Carl Schmitt tiene razón

Las naciones liberales tienen fronteras abiertas porque no tienen conceptos de lo metapolítico

fallofrome

Antes de la Segunda Guerra Civil Europea los derechos liberales fueron entendidos entre los estados Occidentales de manera forma libertaria y etnonacionalista. La libertad de asociación, por ejemplo fue entendidas para incluir el derecho natural que tienes de rehusarte a tener contacto con ciertos miembros de grupos étnicos, incluso tu derecho a discriminar a esos grupos en toda clase de ideas, no existían leyes para darle a mujeres, tullidos, musulmanes y afines trabajo en tu empresa si así lo deseabas.
Este liberalismo racial existió y estuvo institucionalizado hasta los años 60.
Los colonos de Australia, Canadá, Venezuela, Estados Unidos, Colombia, y Nueva Zelandia desarrollaron políticas de admisión, y naturalización con base a raza y cultura con el fin de mantener a esas naciones mayoritariamente “blancas”.

Este ethos liberal y racial fueron socialmente recibidos con beneplácito en el mainstream de la sociedad occidental.
Después de todo, fuimos los blancos los que acabamos con la masacre, el canibalismo y el salvajismo que los “aborígenes” practicaban, colonizamos y trajimos toda una serie de arquitecturas e instituciones occidentales que le dieron forma a los estados modernos, incluso en infiernos tercermundistas como el áfrica subsahariana, y buena parte del caribe y latinoamérica.
Fuimos los blancos los que trajimos con la colonia, y toda su contundencia, incluida la violencia necesaria para ponerle coto a los salvajes para poder civilizar los territorios recién conquistados que fueron tomados en nombre de los imperios con contundencia, orgullo racial y con la promesa de un mejor futuro. Los logros y avances tecnológicos de los europeos, en comparación con los no europeos, fueron producto del altísimo costo de la verdad y la llegada del civismo a sitios donde jamás lo existieron.

¿Que pasaría si ningún estado, academia, religión o medio de comunicación pudiera decir a diestra y siniestra cualquier tipo de falsedades a su audiencia, sin ningún tipo de consecuencia legal?

Si los estados, la academia, la religión y los medios tuvieran que decir la verdad y garantizar que sus productos son certeros, de la misma manera que cualquier otro producto, le habríamos ganado la guerra cultural a los marxistas hace décadas.

Antes de que la guerra de opiniones sobre el destino de Occidente y lo que le “hemos hecho” a culturas atrasadas y barbáricas fuera el canon de ideas que se enseñan en las universidades, los estados Occidentales, incluidos los democráticos no condenaban la discriminación racial en sus políticas internas. Tampoco cuestionaban las ideas e instituciones coloniales. En las mentes de muchos Americanos y Europeos, los conceptos de equidad y democracia no eran extensibles a aquellos que no fueran americanos ni europeos.
Dicho de otra forma, estas ideas no eran consideradas derechos humanos universales separados de cualquier civilización o cultura en particular.
Durante más de un siglo, la raza ha sido empleada como un concepto para explicar los logros científicos y y tecnológicos alcanzados por la civilización Occidental en comparación con los no occidentales, y se usaba para no solo justificar la discriminación racial, sino también para justificar la dominación occidental en las colonias que nuestros ancestros conquistaron con fiereza.

¿A partir de que momento, el establishment (((liberal))) occidental aceptó la visión de que el etnocentrismo europeísta estaba en conflicto con los principios liberales que eran imperantes un par de décadas posteriores a la Segunda Guerra Civil Europea?

Pues eso surgió porque un nuevo juego de normas, regulaciones, códigos y leyes surgieron: Derechos Humanos, Nacionalismo Cívico, la raza y el género como construcciones sociales, la masculinidad como algo opresor, el matrimonio como un arma en manos de la sociedad burguesa, etc. Todas estas ideas poseen una tendencia inherente a radicalizarse con el pasar del tiempo y lo fueron logrando conforme la izquierda leía más a Gramsci, a la escuela de Francfort e infiltraban las instituciones con un rechazo en forma de respuesta a todo lo que los nacionalsocialistas alemanes hicieron. Y una vez que dichas normas fueron aceptadas, y se tomaron acciones que aplicarían sanciones a aquellos que se opusieran a ellas desde las instituciones, se abría la puerta a crear situaciones en las que las naciones occidentales fueran vistas hacia el futuro como lugares utópicos en los cuales todas las razas del mundo podrían coexistir en un estado de armonía- Algo así como Zootopia.

¿Habría algo dentro el liberalismo racial de las ideas tradicionalistas previas a la Segunda Guerra Civil Europea que hizo susceptible la promulgación de estas leyes y su rápida radicalización posterior a 1945?

Carl Schmitt arguye que los estados liberales carecen de un fuerte concepto de lo político. Los líderes (((liberales))) tienen una debilidad inherente como seres políticos debido a que son incapaces de poder pensar que su Nación se constituyó como un Estado de hombres que colectivamente reclamaron la soberanía de un territorio que los distingue de otros hombres con entidades político-administrativas distintas. Esos mismos líderes liberales tampoco tienen la capacidad de discernir entre amigos y enemigos (por algo Refugees welcome, amirite?) que pueden pertenecer o no a dicho territorio.
Los liberales creen que sus naciones-estado son asociaciones formadas por individuos con el propósito de asegurar su derecho a la vida, libertad y felicidad.
Los liberales imaginan que su visión de estado liberal está constituida por un archipiélago de individuos que llegaron a un acuerdo entre ellos, abstraídos por completo de cualquier otra comunidad que exista biológica, racial, étnica, cultural e históricamente previa a ellos.

Los liberales creen que es posible olvidar por completo que sus estados, al igual que todos los otros estados pueden ser creados a la fuerza, en cualquier parte, por hombres que comparten un idioma, herencia, características raciales, tradiciones religiosas, y un sentido de adquisición territorial que involucre la execración de grupos distintos a ellos.

Es por ello que en las palabras de Carl Schmitt, los liberales no tienen bien desarrollado el sentido de lo político, son incapaces de pensar de sí mismos como miembros de una entidad política que fue creada con el sentido claro de quien puede formar parte de ella y quien no puede pertenecer a esa comunidad. Schmitt no tuvo la tecnología necesaria para confirmar algo que después sería descubierto, el que la izquierda y sus miedos tienen fundamentos neurobiológicos. 

El tener un concepto de lo político presupone que los pueblos son capaces de poseer un fuerte sentido de quien puede formar parte de ellos, quienes pueden ser sus amigos, y quienes son amenazas para la existencia de la comunidad.

Tener un concepto bien definido de lo político permite definir firmemente las normas de comportamiento y dominación cultural de los espacios cívicos de las comunidades.

Los liberales tienden a negar que el hombre es por naturaleza un animal social, un miembro de un colectivo, de una tribu, de una familia, de una nación.
El pensamiento liberal denigra el sentido de pertenencia a un grupo llamándolo “colectivismo” de forma peyorativa. El mantener una concepción de la naturaleza humana que dice que los hombres pueden evitar guerras a muerte por medio de un ente político administrativo liberal que les da a todos los miembros de ese estado la posibilidad de mejorarse a si mismos y a la sociedad que integran por medio de la competición en los mercados, la innovación tecnológica y la labor humanitaria, toda vez que se crea la atmósfera en la cual las diferencias políticas pueden ser resueltas por medio del consenso pacífico por medio de la deliberación abierta alrededor de una fogata, agarrados de las manos, fumándonos un porro, cantando kumbayáh. 

Eso es una utopía.

Los liberales no quieren admitir en público que sus estados fueron creados de forma violenta por un pueblo con sentido de pertenencia, que afirmaron su soberanía sobre territorios que otros hombres no supieron defender y que compitieron ferozmente y a muerte por el derecho de elevar una bandera sobre ese territorio.
Los liberales no quieren admitir el hecho de que los miembros de los grupos con los cuales compiten por los escasos recursos que hay en el mundo son enemigos potenciales en vez de individuos abstractos que buscan un estado universal que garantiza la felicidad, y la seguridad para todos los miembros de la comunidad, independientemente de la identidad religiosa y racial.

Los hombres tenemos el impulso biológico, genético y natural de identificarnos con aquello que nos es similar en cuestiones étnicas, culturales, raciales, y religiosas.

Hoy día los estados liberales Occidentales han atribuido de forma equívoca que los estados liberales fueron creados por un grupo muy particular de hombres con una herencia muy particular, con valores, creencias, aptitudes, actitudes y orientaciones religiosas. Los liberales no se dan cuenta de que su herencia individualista fue posible dentro del contexto de estados o territorios adquiridos por la fuerza y excluyendo a competidores, y son incapaces de pensar que un estado liberal si quiere mantenerse como tal debe actuar de manera colectiva contra la inclusión de aquellos que no sean Occidentales en las ambiciones y proyectos de su grupo a lo interno.

La interpretación izquierdista de Schmitt es errónea.

Los liberales occidentales tienen enemigos. Musulmanes, santeros, ultraderechistas, fachas, republicanos y naciones que se encuentran en franca oposición a los “valores occidentales” son enemigos del liberalismo pero no por las mismas razones.
Los (((académicos))) de la izquierda se han apropiado de Carl Scmitt y sus ideas para argüir que los liberales de derecha (los libertarios rothbardianos) no han negado lo político sino que simplemente produjeron una cortina de humo muy efectiva sobre la ambición de Occidente de imponer un orden mundial liderado por corporaciones multinacionales que respetan y defienden los derechos humanos.
Los izquierdistas ven a Schmitt como alguien que nos puede enseñar y justificar la remoción de esa cortina de humo democrática, de derechos humanos, y de libertades económicas de la hegemonía Occidental, exponiendo las verdaderas intenciones en la búsqueda de poder detrás de las élites liberales corporativas.

Carl Schmitt y la realidad venezolana

Pese a que la hija de un comunista como Delsa “Botox DuckFace” Solórzano se horrorice porque un magistrado chavista cite a Carl Schmitt, las razones por las cuales lo hace no son las mismas por las cuales uno habría de inhibirse al leer lo que este ideólogo alemán ha escrito y en que contexto.

El abuso de las ideas de Schmitt por parte de la izquierda llega a excesos como los de un magistrado del Tribunal Supremo de Justicia venezolano, que busca de manera tangencial encontrar un lugar común entre un anti-liberal como Schmitt y el liberalismo de chavistas que detestan la misma Constitución que ellos redactaron.
Como se dijo antes, los liberales occidentales tienen enemigos, pero esos enemigos no son tal por las mismas razones.

Carl Schmitt, a diferencia de nuestros magistrados venezolanos, es capaz de distinguir una “dictadura” de una “tiranía” opresora. Las dictaduras aparecen como formas de gobierno que buscan enfrentar emergencias. En la tradición romana, la función de los dictadores era la de confrontar situaciones excepcionales. Los chavistas han reformado la visión de Schmitt, Hobbes, Bodin y Maquiavelo para justificar estados de excepción para suspender elecciones y perpetuarse en el poder, razón por la cual, desde este punto de vista, las dictaduras modernas no están conectadas a ninguna ideología política. Contrario a los análisis de muchos constitucionalistas, la “democracia” no está exenta de ser una dictadura que cualquier otra forma de poder estatal. Es por ello que en Venezuela pese a que hay elecciones, algunos ciudadanos nos atrevemos a llamar al régimen invasor que tiene secuestrado el poder “dictadura”.
Los amantes de las elecciones y de las “fiestas democráticas” en este expaís no sólo se engañan a ellos mismos sino al resto de la sociedad al pensar que son inmunes a convertirse en dictadores y que puedan reconciliar cualquier forma de poder ejecutivo con ideas pragmáticas y llevar a cabo transacciones con grupos de presión político económica en el poder legislativo.

Si ponderamos la identificación de la democracia y el parlamentarismo, la primera parece ser un principio ideológico y abstracto que enmascara ciertas modalidades bien definidas de ejercer el poder, algo muy parecido a lo que Vilfredo Pareto y Gaetano Mosca hicieron.
El ejercicio del poder en las democracias está sujeto a la concepción racionalista del estado que está justificada, por ejemplo en la idea de la separaciób de poderes, el diálogo entre partidos, y el pluralismo ideológico.
Es también la racionalidad de la historia la que nos ha dado las dictaduras del proletariado o los fiascos del diálogo entre el Vaticano, el partido MUD y los Chavistas.

Esta ideología burguesa y liberal engaña a todos al hacer creer que toda la actividad política se debe a las categorías éticas y económicas. Esta ilusión la comparten los socialistas: Que la función del poder público ya no es económica ni social. Que los valores espirituales, históricos, morales, y militares no son legítimos.
Que sólo la economía y los mercados son morales, y eso hace posible que se valide el individualismo comercial al mismo tiempo que se invocan ideales humanitarios.

Esta moralización de la política no sólo corrompe y destruye toda moral verdadera sino que transforma la unidad política de una nación en una sociedad neutralizada donde la función de la soberanía ya no es capaz de defender a los ciudadanos.

El enfoque de Schmitt es el de analizar los fenómenos políticos independientemente de sus presupuestos morales. Su ideología se opone a las ideologías de la Ilustración, a la del Marxismo, y la del humanismo político cristiano.
Estas ideas son utópicas en su capacidad de dar con la conciencia de tener poder y tienden a vaciar lo político al identificarlo con lo malvado, aun cuando lo permitan temporalmente: Caso ejemplar: El Marxismo.

La negación de lo político está necesariamente implícita en la noción liberal de que los seres humanos podemos ser definidos como individuos con derechos naturales. Está implícito en la aspiración liberal de crear un mundo en el cual los grupos y las naciones se relacionen entre sí por medio del intercambio comercial dejando atrás todas sus diferencias.
Ese credo mentiroso es el que nos hace creer que los venezolanos patriotas y de bien podemos convivir con el chavismo. Y es la razón por la cual los opositores de verdad rechazamos dialogar con delincuentes chavistas.
Si no podemos distinguir entre amigo y enemigo, si negamos lo político, entramos en el mundo del engaño del liberalismo en donde toda noción de existencia no está atada a tu pasado, raza, cultura, credo, nación y tribu, sino al concepto de tu existencia actual, de tu “humanidad”.

El objetivo del liberalismo es deshacerse de lo político

Los que nos acusan de anti-políticos son los verdaderos antipolíticos, y son de los más peligrosos y embusteros porque esconden sus intenciones, la de crear sociedades en la cual los hombres se ven a si mismos como miembros de una comunidad dedicada a la búsqueda de la seguridad, comodidad y felicidad. Los liberales asumen que los grupos humanos en disputa por escasos recursos no pueden ser amenazas entre sí, pero que en vez de ello pueden ser socializados gradualmente para convertirse en miembros de esa sociedad “humana” que no valora el honor de pertenecer a un grupo que reafirma su imperativo moral de existir etno-culturalmente.

Es por ello que Carl Schmitt tiene razón al decir que los liberales carecen de un concepto de lo político. ya que lo político presupone que los hombres nos organizamos en grupos que somos existencialmente distintos unos de otros.
Por eso no nos podemos reconciliar con el chavismo, ni con el foro de Sao Paulo.

Los estados liberales occidentales antes de la Segunda Guerra Civil Europea y los años 60 tenían políticas migratorias que excluían a inmigrantes procedentes de culturas retrógradas, incluso en Venezuela, y estos estados tenían esas políticas porque consideraban que esos invasores eran una amenaza para el carácter nacional.
Los que reformaron las leyes migratorias en Occidente para dejar entrar a todo el mundo no se dieron cuenta que fue su sentido de identidad racial el que mantuvo a sus países culturalmente unidos durante años bajo el concepto de lo político.
Cuando este bastión colectivista fue desmontado, las naciones liberales se hallaron en una espiral de radicalización que les hizo extremadamente complicado decidir que grupos raciales podrían constituir una amenaza para su carácter nacional, y cuales grupos estaban ocultos dentro de sus fronteras listos para activarse políticamente sin restricciones para promover sus propios intereses étnicos: Para jugar al liberalismo y hablar el idioma universal de esta doctrina contra los blancos etnocéntricos.

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