Cuando la izquierda nos arrebata el entretenimiento: Premios (((Oscar))) 2017

La La Land puede que no se haya ganado el Oscar a Mejor Película, pero sigue siendo el mundo de fantasía liberal en el cual las celebridades izquierdistas viven.

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Desde que era muy pequeño siempre he visto los premios de la Academia, comencé a verlos con mi mamá y siempre ha sido una especie de tradición el ir a ver todas las películas de cartelera, y más recientemente descargarlas para poderlas ver.

(((Hollywood))) siempre ha sido completamente (((liberal))), es un resultado de la marcha de los marxistas culturales a lo largo de los años por todas las instituciones.

Ya hemos comentado previamente el cómo el arte, que debe ser algo que nos inspire, nos abra horizontes y nos haga reflexionar hoy día es algo vago, vacío, carente de valores inspiradores y de historias que nos hagan crecer e imaginar.

Últimamente el cine no es así, está repleto de historias de personajes que no dejan ningún tipo de enseñanza ni moraleja constructiva para nosotros, el sentido de lo heroico se ha perdido, y la mayoría de las historias que la (((izquierda))) considera inspiradoras están llenas de sentimientos de auto-intolerancia, self loathing, repulsión hacia todo lo que huela a nacionalismos, ideas prospectiva de self affirmation y un desacoplamiento de lo propio.

La noche de ayer, en el Teatro Dolby de Los Ángeles, en la República Popular de California, se llevó a cabo la octogésima novena entrega de los premios de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas, los famosos Oscar, cientos de (((Celebridades))), tan amantes de los refugiados que son incapaces de darles refugio a alguno en sus gigantescas mansiones desfilaban por la alfombra roja con sus vestidos, trajes y joyería de incontables diseñadores, una gala de varios cientos de millones de dólares que la prensa mainstream constantemente exalta a niveles de adoración casi de semi-dioses.

Basta que alguna celebridad o algún mortal muestre algún tipo de espiritualidad para que sea criticada duramente por los medios, que siempre hacen alarde de su secularismo, pero cuando se idolatran los vestidos y la actuación de Meryl Streep, ahí si no hay ningún tipo de conflicto, porque total…es el año en curso y es Meryl fucking Streep.

El show comenzó con un performance de Justin Timberlake bastante bueno, sin ningún tipo de declaración política, pero tan pronto como el anfitrión de la gala, Jimmy Kimmel tomó el escenario, comenzó una especie de misa de la izquierda: No habían pasado cinco minutos de su monólogo cuando hizo referencia a los millones de personas que veían los premios en otros países que ahora odian a los EEUU, en abierta referencia al anti-americanismo que se exalta cada vez que un republicano está en la Casa Blanca.

Los proletarios de la República Popular de California no parecen superar que Donald Trump es el presidente y que no hay nada que puedan hacer al respecto, por eso Jimmy Kimmel en su presentación nos recordó porque a Hollywood le dicen burlonamente “La La Land”.

Esto de inmediato me trajo recuerdos de cuando Michael Moore se metió con George W. Bush al pronunciar su discurso de aceptación por haber ganado el Oscar a mejor documental por Bowling for Columbine.

 

Jimmy Kimmel también se dio cuenta de que con su grandilocuencia desde un teatro repleto de millonarios ñángaras no podía reparar la supuesta división que aqueja a la nación norteamericana y por ello hizo referencia a Mel Gibson, al decir que él era el “único corazón valiente” en  el teatro pero que el tampoco iba a unir a los Estados Unidos.

A menos de diez minutos de monólogo ya había surgido la primera referencia a Donald Trump directamente cuando Kimmel agradeció al presidente norteamericano por haber hecho que los Oscar del año pasado  no parecieran racistas.

Esto forma parte de una estrategia por parte de la izquierda hollywoodense bastante bien organizada: Por una parte insisten en no querer dejar atrás el pasado porque en la entrega anterior surgieron protestas en las cuales las minorías reclamaban el hecho de que no habían artistas inmigrantes y negros nominados nominados a ninguna categoría, entonces los robots que escupen tuits tomaron esa (((red social))) por tormenta con la etiqueta #OscarsSoWhite.
Los blancos no hacemos protestas en twitter cuando el juego de las estrellas de la NBA es “muy negro” porque no hay ningún jugador blanco en el róster. La evidente falta de talento de ciertos demográficos en algunas disciplinas no se resuelve creando cuotas y dándoles premios por  tener un color de piel más oscuro. La discrminación positiva sigue siendo discriminación.
Por otra parte, la estrategia de ese monólogo de Jimmy Kimmel busca hacer lucir a Donald Trump como la personificación del odio para desviar la atención que uno de los demográficos más racistas, etnocentristas, discriminatorios es la (((tribu))) que habita (((Hollywood))).

Pero Kimmel decidió llevar las cosas a extremos mayores cuando hizo que las ovejas hollywoodenses le dieran una ovación de pie a Meryl Streep para defenderla de los perversos y dolorosos tuits que escribió el presidente Trump en respuesta al discurso de aceptación que esa actriz dio en la gala de los premios Golden Globes de este año.
El presentador de los Oscar quiso tensar la cuerda política aun un poco más al preguntarle en medio de la ovación a Streep si su vestido era de Ivanka Trump, para atizar la controversia en la cual una tienda por departamentos americana decidió sacar las prendas de la colección de la marca personal hija del presidente de sus estantes.
Kimmel termina su monólogo diciendo a los nominados que muchos de ellos darían discursos de agradecimiento al ganar su Oscar que provocarían la reacción del presidente Trump a las cinco de mañana, en forma de tuits iracundos enviados mientras se sienta a evacuar.
Si los Oscar deben ser una gala de buen gusto y moda, hacer referencias sobre los movimientos intestinales del primer mandatario de Estados Unidos en un monólogo introductor le quitan bastante nivel a esos premios.

¿Quien diablos escribe el libreto de esos monólogos?
El humor debería dar risa.

Después de la pausa comercial Kimmel decide decirle a la corresponsalía de CNN, New York Times y a otros medios que por favor se retiraran del teatro porque en esos galardones no se toleran Fake News, de nuevo otro ataque hacia la administración Trump que días antes había decidido revocar las credenciales a los corresponsales de esas cadenas para cubrir las ruedas de prensa de la Casa Blanca.

El primer premio entregado, el de Mejor actor de reparto fue para Mahershala Ali. Que curioso que un año después de que le reclaman a los Oscar que sólo le dan premios a gente blanca, el primer premio que entregaban esa noche era para un negro.
Tampoco fue nada asombroso el hecho de que una cinta iraní ganara el galardón a mejor film en idioma extranjero y que su productor, Asghar Farhadi haya boicoteado la ceremonia debido a que la administración Trump prohibió que los ciudadanos de siete países que apoyan el terrorismo islámico viajen a EEUU, por eso puso a una mujer a leer un comunicado al aceptar el premio por él.

Es un gran honor recibir este gran precio por segunda vez. Me gustaría agradecer a los miembros de la academia y a mi equipo en Irán, a mi productor, a Amazon y a los que nominaron junto a mi. Lamento no estar con ustedes esta noche. Mi ausencia se debe por el respeto que le debo al pueblo de mi país, y a las seis otras naciones a las que se les ha faltado el respeto con esta ley inhumana que prohibe la entrada de inmigrantes a los Estados Unidos y que divide al mundo.
Dividir al mundo entre nosotros y los otros y colocar a los otros en la categoría de enemigos crea miedo. Y es una justificación engañosa para la agresión y la guerra. Estas guerras previenen que la democracia y los derechos humanos triunfen en países que han sido las víctimas de la agresión.
Los cineastes pueden poner sus lentes en estos países y pueden capturar las calidades humanas que tenemos en común y romper con los estereotipos de las varias nacionalidades y religiones. Los cineastas crean empatía entre nosotros y los otros. Una empatía que necesitamos hoy mas que nunca. De parte  del señor Farhadi, muchas gracias.

-Discurso de aceptación leído por Anousheh Ansari durante la entrega del galardón a mejor cinta en idioma extranjero.

Yo pienso que si el señor Farhadi fuera tan campeón de las causas justas y los derechos humanos, denunciaría el asesinato de homosexuales, el cruento trato hacia la mujer iraní y la censura a la prensa en su país de origen, pero no lo hizo. De igual manera, el Ministro de Relaciones Iraní envió un tuit felicitando a los productores de la cinta y exaltando el hecho de que se protestara en contra del veto presidencial contra el terrorismo musulmán, un tuit que después fue borrado.

Es muy irónico que un iraní le de lecciones de derechos humanos y de amigos y enemigos a los Estados Unidos de América. ¿Cuándo fue la última vez que vimos a un iraní reclamar que los israelitas no pueden visitar Irán?

A lo largo de la entrega de premios vimos muchos discursos de aceptación cargados de política. El ganador de mejor maquillaje dijo que ese premio estaba dedicado a “todos los inmigrantes”. La izquierda no hace distinción entre un inmigrante ilegal sin papeles y alguien que es extranjero y tiene sus documentos en regla.

El ganador del Premio de la Academia a Mejor Documental comparo de forma fraudulenta a las víctimas de O.J. Simpson con otras supuestas víctimas de violencia policial y de racismo.
Resulta que las víctimas de O.J., Nicole Brown y Ron Goldman fueron brutalmente asesinadas por un ex-jugador de fútbol americano que perdió la cabeza y mató a su esposa, una mujer blanca de la que abusó durante años y a un tipo que estaba en esa casa en el lugar y en el momento equivocado.

Cuando Jimmy Kimmel presentó al presidente de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas hizo referencia a que la presidencia de la academia valoraba “tanto las artes como las ciencias”, en abierta referencia al estereotipo de que los republicanos no valoramos la ciencia por abrazar nuestras Biblias. Y el discurso de la presidencia de la Academia también estuvo fuertemente politizado, cuando expresa que para la Academia “el arte no tiene fronteras, idiomas, o fe, y que nos une, independiente del país de origen” –Imagine there’s no country, it’s easy if you try- does that ring a bell?

Cuando Viola Davis se ganó el Oscar a mejor Actriz de reparto, de forma muy arrogante expresó que aquellos que están en las artes son la única profesión que celebra lo que significa vivir una vida. – Como médico me pregunto si esta mujer sabe que los que estamos en las ciencias de la salud preservamos con nuestra labor la vida de la gente.
Pero viniendo de un colectivo que acude a la gala con prendedores de Planned Parenthood, una organización que practica abortos a sietemesinos y que luego vende los restos de esos seres humanos para la investigación en células madre, no valoro mucho ese tipo de afirmaciones.

El mexicano que le tocó presentar los nominados al galardón de mejor cinta animada decidió hacerle saber que el está en contra de los muros en México, unas afirmaciones completamente fuera de lugar.
“Los actores de carne y hueso son trabajadores inmigrantes, viajamos por el mundo, construimos familias, construimos historias, y construimos vidas que no pueden ser divididas. Como mexicano, como latinoamericano, como un inmigrante, como un ser humano, estoy en contra de toda forma de muro que nos busque separar”. – a ese mexicano sólo le faltó ponerse a gritar “He will not divide us” como Shia LaBeouf  en una calle neoyorquina junto con otros millenials con enfermedades mentales.

Y lo más extraño de la noche fue cuando Warren Beatty y Faye Dunaway presentaron el Galardón a Mejor Película. En un momento incómodo Faye Dunaway lee la tarjeta que contenía el sobre anunciando que el musical La La Land había ganado el Oscar, el equipo de producción de La La Land, los actores, actrices y directores suben al escenario y dos de ellos dan sus discursos de aceptación, curiosamente sin haber politizado el asunto para luego ser interrumpidos por el equipo de producción de los galardones, anunciando que había un error y que la cinta ganadora era Moonlight, una cinta sobre un negro maricón y pobre, en vez de la muy blanca La La Land.

Yo no percibí una diferencia discernible entre el grupo de millonarios que hicieron La La Land y que decían en sus discursos de aceptación que buscan usar su trabajo para crear y ser heraldos de la igualdad, diversidad, inclusión, tolerancia, paz y amor y el otro grupo de millonarios que produjeron Moonlight y dicen al aceptar el galardón que quieren inspirar a la gente, a “niños negros y niñas marrones” y a otros que nos ven desde la casa “sintiéndose marginaliados”.

La La Land puede que no se haya ganado el Oscar a Mejor Película, pero sigue siendo el mundo de fantasía liberal en el cual las celebridades izquierdistas viven.

Los oscars dieron sueño, más de una vez me quedé medio dormido durante la transmisión y ocasionalmente abría la guía de canales para ver que otra cosa había en la tele. 

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