Lo que no te cuentan sobre Donald Trump y los inmigrantes ilegales

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El seis de junio de 2015, en la Torre Trump de la Ciudad de Nueva York, Donald Trump anunciaba su candidatura presidencial.
Sus palabras le dieron la vuelta al mundo.
Esto fue lo que dijo:

Cuando México manda a su gente, no envían a los mejores. No los están enviando a ustedes. Están mandando gente que tiene muchos problemas y esa gente trae consigo esos problemas. Traen drogas, crimen, son violadores. Y algunos, yo asumo que son buenas personas. Pero yo hablo con los guardias fronterizos y ellos me cuentan que eso es lo que estamos obteniendo.

Ese día el mundo se dividió en dos grupos.
El primer grupo creyó que el mundo estaba dividido entre racistas y el resto del mundo bueno y decente.
El segundo grupo se cansó de que el primer grupo dominara la conversación.

Es interesante notar que en 2013, Ted Cruz estaba llevando adelante un lobby en el senado para militarizar la frontera de Estados Unidos y nadie hizo un alboroto de tal magnitud como el que se dio por Donald Trump.

Lo que Ted Cruz no pudo lograr pero Donald Trump si, fue capitalizar la rabia que millones de hombres y mujeres sienten en contra de una nueva forma de censura que domina el léxico de la sociedad americana: La corrección política.

Donald Trump no dice cosas “crueles”, “sexistas”, “racistas”, etc. para enfadar a la gente.
La gente se enfada con las cosas que Trump dice porque han aprendido a no decir lo que piensan para herir susceptibilidades ajenas toda vez que hieren su capacidad de poder expresarse.
Los americanos y en líneas generales la civilización occidental se han cansado de este tipo de comportamientos.

Los medios y sus analistas se esmeraron desde el anuncio de la candidatura del magnate neoyorquino en atacarlo, juntaron voluntades de todo tipo de minorías, buscaron a todo aquel que haya tenido una desavenencia con ese hombre, escribieron, entrevistaron, hicieron documentales, memes, y cuanto audiovisual a usted se le pueda ocurrir para torpedear su meteórico ascenso.
Y esto lo hicieron con la esperanza de que el carácter masculino, autoritario, soberbio hicieran que cayera en los sondeos y en los resultados de las primarias.
El resultado fue exactamente el opuesto.

La izquierda americana e internacional entró en pánico y empezó a hacer cuanto análisis de teoría crítica se les ocurrió para vincular el éxito de Donald Trump con las raíces del racismo institucionalizado.

Cuando la popularidad de Trump comenzó a aumentar después de sus declaraciones sobre la política migratoria de EEUU y la forma en la que los medios las reseñaron nos pudimos dar cuenta de una cosa: La izquierda ataca a Donald Trump para silenciarlo ya que puso en tela de juicio una política de inmigración que es nociva para los ciudadanos norteamericanos, particularmente a los negros.

Los negros son un demográfico que se ve afectado por la ola de inmigrantes que derrumban salarios y toman puestos de trabajo de ciudadanos americanos.
Los negros fueron traídos a ese país como esclavos, fueron liberados por los Republicanos, fueron discriminados (en su gran mayoría) por los demócratas, hasta que los republicanos lograron pasar un grupo de leyes que acabaron con la segregación.
A raíz de eso, los negros han obtenido toda una serie de prebendas y privilegios que ningún otro demográfico podría tener en EEUU, desde pensiones hasta poder elegir que palabras pueden usar otras razas para identificarlos.
Muchos lobbies inmigrantes creen que pueden hacer lo mismo y la realidad es que no pueden.

Los grupos de presión política a favor de la inmigración han incluso buscado hacerse con la historia negra de los EEUU.
EEUU enmendó su constitución en materia de derechos de propiedad privada y libertades, crearon enormes programas de seguridad social, discriminación positiva, cuotas raciales y hasta criminalizaron el uso de ciertas palabras para los ciudadanos de raza negra de ese país. No lo hicieron para que la izquierda reformara el significado de los derechos civiles para que significaran el derecho a poder abortar un embarazo, que una lesbiana llevara a su novia a un baile en la secundaria, y el derecho de los extranjeros a tener boletas de votación en Estados Unidos impresas en su idioma nativo.

La izquierda, de forma irracional se apropió de la experiencia de la raza negra en EEUU y se la entregó en bandeja de plata a los inmigrantes.

Los demócratas no podrán aceptar nunca el hecho de que “los derechos civiles” fueron un intento de corrección muy específico de severas injusticias que le fueron cometidas a los negros de la mano de los mismos demócratas.

Los inmigrantes no pueden hacerse los ofendidos porque un candidato a la presidencia diga que tiene que haber una reforma de las leyes migratorias de su país.

Se entiende perfectamente que el candidato republicano no está estereotipando a todos los mexicanos e inmigrantes como violadores.
Pero si las tasas de crimen per cáspita son mayores entre ciertos grupos de inmigrantes que otros, entonces:

  • ¿Por qué los americanos no habrían de tener la audacia de querer hablar sobre ello y formular políticas migratorias que vayan acorde a la idea de resolver ese tipo de problemas?
  • ¿A partir de cuando los inmigrantes se convirtieron en un grupo de interés y presión política especial con mayor relevancia que los mismos ciudadanos americanos?

La respuesta se encuentra en el legado de la ley de inmigración de 1965 que llevó adelante el clan Kennedy.
El consultor del partido demócrata Patrick Reddy escribió en un reporte de 1998 que “esta ley ha tenido como consecuencia una ola de inmigración del Tercer Mundo que empujará a la nación más hacia la izquierda dentro de una generación, ese será el legado más grande de los Kennedy al partido Demócrata”.
Los demócratas a lo largo de la historia han intentado convencer a mucha gente que les voten, pero no lo logran, en particular entre los blancos.
Con la única excepción de la victoria electoral de Lyndon Johnson en 1964, los demócratas han sido incapaces de obtener una buena mayoría del voto de los blancos en ese país desde 1948. 
Es por ello que los demócratas y la izquierda en general prefieren importar votantes que ganarse los votos de los ciudadanos de sus países.

En 1980 durante el entonces presidente de EEUU Jimmy Carter ofreció aceptar a cualquier cubano que quisiera ir a ese país. Fidel Castro se deshizo de la población carcelaria en lo que se conoció como el éxodo de Mariel.
Este folleto, redactado por el gobierno mexicano le da tips a sus ciudadanos para emigrar forma ilegal hacia Estados Unidos.

Estados Unidos NO es una “nación de inmigrantes”, ni EEUU es “una idea”.
Si ese país fuese una idea, todos los países del mundo fueran como EEUU, los aztecas, mayas e incas, y demás buenos salvajes habrían escrito la Declaración de Independencia y hubiesen puesto satélites en la órbita.
Los indígenas no descubrieron este continente, y el argumento de que estaban aquí primero antes que nadie y eso los constituye a ellos como nación es absolutamente falso y pervierte la noción fundamental de que la colonia creó la nación en el continente americano.

La idea de que los EEUU pudieran existir surge a raíz de que hubo colonos holandeses y británicos decidieron montarse en un barco y navegar hasta el continente americano.

Eso no los hace inmigrantes porque no había ninguna sociedad establecida con el conocimiento suficiente para aceptarlos. De no ser por los colonizadores blancos. la idea de los EEUU serían un montón de salvajes hambrientos persiguiendo un búfalo.

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