cama, mientras el hombre con su erección se las ingenia para abrir el envoltorio del preservativo, la mujer le critica al hombre que la marca de condones que usa “no tiene prácticas a favor del medio ambiente en lo que responsabilidad social empresarial se refiere”. Eso pasa. 
¿Y que pasa después?
Que el hombre pierde la erección, y no hay sexo. Hay una pelea innecesaria por algo que no valía la pena discutir en su momento.
Lectores en ciertas partes de la geografía hispanoparlante se pueden extrañar o sentirse identificados con este tipo de cosas, pero son anécdotas que ocurren.

Los hombres de derecha tienen que aprender a valorar su masculinidad. El coqueteo, los piropos, ceder tu asiento o abrir la puerta no son varas patriarcales de dominación y acoso sexual.
Aprender a saber conquistar a una mujer, saber hablarle y atender sus necesidades es la forma de rebelión que tenemos los hombres en el sistema de castas implantados por el feminismo.
Hay muchas mujeres hoy en día que han sido adoctrinadas por la cultura pop de izquierdas y se convierten sin saberlo en mujeres tóxicas que espantan a los hombres que tengan interés en ellas. Incluso las mujeres que buscan una relación “tradicional”, no están dispuestas a hacer lo necesario para tener una relación con un hombre bueno.
Hay mujeres que simplemente no están dispuestas a comportarse como damas, estar en forma, y no detonar las relaciones que tienen por trivialidades.

Coquetear y cortejar a una mujer es algo que los hombres aprenden a hacer por ensayo y error. Y lo aprenden para satisfacer sus necesidades primarias de compañía, sexo y en última instancia relaciones de pareja y una vida familiar.

Es por eso que el cortejo es la mejor herramienta de la contrarrevolución sexual.

El cortejo le permite a los hombres reclamar su poderío sexual en un mundo inmerso en la misandría, porque castiga a las mujeres que se comportan de manera inadecuada en lo sexual y le permite al hombre buscar en sí y en su pareja lugares comunes e intereses propios.
El cortejo es una fuerza desestabilizadora del sistema social feminista. Le permite a los hombres liberarse de ese gulag ideológico en el cual la mujer es algo que debe ser puesto en un pedestal y que por estar allí merecen subsidios y prebendas de toda índole, que traen como consecuencia hombres castrados, despojados de su masculinidad, sentimientos e incapaces de acercarse a una mujer atractiva y arriesgarse a cortejarla porque se crean la idea de que “yo no estoy al nivel de ella”.

Solían decir que lo cortés no quita lo valiente.

Tratar bien a una mujer es una habilidad que se aprende, pero el cortejo es cool, es chic, y a las chicas les encanta. Los hombres debemos ser fuertes, debemos aprender a mejorarnos en todos los aspectos, incluso el ideológico y el psicológico para poder discernir entre una güircha que te va a dejar odiándote a ti mismo o una mujer que te va a ayudar a crecer en todos los aspectos de tu vida.

Mientras los hombres fuertes de derecha promovemos la excelencia y distinción, el feminismo promueve la igualdad.
Basta con leer websites y revistas dedicados a hombres, y encontrarás tips de cómo mejorar tu rutina de ejercicios, como mejorar tu imagen, recomendaciones para actualizar tu guardarropa, gadgets y tecnología.
Si ves websites y lees revistas feministas te encontrarás con ideas para que las mujeres manipulen a los hombres usando el sexo como un arma (los artículos de sexo de cosmopolitan son un buen ejemplo), con material que promueve la promiscuidad, y la obesidad.

En el desierto intelectual que son los medios, que surjan artículos sobre como coquetear por mensaje de texto no sorprende en lo absoluto. 
Los movimientos de derecha disidente aprobarían el concepto de que coquetear no choca ni con el tradicionalismo ni con la ciencia. Coquetear incluso es una forma de mostrar desprecio por la forma en la que algunos grupos religiosos ponen en pedestales mentales a las mujeres haciéndoles creer que son unas princesas cuando en realidad son unas malcriadas.

Un hombre que sabe coquetear es un hombre que entiende que las mujeres son voraces sexualmente en su propia manera de ser y que dicha voracidad deriva directamente de su valor social en lo sexual.
Muchas de las creencias conservadoras sobre caballerosidad y mujeres virtuosas sólo tienen cabida en un contexto social que acepte y privilegie a un orden jerárquico, patriarcal y desigual que promueva la cultura, la estética, la belleza, y la familia.

Los impulsos de selección sexual, competencia y atracción están profundamente arraigados en el subconsciente de la especie humana. Las mal llamadas “construcciones sociales” que premian la virginidad, la belleza femenina, o la voluntad de los hombres de sacrificarnos por nuestras mujeres están arraigadas en realidades biológicas y empíricas, no en misticismos religiosos.

Lo que define a la derecha actual es que ésta es capaz de comprender que las realidades objetivas se reflejan dentro de la mitología y prácticas antiguas.
Las enseñanzas tradicionales de hace miles de años son más aplicables a la sociedad (((moderna))) que lo que una lesbiana feminista con un PhD en estudios de la mujer pueda enseñarnos a los hombres sobre nuestros “privilegios”.

Como docente universitario tiendo a tener mucha cautela con profesores de izquierdas, particularmente esos que dan clases en carreras de las (((pseudociencias sociales))), porque ellos acusan a la tradición de retrógrada y anacrónica, se burlan de creencias religiosas toda vez que profesan creencias aun más absurdas (y menos empíricamente sustentadas) sobre temas como igualdad racial y de género.

Cuando los hombres heterosexuales comprendan que coquetear con una mujer es rompiendo el canon izquierdista de que todos los hombres son unos violadores patriarcales opresores en potencia. Las cosas cambiarán para la sociedad, habrán mujeres de mucha mejor calidad que la güircha estereotipo.  Hombres y mujeres aprenderán que la biodiversidad humana, la tradición y el realismo racial son baluartes de la identidad cultural.

Este reto no sólamente es ideológico. Es un político porque así lo quiso la izquierda.
Puede que no te interese la política, pero tu le interesas a la política.
La política es la filosofía llevada a términos prácticos.
Cuando la izquierda hizo del coqueteo, que es un asunto personal algo político, el desafío es superar esa barrera.
La izquierda hizo un drama político: Si un hombre se acerca a hablarle a una mujer en un bar, discoteca, plaza, cafetería, pasillo y oficina es considerado un acto político ofensivo, un crimen de odio, una violación.
La izquierda quiere hacerle creer a los hombres que reconocer el deseo de acercarse con caballerosidad y respeto a una mujer que les parezca atractiva usando conocimiento, y habilidades sociales es inmoral.

La izquierda es tan establishment, que considera que coquetear es algo subversivo que tiene que ser castigado. Así de trastornados están esos individuos.

La solución a la servidumbre sexual a la cual hemos sido reducidos los hombres es reconocer que la primera la mentira es la de la igualdad. -Especialmente en la cama.
Si hay quienes se quieren convertirse a si mismos y a sus cuerpos en un producto, hay que tratarles como tal, sacarles provecho y usar aquello que funcione.

Hombres y mujeres pueden sacar provecho de la tradición.
La igualdad es un engaño.
Busca siempre la excelencia en tu pareja, busca la distinción, busca y encontrarás en este erial misándrico que el feminismo creó a ese alguien especial que te haga erizar el pelo, que te corte la respiración, y que te haga sentir mariposas en el estómago. Tómala, hazla tuya, se apasionado, ten sexo responsable y salvaje. Hombres y mujeres juntos como amigos, amantes y eventualmente marido y mujer pueden ayudar a reformar esta maltrecha humanidad y crear algo que valga la pena preservar, y esta cultura sexual actual de la izquierda no es algo que merezca seguir siendo vigente.

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Un pensamiento en “Coquetear: La contrarrevolución sexual

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