El Suicidio de Occidente

James Burnham nació el 22 de noviembre de 1905 y murió el 28 de julio de 1987, fue un teórico de la política en Estados Unidos, inicialmente fue un comunista, pero luego abandonó las ideas genocidas del marxismo y se convirtió en un defensor de la derecha política conservadora de ese país.
Fue miembro del (((Trotskista))) partido de los Trabajadores de EEUU y vio cómo el marxismo cultural gramsciano marchó a través de las instituciones de occidente así como los criminales procederes de los soviéticos en Polonia, Latvia, Lituania, Checoslovaquia, Bulgaria y Estonia lo alejaron de sus preferencias por ese tipo de ideas.
Es muy conocido por su libro “The Managerial Revolution”, que incluso influenció a George Orwell a escribir sobre ese libro en un ensayo. Sin embargo hoy me quiero enfocar en otro de sus títulos llamado “El Suicidio de Occidente”, del cual decidí extraer un par de pasajes sobre el liberalismo (libertario) y sus efectos deletéreos sobre nuestra sociedad.

aquí el texto:

En su práctica histórica, así como doctrina ideológica, el liberalismo siempre ha operado de manera ntarueal como una tendencia opositora al orden establecido.
Por lo que el liberalismo siempre ha hecho énfasis en cambios, reformas, la ruptura con los hábitos, bien sea en la forma de las viejas costumbres o viejas instituciones, razón por la cual el liberalismo ha sido y continúa siendo primariamente negativo en su impacto en la sociedad, a tal punto que el liberalismo ha llegado a justificarse históricamente con logros negativos y destructivos.
La indignación selectiva del liberal se controla por sus sentimientos de culpa hacia los pobres y oprimidos que ganan inmunidad de la condenación moral reservada para los poderosos, opresores, privilegiados y para el liberal en sí mismo, que está inmune a los defectos que ve en los demás toda vez que no puede evidenciar los suyos.
Estas iniquidades no es posible ni deseable eliminarlas entre los seres humanos. Aunque es caritativo y prudente tomar medidas razonables para limitar la extrema iniquidad. El intento obsesivo de eliminar las iniquidades por medio de reformas sociales y sanciones provoca amargura y trastornos y sólo sustituye iniquidades viejas por nuevas iniquidades.

Hay causas biológicas, psicológicas y morales así como sociales de los mayores males de la historia.

Un programa de reforma social combinado con una aproximación meramente permisiva, educativa y reformista de aquellos que encarnan los males de la sociedad no tendrá ningún efecto en curar las sociedades enfermas, lo cual es es imposible. Pero en la práctica, estas reformas fomentan y protegen esos males a lo interno y no logran proteger los factores sanos de la sociedad de la victimización.

El liberalismo confronta un dilema práctico del cual no puede escapar: O se extienden las libertades a aquellos que no son liberales e incluso a quienes cuyo propósito deliberado es destruir a la sociedad liberal, o niega sus propios principios, restringe libertades y practica la discriminación.

Debe haber algo fundamentalmente incorrecto con una doctrina que sólo puede sobrevivir al aplicar de forma contradictora y violar de forma deliberada sus principios fundamentales.

Las disputas entre grupos, clases, y naciones pueden y deben ser resueltas por medio de discusiones libres y compromisos sólo cuando las disputas están entre un rango de marcos de ideas e intereses compartidos.

Cuando las disputas surgen de un choque de intereses básicos y se oponen a ideas fundamentales, no se pueden resolver por negociación y compromiso sino por el poder, coerción e incluso hasta la guerra.

El liberalismo le permite a la civilización occidental reconciliarse con su disolución y su función  y sus fórmulas les permite servir ese propósitos hasta la culminación de su objetivo porque incluso si la civilizaron occidental es eliminada o si colapsa en su totalidad, nosotros o nuestros hijos podremos ver ese final, por la luz de los principios del liberalismo no como una derrota final, sino como la transición hacia un orden nuevo y mayor en el cual la humanidad como un todo se une en una civilización universal que ha surgido de las distinciones parroquiales, divisiones y la discriminación del pasado.

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