La metapolítica de Tintin

Tintin

Éste es el tercer artículo que escribo sobre héroes, e historietas, el primero lo puedes leer aquí, y el segundo lo puedes leer aquí.

Tintin es el personaje central de una serie de historietas desarrolladas por Georges Prosper Remi (mejor conocido como Hergé), en ellas se narran las aventuras de Tintin, un periodista de investigación radicado en Bélgica que viaja por el mundo con su perro Milú y las amistades que desarrolla a lo largo de los múltiples arcos de historias que Hergé desarrolló a lo largo 23 libros escritos en un período de 47 años, traducidos en 58 idiomas y con millones de copias vendidas.

Hergé nació en Bélgica a principios del siglo pasado en una familia católica blanca de clase media, comenzó su carrera en las artes gráficas como ilustrador de revistas de escultismo donde desarrolló su primer cómic y menos conocido, Las Aventuras de Totor, poco tiempo después comenzó a trabajar en el periódico Le Vingtième Siècle (El siglo XX), una publicación de corriente nacionalista católica, dirigida por el sacerdote católico Norbert Wallez, quien comisiona a Hergé a hacer una tira cómica para el suplemento de historietas de esa publicación, Le Petit Vingtième. 
Hergé comienza en Le Petit Vingtième ilustrando historias escritas por otras personas, hasta que Wallez se da cuenta de su potencial, y lo invita a escribir una historieta que buscara influenciar a la juventud en el pensamiento conservador nacionalista belga.

El diario Le Petit Vingtième tuvo como corresponsal en su momento a Leon Degrelle quien fuera luego el líder del movimiento fascista belga, según algunos autores nacionalistas, Hergé se basó en Degrelle para desarrollar el personaje, y se basan en el parecido físico de Tintin, su vestimenta y procederes, estas afirmaciones tienen un asidero en las declaraciones que dio Hergé el 30 de diciembre de 1975 en las cuales dijo que Leon Degrelle lo había introducido al cómic, unas declaraciones que persiguieron a Hergé durante mucho tiempo pues ciertos demográficos que ganaron la Segunda Guerra Mundial consideraron que su obra estaba cargada de odio y propaganda fascista. Razón por la cual Hergé es considerado un tema tabú en muchos círculos intelectuales del liberalismo, ya que toca temas que eran contemporáneos para la época.

Tras la invasión alemana de Bélgica, el diario fue cerrado por ser de abierta corriente a favor de la Iglesia, que era considerada un factor desestabilizador por las fuerzas de ocupación alemanas. Hergé decide aceptar la oferta de trabajo que le dan en el diario Le Soir, uno de circulación mucho mayor en Bélgica y decide escribir historietas menos cargadas de contenido político.
Hergé tuvo que sufrir una transformación política para poder mantenerse a flote como caricaturista en los medios donde se desenvolvía, la corrección política, el desprecio por los nacionalismos y la guerra llevaron al autor de exaltar los aspectos más heroicos y patrios en su obra inicial a pasar a tocar temas que causaban mucha menos controversia, toda vez que la presión de sus editores por cambiar y alterar el contenido de sus caricaturas para hacerlas más políticamente correctas de modo tal de que ciertos demográficos y grupos de presión no se sintieran ofendidos.
Hergé, quien describió a Norbert Wallez como “el hombre que me hizo darme cuenta de quien yo era”, que se vio influenciado por Leon Degrelle y el nacionalismo europeo tuvo que adaptar su discurso hacia uno más liberal, a tal punto que le cuenta a Numa Saddoul en su libro “Tintin y yo” que mucho de lo que el escribió fue el “resultado de estar rodeado de una sociedad burguesa”.

Más allá de las orientaciones y evolución política del autor a lo largo de los años, en las aventuras de Tintin podemos ver cómo Hergé destiló aspectos de la política, las guerras civiles europeas, su vida y la vida diaria de los europeos.

Tintin es un personaje audaz, se enfrenta a múltiples peligros, retos, acertijos, intrigas y conspiraciones y sale airoso de ellas, ataviado en clásicos pantalones de golf, chemisse de cuello blanco y suéter azul, se nos presenta como un personaje étnicamente blanco europeo. Hergé definió a Tintin como una proyección de si mismo, un héroe sin miedo o defectos. En Tintin yace el deseo consciente de que el héroe no tiene defectos, que es un hombre que no se adapta al mundo sino que hace que el mundo se adapte a él.
Buena parte de los aspectos más derechistas de Tintin tienen asidero en la formación católica conservadora de Hergé y el entorno nacionalista en donde él se tuvo que desenvolver. La profunda influencia de su amigo Norbert Wallez, llevó a Hergé a desarrollar los aspectos más duros y heroicos de Tintin en ese cómic.
El concepto de lo pecaminoso atormentó a Hergé durante décadas, incluso acudió a un psiquiatra para atender sus deseo e impulsos de pureza, se confesaba amante del color blanco y lo desarrolló magistralmente en obras como “Tintin en el Tíbet”, que se concatena con la crisis personal por la que atravesó Hergé luego de separarse de su esposa para hacer vida con una asistente de su taller.
La estética en la obra de Hergé en Tintin está preciosamente ilustrada con un gran detalle casi obsesivo, desde las calles de Ginebra en “El Asunto Tornasol”, pasando por los anuncios y pósteres en mandarín cuando Tintin está en la China, y los detalles estéticos de las etnias norteamericanas y suramericanas, Hergé se asesoraba muy bien en materia de ilustración para poder escribir el arco narrativo y las ilustraciones de sus novelas gráficas, pero no viajó a los sitios a los que Tintin viajaba en sus aventuras. Hergé decidió quedarse en su entorno europeo para narrar sus historias en vez de someterse al caldo de cultivo multicultural que lentamente destruye a la civilización occidental.
La modernidad era un concepto que aterraba a Hergé, para él, la idea del futuro moderno era aterradora, el shock de lo nuevo lo asustaba, sin embargo esa fobia no lo hizo ocultarse del mundo. No todo lo que estaba por venir en ese nuevo mundo contemporáneo habría de ser malo, sin embargo, como conservador en su fondo, advirtió el derrumbe de la civilización occidental tras haber visto lo que pasaba en la Europa donde le tocó vivir, el mayo francés de 1968, la liberación y la nueva izquierda de la escuela de Fráncfort, aspectos que desarrolló muy poco en sus cómics pero si comentaba en entrevistas que le hacían.

 

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La primera aventura de Tintin fue comisionada por sus jefes y se tituló “Tintin en el país de los soviets”, en ella, Tintin y su perro se enfrentan a los criminales procederes del marxismo.
La novela gráfica hace una descripción de la miseria, hambruna y bancarrota moral que supone el comunismo. Esta primera aventura fue la única de Hergé en no ser una historieta a color y durante muchos años, en muchos círculos de la Europa tanto occidental como oriental estuvo relativamente oculta por ser francamente adversa a la ideología criminal que representa el comunismo.
Tintin en el país de los Soviets refleja de una manera muy humorística esa extraña doctrina de no-exultación que es inherente a todos los regímenes comunistas, que exaltan el valor y la fortaleza del trabajo y de la capacidad productiva de los hombres toda vez que son incapaces de producir nada. Quizá uno de los más ilustres ejemplos lo vemos cuando un comisario político de esos que solían abundar en la URSS da un tour a un grupo de marxistas ingleses que están de visita en Moscú para ver las maravillas del Valhalla socialista, y les muestra lo eficaces que son las fábricas y el poder industrial del soviet, y Tintin descubre que es una mera pantalla: El humo que producen las chimeneas de la fábrica es una hoguera de paja, y el ruido de la maquinaria es un tipo golpeando una placa de metal con unos martillos.

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Los comunistas tienen una concepción muy particular y extraña de los procesos democráticos; Marx y Engels tomaron de las reflexiones de los antiguos griegos los aspectos más básicos y los juntaron con la creencia cuasi religiosa de que su doctrina es una realidad histórica, que en el caso de que no llegue una revolución sangrienta de las clases trabajadoras, llegaría un momento en el cual ellos habrían de juntarse en torno al juego democrático y habrían de votar al partido comunista para que éste, una vez en el poder, desmantelara la democracia y se instaurara la dictadura del proletariado.

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En estos tres cuadros podemos ver cómo las democracias participativas y protagónicas (de las que los comunistas son campeones) se apoderan de las armas para poder gobernar a esa masa amorfa que llaman “pueblo”, y se hacen con todo el poder en lo que respecta a la toma de decisiones inherentes a poder gobernar, planificar, monitorear y dirigir la vida de los demás.
En esta novela gráfica, Hergé muestra la juventud la realidad innegable del comunismo: Una doctrina que pone el destino de los pueblos a los aspectos más degenerados, trastornados y deformados moralmente de la sociedad en nombre de la igualdad y la humanidad. Era la época de Stalin, de los campos de concentración del Gulag siberiano, el terror rojo, las hambrunas y de los fusilamientos por estar fuera de tono con la mayoría revolucionaria.

La segunda entrega de las aventuras de Tintin es quizá una de las más criticadas por la intelectualidad liberal occidental, tiene por título “Tintin en el Congo”, fue escrita por Hergé en el contexto en el cual la colonia del Congo Belga necesitaba desesperadamente de trabajadores blancos que poblaran una región repleta de adversidades y con profundos conflictos sociales producto del choque de una civilización moderna con una atrasada y primitiva como lo son las tribus africanas, por lo que los editores y jefes de Hergé consideraron que sería positivo que la juventud se interesara en los territorios coloniales como parte de la labor educadora de exaltar los valores nacionalistas del pueblo belga. Muchos críticos de Tintin califican a esta novela gráfica de racista porque explora los aspectos más básicos de lo que fue la colonización belga de ese territorio africano, que se fundamentó en lo que se llamó “la trinité coloniale”, “trinidad colonial” conformado por el Estado, las misiones de la Iglesia y las corporaciones privadas. Tintin viaja a hacer un reportaje sobre el Congo Belga y se topa con una trama de corrupción y tráfico de diamantes liderada por el mafioso americano Al Capone. En esta aventura podemos ver como se hacía crítica a la naciente y dañina influencia del expansionismo norteamericano desde los ángulos del orden conservador europeo, que se veía amenazado por ese naciente y pujante estado. Se retrata al brazo corporativo corrupto de la nación estadounidense, la bondad paternalista del colonizador europeo, y la ingenuidad del africano colonizado. Hergé nos presenta a Tintin como él, un aficionado del escultismo, un Boy-Scout, que le gusta explorar territorios desconocidos. Mientras Hergé no salía de su Europa natal, Tintin daba vueltas al mundo.

 

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Quizá uno de los temas más criticados desde siempre de Tintin fue su aventura por el Congo, que pasó de ser abiertamente tildado de racista por presentar a los africanos como desorganizados, violentos e ingenuos, lo que muchos no saben es que Hergé sólo se basó en una sola fuente literaria para poder construir su historia, y francamente era más que suficiente para poder contar una historia de niños que buscara entretener. Georges Remi no estaba haciendo una tesis doctoral de múltiples fuentes de revisión arbitrada para contar que pasaba en el Congo Belga, simplemente era un caricaturista que narró la historia desde el punto de vista que consideró importante para su momento, eso no lo hace racista, ni intolerante.
Muchos publicistas escandinavos y de otras latitudes se rehusaron a publicar Tintin en el Congo porque consideraban que su contenido era políticamente incorrecto por mostrar intolerancia, paternalismo y discriminación hacia negros; los publicistas más atrevidos buscaron incluso cambiar algunos de los cuadros en los cuales Tintin se desempeñaba como cazador furtivo de grandes presas.

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Si quienes me leen piensan que las controversias de Cecilio el León, Harambe el gorila que fue sacrificado para salvarle la vida a un niño que se cayó en un pozo recientemente en un zoológico de Estados Unidos, y los demás procederes leguleyos de los defensores de los animales en contra de tradiciones de 481 años como el Toro de la Vega, son cosa reciente, en los años setenta, un grupo de progresistas escandinavos forzaron a Casterman, la editorial que publica la obra a color de Hergé a modificar una serie de cuadros de la página 56 del libro de las aventuras en el Congo, en el cual Tintin taladra un hoyo un rinoceronte y lo detona, y sustituirlos por una serie de cuadros en los cuales el rinoceronte se asusta y sale corriendo porque el rifle de Tintin se acciona de forma accidental. Todo este sinsentido de la corrección política fue hecho con el pretexto de que el arco narrativo original era muy violento para la segmentación y audiencia a la cual estaba dirigida el libro, esto, es obviamente una excusa muy mala ya que el motivo ulterior de este tipo de acciones es controlar lo que los autores son capaces de poner en el papel.
La corrección política es un culto aislador de auto condenación que busca censurarnos y condenarnos para que no expresemos lo que todos pensamos de forma natural, todo en el nombre de la “cortesía y buenas maneras”. Los animalistas, los defensores de las minorías y demás progresistas consideran que la obra de Hergé no debe ser publicada porque retrata cosas que ellos consideran perturbadoras y cuya mera existencia les causa pánico y nervios.
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Muchos de los cuadros en varias novelas gráficas de Hergé tuvieron que sustituir a figuras de personajes negros por hombres blancos europeos para satisfacer los caprichos de un grupo de personas que se sentían ofendidas de que fuera posible ver a negros y otras minorías; precisamente los mismos que pidieron hacer estos tipos de cambios son los que siguen la narrativa de que las desigualdades sociales que tienen los negros se deben de forma exclusiva a la esclavitud y que los blancos deben ser hallados culpables de los errores cometidos por sus ancestros de la era colonial, algo así como una especie de “pecado original”. De igual manera este tipo de críticas hacen creer que la esclavitud y la discriminación tribal y étnica son fenómenos que sólo ocurren de blancos hacia negros.

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Así como califican a Tintin de racista, cazador furtivo, no faltaba que acusaran a su autor de antisemita por haber trabajado para un diario fascista, haber tenido contacto con Leon Degrelle y que su mentor haya sido un colaborador de los nazis. Olvidemos el hecho de que Hergé escribió una novela gráfica llamada “El Cetro de Ottokar” (1939), en el contexto del Anschluss, en el cual una fuerza militar liderada por un militar de nombre “Müsstler” invadía una pequeña nación europea ficticia. El nombre era una contracción de Hitler y Mussolini, y la vestimenta de los villanos, sus uniformes seguía la estética de los uniformes de las fuerzas armadas alemanas de la época, e incluso hasta se presentan máquinas alemanas como el avión Messerschmidt. El contenido del Cetro de Ottokar era una crítica abierta a los regímenes autoritarios de la Europa nacionalista. Sin embargo esto parece ser olvidado por sus críticos quienes se enfrascan en cuadros aislados en los que se retrata a judíos de nariz ganchuda, usando un kippah, frotándose las manos, hablando en acentos regionales muy marcados, o que ocupan posiciones de poder como la del banquero Blumenthal (uno de los villanos en la novela “La estrella misteriosa, 1941) , interpretándolos como un signo de antisemitismo e intolerancia hacia el etnonacionalismo judío imperante.

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La aventura de Tintin en América es una crítica ultra europea y conservadora a la corrupción moral de los hombres, en ella el personaje se enfrenta a un sindicato de mafiosos liderados por Al Capone, y Hergé muestra que en el nuevo mundo, existe una gran degradación moral acrecentada por las oportunidades que da el poder adquisitivo mal habido: La deshonestidad policial y gubernamental de los Estados Unidos de principios de siglo, la conquista del occidente y las tórpidas relaciones entre el gobierno, empresarios y tribus aborígenes americanas que carecían  del conocimiento necesario para el avalúo de los metales preciosos, gemas y del territorio que ocupaban y que cedieron tanto pasivamente como por la fuerza ya que eran unas sociedades cerradas que no intercambiaban entre ellas de forma libre.
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La obra de Hergé es preciosa tanto en su contenido ideático como su estética y visual, ha entretenido a millones de niños y adultos y entretendrá a todos aquellos que tengan la mente suficientemente abierta para ver a este cómic como algo valioso, con el sentido heroico que le pertenece a los personajes de historietas, cuyo valor, audacia, y ganas de vencer se impone ante los múltiples obstáculos a los que se enfrentan en sus aventuras. Tintin, tanto ayer como hoy es objeto de ataques por parte de la prensa liberal por ser considerado “racista”, “anti-comunista”, e incluso hasta “homosexual”. Una de las razones por las cuales Tintin es acusado de posiblemente ser homosexual es porque salvo por Bianca Castafiore, no hay personajes femeninos en la obra de Hergé. El mismo demográfico que busca atacar a Hergé por la “falta de diversidad” en su obra es el mismo que critica a Ayn Rand porque en sus obras no hay personajes de niños. Y la razón es porque tanto Hergé como Ayn Rand prescindieron de mujeres y niños (respectivamente) en sus arcos narrativos porque no eran necesarios para contar la historia que buscaban contar.
El héroe siempre ha sido masculino, la naturaleza de lo heroico es inherentemente masculina, algo que causa mucho escozor y urticaria en la sociedad ginocéntrica en la que hoy vivimos y nos toca habitar. Es por ello que tener a Tintin entre los libros que tu hijo pueda leer es un acto neo-reaccionario, porque las huestes del marxismo cultural quieren acabar con el sentido heroico del superhéroe en su afán patológico de hacernos a todos iguales por la fuerza y la coerción.
Los que no conozcan la obra, les invito cordialmente a leerla, que la disfruten, la comenten y la divulguen, maravillaos viendo la riqueza estética del detalle con el cual Hergé como ilustrador y narrador se destaca, y que si así lo desean, vean el valor metapolítico que este cómic encierra para que comprendan la alharaca que montan los progresistas que carecen de sentido del humor.

Alberto Zambrano

Un pensamiento en “La metapolítica de Tintin

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