Recordando a Frédéric Bastiat

Bastiat

Claude Frédéric Bastiat nació el 30 de junio de 1801 en la ciudad portuaria de Bayona, en la región Aquitania del sur de Francia, hijo de un prominente empresario de esa ciudad, vio morir a su madre a la edad de siete años y a su padre a los once. Quedando huérfano fue criado por su abuelo paterno y su tía.
Acude a una escuela en Bayona y luego una en Sorèze, a los 17 años decide comenzar a trabajar en la empresa de su padre y esto fue crucial en su vida, ya que le permitió conocer cómo funcionaban las empresas y el conocimiento del mundo empresarial moldeó mucho de lo que sería su pensamiento y obra política.
Bastiat maduró durante las guerras Napoleónicas, en donde pudo notar la enorme influencia que tuvieron las instituciones gubernamentales en el libre ejercicio de la actividad empresarial y los asuntos económicos. Es en esa época en la cual Bastiat desarrolla un interés intelectual y planea dejar de trabajar en la empresa que pertenecía a su padre para irse a estudiar a París, pero su abuelo cayó enfermo y esto le impide su viaje de estudios. Cuando su abuelo muere, Bastiat tiene 24 años y hereda las tierras y negocios de su familia, lo cual le da los medios para interesarse en las áreas de estudio que siempre le llamaron la atención: Filosofía, historia, política, poesía, religión y geografía.
Bastiat fue un hombre que vivió momentos de la historia francesa que marcaron profundamente a todos los que les tocó vivirla. La revolución, o mejor dicho, las revoluciones francesas fueron cruentas, salvajes, sangrientas y repletas de profundo discurso ideológico que no sólo mancharon de rojo las calles parisinas sino que hicieron muy miserables a las zonas rurales de ese país. Los ejércitos marchaban sobre los campos de cultivo, saqueaban, arrasaban y dejaban destrucción a su paso. Bastiat no estuvo aislado de esa realidad, le tocó formar parte de ella en un mayor o menor grado. Luego de la revolución de 1830 las “Trois Glorieuses” que vieron el derrocamiento del monarca Borbón francés Carlos X y el ascenso de su primo Luis Felipe, el Duque de Orleans, lo cual marcó el reemplazo del poder de forma hereditaria por uno de soberanía popular.
Fue en esos años que Bastiat decide volverse un activista político y es electo Juez de Paz en Mugron en el año de 1831 y al año siguiente es electo miembro del Consejo General (equivalente al poder legislativo de los condados).
En 1848 es electo como miembro de la Asamblea Nacional de Francia en donde se dedicó a hacerle oposición a los socialistas de la época.
Su vida de servicio público duró muy poco, porque en 1848 se enferma de tuberculosis, probablemente de tanto trajinar en su labor política por la insalubre París atestada y la Francia rural. La tos y la fiebre le impidieron seguir dando discursos y por orden de sus médicos viaja a Pisa, Italia para tratarse y luego muere un 24 de diciembre de 1850 en Roma.

La obra de Bastiat es bastante amplia, fue autor de varios ensayos sobre economía política que aun hoy en día tienen vigencia, su redacción es bastante clara, organizada, llena de una argumentación directa y mordazmente inteligente.
Su obra es usada hoy en día por los liberales y libertarios para justificar la existencia de un estado limitado. Influenciado por Adam Smith, Richard Cobden, Jean Baptiste Say, Charles Comte y Charles Dunoyer, Bastiat proponía que el libre mercado era una fuente de armonía del tipo económico entre los hombres y que el rol de los gobiernos era el de proteger las vidas, libertades individuales y propiedades de los ciudadanos de un país.

Uno de los mejores escritos de Frédéric Bastiat se llama “La Ley”, fue escrito en 1850, unos meses antes de que muriera, en ese libro afirma que cada uno de los hombres tiene el derecho divino de defender sus libertades, su propiedad y su vida.  Y plantea que el estado es la sustitución de la fuerza común por el reemplazo de las fuerzas individuales para defender ese derecho.
Bastiat en ese libro plantea que las leyes deben tener el propósito de defender a los ciudadanos de los excesos que pueda cometer la autoridad, y que las leyes deben evitar cualquier forma de saqueo.
Bastiat como fuerte creyente de los derechos naturales: Vida, libertad y propiedad ha sido usado e incluso abusado por la derecha libertaria contemporánea para justificar que el mercado tiene la potestad de poder de regir las vidas de los hombres.  Para muchos libertarios y liberales, la existencia de subsidios, asistencia social, educación pública son cosas que no deberían existir bajo ningún concepto ya que existe un sector privado que puede prestar ese tipo de servicios de forma mejor que el Estado.
Lo que los liberales y libertarios ignoran de la obra de Bastiat estaba de acuerdo con la existencia de estas figuras en casos muy particulares.

La retórica de Frédéric Bastiat en contra de los socialistas es bastante mordaz, aguda y directo a la fibra que describe el carácter de ese tipo de hombres. Creo que si Bastiat hubiese conocido la teoría de r/K, habría logrado definir muchísimo más radicalmente la forma en la que los socialistas piensan.

En su obra “La Ley”, Bastiat considera que la principal causa de las revoluciones en Francia fue el poder inconmensurable del gobierno y de cómo éste abusaba de sus pueblos, también notó la vena totalitaria de los socialistas, que buscan vestirse de pueblo para tomar el poder y tener procederes aun más criminales que los del Ancien régime. Cuando Bastiat escribe este panfleto lo hace con la intención deliberada de poner un freno a las ideas de socialistas de expansión agresiva de las competencias gubernamentales que imperaban en la Francia de la época y de cómo esas ideas puestas en práctica traían efectos nocivos sobre la vida de los hombres. Como mucha gente de hoy día, los franceses de aquella época estaban convencidos que el único que debe prestar asistencia a los más necesitados es el gobierno. Bastiat difería de este concepto y consideraba que la caridad es y debe ser voluntaria, ya que nace de la bondad y las buenas intenciones y el interés de los hombres en ayudar a su prójimo, por lo cual decretar la caridad constituiría la aniquilación de su raison d’être. Otro aspecto muy interesante de la obra de Bastiat es de cómo la ley es pervertida por los socialistas, que la usan a su antojo para lograr sus procederes y de cómo ésta práctica desvirtúa el propósito de la ley en sí misma, que es la de proteger a los más débiles. El obstáculo más grande para la prosperidad de los pueblos son sus propios gobiernos si a éstos se les permite hacer a sus anchas.

Debemos recordar una cosa, este hombre vivió en una época previa a lo que luego sería el socialismo científico. Mientras Bastiat estaba derogando leyes socialistas en la Asamblea Nacional, un joven y soberbio Marx conocía a Engels en un café parisino comenzando una amistad que cambiaría la historia del mundo: El Comunismo.
Mientras Karl Marx comenzaba a escribir El Capital, en el cual proponía la noción socialista de la lucha de clases, en la cual las ganancias económicas de los capitalistas provenían a expensas del trabajo de los obreros  y dicha noción (de por sí mentirosa) tomaba popularidad en la Europa de esas épocas, ya Bastiat había escrito “Armonías Económicas”, en la cual decía que los intereses de la humanidad son esencialmente armoniosos si pueden ser cultivados en una sociedad de libertades en la cual el gobierno confina sus responsabilidades y se dedica a poner en su sitio a violadores, ladrones, saqueadores, delincuentes, asesinos y estafadores que buscan usar el poder de las armas del estado para saquear a quienes se ganan su dinero de forma limpia.

Si Bastiat viviera, se lamentaría al ver que su mayor temor expresado en su obra se hizo realidad: Que conforme crecen los gobiernos, disminuyen las libertades.
Todos los políticos de Latinoamérica deberían leer este tipo de obras ya que el Socialismo ha sido una de las peores calamidades que se han cernido sobre el continente americano, Cuba, Venezuela, Bolivia, Argentina, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Brasil, etc. tienen gobiernos que quieren tanto a los pobres que los multiplican, y los políticos latinoamericanos, esos que tanto les gustan las prebendas y los privilegios. Son esos políticos latinoamericanos los que usan las armas que la ciudadanía les confió para abusar de sus gobernados.
Yo no me considero liberal, sin embargo considero que en la obra de Bastiat, que propone un gobierno con funciones claras y definidas, limitado y fiscalmente responsable hay cosas que podríamos utilizar para construir un mejor país y un mejor destino.

Así como en la cabecera de muchos dictadores está mil novecientos ochenta y cuatro de George Orwell, en la cabecera de muchos legisladores jóvenes debería estar La Ley de Bastiat.

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