5 síntomas de que eres un ñángara retrógrado

 

En los últimos meses he sido objeto de ataques constantes por parte del establishment izquierdista enquistado en la sociedad venezolana, y me he dedicado con inteligencia, a escuchar la crítica constructiva y destructiva que existe por allí. Entonces he decidido el día de hoy publicar una serie de observaciones que he hecho a los izquierdistas que se toman el tiempo de criticarme.

La izquierda (en todas sus variantes con la excepción de los extremistas) de mi entorno ha pasado de ser un movimiento organizado y medianamente coherente a ser una masa amorfa que decidió autodenominarse “pueblo” con vestigios de ideología en común, y han se han convertido en un movimiento autoritario, agresivo y primitivo,  su discurso es tan repetitivo que cansa de escucharlo sólo un par de veces.

Yo soy de los que piensa que la gente en general (entre los cuales me incluyo), y no los intelectuales, han sido capaces de poder darse cuenta de los chantajes y engaños de estos asesinos irresponsables le andan prometiendo a la gente.

A pesar de que hemos ido perdiendo nuestro poder político expresado en cargos de representación en ese perverso juego llamado “democracia” (el cual romanos y griegos advirtieron de sus peligros), hay unos pocos hombres con dos dedos de frente comprometidos con las ideas de la verdad dispuestos a decir cosas que no sean “políticamente correctas” toda vez que las variantes ideológicas dentro de la derecha se hacen evidentes; nuestro común denominador es oponernos a la igualdad que pregonan nuestros contrapartes a fuerza de fusil de repetición y leyes coercitivas.

La derecha piensa que el conflicto es natural y que la conflictividad es buena, que la dominación es natural y es positiva, y eso quiere decir que debemos discriminar, y que eso es correcto, y que es inmoral el disculparnos por lo que somos.

Si te haces llamar defensor de la libertad de expresión, la inclusión, la defensa y aceptación de todas las corrientes de pensamiento, PERO sólo eres capaz de aplicar estos valores a quienes estén de acuerdo contigo o con minorías que se adapten a tu narrativa arbitraria de opresión por intersecciones, y consideras “hereje”, “inmoral”, “facha”, “genocida”, “intolerante”, etc. a cualquier hombre que esté en contra de tu doctrina retrógrada. Eres de los que piensa que las universidades no pueden aceptar las versiones opositoras a tu pensamiento porque “es el año actual”, y de que los profesores universitarios no debemos crear en nuestros alumnos la capacidad de poder pensar por cuenta propia y que en vez de ello, debemos crear la ilusión utópica de que la universidad es un “hogar”, una “casa” donde tu puedas hacer y decir lo que quieras, y vivir libre y sin responsabilidades.
Eres de los que cree que tu derecho a sentirte cómodo en el espacio cívico que habitas está por encima del derecho de los demás a emitir una opinión verdadera y libre.
Esta creencia es absolutamente peligrosa para ustedes los rojos ya que en sus propios cánones y creencias, ustedes siempre se pueden hacer los ofendidos y agredidos, y eso les da permiso para agredir y ofender a todo aquello que se los oponga. Ustedes los ñángaras son jueces y verdugos en materia de lo que se dice y se hace.

O se está de acuerdo con la libertad de expresión, o no se está. Esto no admite medias tintas; no se puede admitir cosas como decir : “Yo estoy de acuerdo con la libertad de expresión, pero…”, ya que cuando lo haces, terminas aceptando la realidad que tu creaste con tus construcciones lingüísticas.

Sólo por el hecho de que te sientas incómodo y ofendido por una afirmación, no quiere decir que tengas razón, es necesario que los ñángaras maduren mentalmente.

2.- Aunque afirmes no hacerlo, discriminas peor que los demás

Si eres de los que cree que todos somos iguales, y que los hombres blancos somos unos “opresores privilegiados”, “esclavistas”, “patriarcado casta”, “establishment”, etc., con poderes sobrenaturales que hemos heredado al nacer, entonces crees que los movimientos progresistas deben abanderarse y utilizar el multiculturalismo y la inclusión para crear una civilización occidental más diversa, incluyente que busque limpiar étnicamente a “ese cáncer caucásico que infecta a la sociedad occidental”.  Seguramente estás a favor de la política de “discriminación positiva” que debe ser aplicada en los medios de comunicación social, la política, los puestos de trabajo y cualquier otro espacio cívico que se te pueda ocurrir. Si eres un ñángara retrógrado estás de acuerdo con la idea de que la paridad de género debe ser la regla en todos los aspectos de la vida, e ignoras de forma grotesca las características y capítulos biológicos de las más elementales nociones de la biología humana.
Si eres de los que cree que la igualdad está por encima de todas las cosas, entonces crees que las minorías se merecen ostentar prebendas y recibir cargos que se merecen no por sus méritos y la calidad de sus ideas, la forma de su proceder  y desempeño sino por el color de su piel y sus genitales.
Los progresistas rechazan de forma tajante el concepto de la meritocracia, porque consideran injusto que todo aquel que se esfuerce más merezca mejores dividendos, porque no queda a la altura de la narrativa progresista en la cual las minorías son merecedoras automáticas de espacios de representación individuales o colectivos que no se han ganado.
El creer que las mujeres y demás minorías étnicas sean débiles, indefensas y que necesiten ayuda constante por parte del Estado sólo por la virtud ser lo que son, es lo que George Walker Bush llamó la “intolerancia suave de las bajas expectativas”.
Decirle a los hombres blancos que son unos “privilegiados” y descontextualizar y bajar de categoría a sus problemas de género, tildándolos de “irrelevantes” y “no ser tan graves para la sociedad” es intolerante, discriminante y tan injusto como lo que los progres critican de sus contrapartes.
Los rojos ven “racismo”, “intolerancia”, “intolerancia”, e “islamofobia” en otros pero fallan en ver que ellos usan la discriminación en contra de los hombres blancos todo el tiempo.
De acuerdo con la narrativa progresista, los blancos deben ser hallados culpables de los errores cometidos por sus ancestros de la era colonial, algo así como una especie de “pecado original”, algo un tanto paradójico ya que estos luchadores de la justicia social tienden a ser ateos e impulsan con el mismo fervor de un evangélico el ateísmo. Una especie de religión secular, si se quiere.

3. Tus argumentos no son argumentos

Si eres un ñángara retrógrado, cuando discutes con tus oponentes, rara vez te enfrentarás a lo que han dicho o no te enfrentarás en lo absoluto a lo que otro dijo, en vez de ello, atacarás a tu oponente tildándolo de “intolerante”, “misógino”, “racista”, “homofóbico”, etc. En vez de considerar con cuidado lo que tu contraparte dice, si eres un ñángara, lo que harás es atacar e insultar a tu contrincante. Cuando eso no te sirva, usarás otra técnica muy explotada por aquellos que son como tú, buscarás cambiar de tema y atacarás el carácter de tu oponente o buscarás debilitar su credibilidad. Otra técnica que tienen los comunistas es apelar a una actitud de narcisismo moral superior al de todos los demás, y tienden a contestar con frases estilo: “estudie”, “googlee eso”, eres incapaz de citar fuentes creíbles para tus opiniones.
Otro signo de que eres un izquierdista sin argumentos es el de justificar tus acciones y argumentos y darle valencia moral a los mismos “porque es el año actual” (e.g. “estamos en 2016”). El que arguyas que es el año en curso para justificarte no es justificarte, no explicas nada. Decir que tomaste cierta acción o tienes cierto modo de pensar porque “es el año actual” es como si dijeras “porque el cielo es azul”.

 

4. Te gusta prohibir

Para ti todo es problemático, racista, intolerante, islamofóbico, etc. Y sientes un placer casi sexual al señalarlo y buscar prohibirlo: Desde la forma en la que luce la gente, pasando por programas de televisión, prensa, libros, moda, arte, disfraces, palabras, personas, etc. No hay nada que no puedas criticar y ponerle una connotación negativa para hacer que lo prohiban. Te encanta prohibir todo aquello que consideres que no sirva a eso que tu llamas “el bienestar común”.
La razón por la cual te gusta prohibir es porque simplemente no tienes la capacidad de enfrentarte al mundo real, razón por la cual buscas destruir todo aquello que te hace sentir incómodo y luego te escondes en tu lugar seguro para evadir conversaciones que te hagan quedar como el inmaduro moral que eres, evades ideas que sabes te asustan.

5. Niegas la realidad

Ayn Rand una vez dijo que puedes evadir la realidad pero no evadir sus consecuencias, y eso es una de las cosas que te pasa a ti, el izquierdista retrógrado, no sólo no crees en la meritocracia como el sistema que hace que las sociedades se desarrollen, sino que niegas el daño que le hace el multiculturalismo a la Civilización Occidental, te rehusas a admitir la evidencia que demuestra que el Islam es retrógrado (igual que tu) y que los musulmanes radicales no son una minoría. Eres de los que tilda a todos los que decimos este tipo de cosas de islamofóbicos y racistas, (a pesar de que el Islam no es una raza).
Niegas la absoluta realidad biológica de que los hombres y las mujeres somos distintos y crees en la noción pseudocientífica de que el género es una construcción social, crees que los comportamientos de géneros se aprenden desde la sociedad y no por medio de la edad y maduración biológica, cuando de hecho, sólo unas pocas características de género surgen del entorno y el resto las establece la genética.
Crees que la masculinidad es tóxica, eres un misántropo, estás de acuerdo con la tercera ola del feminismo, que es totalitaria y hace que pienses que los hombres somos unos violadores que tenemos oprimidas a las mujeres occidentales.
Piensas que existen brechas salariales entre hombres y mujeres, y a pesar de que dichas brechas existen, no existen por las razones que tu arguyes, sino por el hecho fundamental de que las mujeres tienden a elegir trabajos que pagan menos y trabajan menos horas.

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