Sobre la discriminación

 

Hoy la izquierda progresista celebra el día en contra de la discriminación. En el enlace superior hago una referencia sobre la importancia de discriminar y por que las leyes anti discriminación no son buenas, ni útiles y lo que hacen es perpetuar los problemas.

Las leyes anti discriminación van en contra de la naturaleza de los hombres, desde hace mucho tiempo, a la gente que tiene el coraje y el valor de militar en la derecha se nos ha buscado hacer sentir culpables por ser nosotros mismos y por identificarnos con lo que nos hace afines, y particularmente se nos ha hecho sentir culpables a la gente blanca de derecha, recientemente en Venezuela, con tres lustros de propaganda castro-comunista se ha creado la idea de que el indio, el negro y ese pastiche ideológico que llaman “pueblos originarios de las Américas” son moralmente, culturalmente, racial, y radicalmente superiores a los ignorantes colonos europeos que los conquistaron, pusieron fin a sus matanzas, canibalismo y sociedades culturalmente cerradas.

Para la izquierda, la idea de que estar orgulloso por tu color de piel si eres blanco es inmoral, de que es opresivo ser de origen europeo y estar orgulloso de ello, la idea de que es opresivo discutir el destino de occidente, de que el matrimonio es un arma en manos de la sociedad burguesa, de que la familia es una arma en manos de la sociedad burguesa, de que rechazar la inmigración, etc. Todas esas ideas son las que representaron los mayores asesinos rojos antes mencionados, derrotados y aniquilados han sido reflejadas en occidente y hacia occidente.
Para los efectos de la controversia de ayer, el mencionado estudiante se puso a llamar fascista a todo el que se le oponía. Ese es un truco que la izquierda desarrolló con la escuela de pensamiento de Francfort, en el discurso contemporáneo político llamar a alguien “fascista”, “racista”, “sexista”, “clasista”, “homófobo”, “islamófobo”, hará que el afectado pierda el deseo de querer defenderse ya que la idea hegemónica de que si eres alguna de las cosas de lo que te acusen, hará que la gente se separe de ti y te quedes solo. Y eso lo ha aprendido la gente gracias al bombardeo ideológico de la izquierda. Y la colectividad lo ha aprendido a tal punto que no pueden tener un pensamiento que formule una idea verbal que vaya a favor de sus ideas sin tener un sentimiento de culpa y remordimiento. El truco para derrotar ese chantaje ideológico y mental es la recesión absoluta hacia la derecha.

Marx y Engels desarrollaron sus teorías en el determinismo material y la dialéctica de Hegel. Esos son nombres rimbombantes y complejos pero yacen en la idea básica de que la existencia de los seres humanos viene determinada por su sexo, por su raza y por su posición económica. Y que al estar condenados por esos tres factores, llegará un grupo que no ve sexo, raza y condición económica porque “somos iguales” y los sacará del atolladero y el atraso en donde se encuentran. Creen en un mesianismo secular, que llegará una sociedad a crear sobre la tierra el paraíso ofrecido por Dios a los creyentes.
Los rojos y en particular los rojos latinoamericanos creen que el continente americano es objeto de expoliación por parte de los europeos, y exigen que España se disculpe y pague reparaciones. España no tiene por qué pedir perdón por nada, el mal llamado holocausto indigena se dio por una serie de razones:

  1. Eran unos salvajes que discriminaban aún peor que los conquistadores.
  2. No conocían el valor de los metales preciosos, ni de las gemas y que vendieron su territorio porque carecían del conocimiento para hacer tales valoraciones ya que por lo cerradas que eran sus sociedades no se dieron la oportunidad de intercambiar entre sí de forma libre.

Y hago énfasis en esto y no hablo de lo “justo” ya que ese término deriva de las estructuras arquitectónicas y constructos sociales de origen europeo.

Es muy peculiar como la izquierda indiginenista, marxista revanchista si puede ser discriminatoria contra todo lo que huela a nacionalismos europeos americanos pero obvian de forma arbitraria y somera que sus argumentos son producto del análisis de una sociedad con tradiciones post europeas de arquitectura judeocristiana.

Una de las grandes dificultades de la izquierda contemporánea de los últimos 50 años ha sido tratar de lidiar con el estalinismo.
¿No les llama esto a los progres la atención?
¿Por que el proyecto de emancipación universal terminó en todos los sentidos siendo estalinismo?
¿Por que fracasó catastróficamente aún en sus propios términos y principios?

Fracasó por que la doctrina radical de los derechos humanos que preconiza que todos nos amaríamos los unos a los otros, y nos uniríamos terminaría siendo llevada a la práctica en el gulag siberiano, la celda de la Stasi, y su variante moderna tropical, “la tumba” del SEBIN, el paredón de fusilamiento cubano, las colonias de trabajo de Corea del Borte, las colonias de igualdad del Khmer Rojo, y las hambrunas del gran salto hacia adelante Maoísta?

Jean Paul Sartre, el gran intelectual francés, al final de su vida editó un periódico maoísta junto con Simone de Beauvoir y André Gorz, y nadie se acuerda de eso, ni nadie quiere hablar de eso en los círculos de la izquierda de la Rive Gauche du Senne.
Sartre procuró responder la pregunta de por qué el estalinismo fracasó en sus propios términos, escribiendo un largo y tedioso libro llamado “La crítica de la razón dialéctica” basado en un volumen de Kant hace varios siglos antes. También intentó sintetizar al existencialismo y al marxismo como las dos corrientes de pensamiento que darían origen a la nueva humanidad en el siglo XX; pero cuando llegó al estalinismo y le tocó explicar la dialéctica interna y lo contradictorio entre la práctica y la teoría en la Unión Soviética luego de la muerte de Lenin y después de la derrota de la facción izquierdista de León Trotsky –dentro del mismo partido comunista en el que critica a Stalin por ser blando–, Sartre se topa con un callejón sin salida y no pudo escribir el segundo volumen de su libro, porque en términos intelectuales, prácticos, teóricos y de facto, la crítica no da con la solución al problema que no se puede resolver.

El marxismo plantea que la violencia y la discriminación son irracionales y que proceden de la competencia entre los hombres en un sistema opresor capitalista, el detalle con esto, es que el marxismo es que deja por fuera por completo a las realidades biológicas de la vida. Los hombres son producto de una herencia genética que les es genérica a todos, y el elemento social, de la naturaleza, de la interacción humana, que viene dada por la educación, crianza, y demás es una parte pequeña, quizá una quinta parte de lo que son los hombres en su constitución como tal.

Hay una sencilla respuesta para Sartre, y toda la escuela de Fráncfort, que dicen que hay un grupo de razones complejas sobre por que el proyecto marxista terminó siendo la ideología más criminal y asesina que es.

Hoy por hoy la izquierda condena a Stalin de una forma muy particular.

 

Peter Hain, izquierdista británico, un vanguardista líder del movimiento anti apartheid sudafricano se le preguntó en una entrevista sobre cuáles aspectos de la civilización occidental deberíamos estar orgullosos y respondió que no debemos estar orgullosos de la civilización occidental ya que lo único que ésta produjo fue a Hitler y a Stalin, obviando descaradamente que el socialismo democrático del cual él era proponente es un vicio intelectual nacido en las universidades europeas.

La respuesta para Hain, Sartre y demás izquierdistas sobre por que el marxismo en su afán de imponer la igualdad por la fuerza termina en masacre y negación de la vida radica en que todos estos ideólogos asesinos niegan irreduciblemente la base biológica de las civilizaciones, esencialmente, las razas son culturas y las culturas son razas.

Para la izquierda, si las cosas lucen muy culturalmente afirmativas, ciertas y seguras de si mismas son descritas como muy fascistas, muy blancas, muy excluyente, y eso es porque no quedan a la altura del discurso izquierdista de igualdad impuesto por la fuerza en todos los teatros de operaciones, en cuestiones de género, de historia, de identificación grupal e histórica, en cuestiones de todo tipo.

La palabra racismo en si misma es un cascarón vacío. Siempre que acusan a algo o a alguien de racista, la frase siguiente busca explicar por que ese algo o ese alguien es racista.
Fijémonos en los recientes premios de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas, los Oscar de este año fueron criticados porque no habían negros ni otras minorías nominadas.
Los críticos, obviaron el hecho de que Alejandro González Iñárritu, un latino, ganó por segunda vez consecutiva el galardón a mejor dirección.
Hace tres años Lupita Nyong’O (mexicana-keniana) ganó un Oscar a mejor actriz de reparto por “Doce años de esclavitud”, una película en la cual se hace lucir a la esclavitud como un fenómeno netamente norteamericano y que busca llenar de culpa y sentimientos de vergüenza a los blancos en general.
No veo protestas sobre la supremacía de los negros y exclusión de latinos y blancos en los deportes como el básquetbol, y el fútbol americano.
Y no lo vemos por la sencilla razón de que el talento es innato y no se puede galardonar a la gente por algo que no tienen, no se puede incluir ni considerar a minorías ni solidarizarnos en el juego democrático de la diversidad sin discriminar a quienes realmente poseen talento.

Hoy día se busca hacer sentir culpables a los venezolanos por un racismo que no existe en esta sociedad, y así como a los venezolanos blancos, se le busca hacer sentir culpables y avergonzados de sus logros culturales en todos los sentidos y aspectos.  Nos buscan hacer sentir mal con nosotros mismos mediante el uso de la corrección política, que no es más que una gramática y una metodología diseñada por psicólogos y lingüistas de izquierdas que busca restringir las ideas que dan orígenes al lenguaje expresado antes de que este sea enunciado, una especie de policía del pensamiento (en términos orwellianos), y la mayoría de las personas no pueden evadir el pensar y expresarse de otra forma que no sea esa porque de no hacerlo entran en una especie de espasmo y shock mental que les hace sentirse mal consigo mismos.

El léxico de la víctima, de que los negros y las minorías no pueden lograr puestos y galardones porque otros con poder se los quitan sirve sólo a aquellos que lo denuncian, si los blancos lo hacen, entonces la denuncia carece de sentido ante los anteojos del determinismo liberal progresista. El hacer el papel de la víctima es cómodo y muchos lo hacen. El problema con que la gente haga el papel de víctima tiene consecuencias terribles ante la moralidad, la identificación y la autoestima de los individuos, ese patrón de comportamiento conlleva al resentimiento y a la lástima. Dos cosas que se deben evitar que surjan en una sociedad para que sus individuos sean fuertes y sanos mentalmente.

En la vida, que se puede ver metafóricamente como una llama de fuego, el pensar es energía, el pensamiento es gloria, y el pensar es el resultado de la conciencia de los seres humanos al darse cuenta de que existen en el mundo, entonces, si pensar es importante, con identificarnos con el color de piel, no basta. Nosotros debemos saber quiénes somos, no basta con ser americano, no es suficiente ser venezolano, y tener ascendencia hispana, debemos, hoy por hoy saber que somos y quiénes somos. Conocer nuestra cultura hoy día, depurada de las transformaciones orwellianas a las que ha sido sometida nuestra historia por parte del chavismo, puede ser considerado algo revolucionario, reaccionario y radical.

A los occidentales se nos ha hecho sentir avergonzados de nosotros mismos porque en un punto histórico determinado una cultura y una sociedad actuaron de tal o cual manera, las variantes de nuestros grupos las que cometieron atrocidades, y que nuestra civilización no vale absolutamente nada en su entereza, excepto cuando se disculpa y avergüenza de su derecho a existir, y aquel que se resista a disculparse por su derecho a existir, aquel que rechace el sentirse avergonzado de lo que es, aquel que se rehuse a colocarse en esa camisa de fuerza ideológica que implica el disculparse hasta por tener que pensar que no hay razón alguna por la cual pedir excusas es inmoral. Es por ello que la corrección política es un arma.

La creación y la destrucción van de la mano, pase lo que pase, nosotros no tenemos por que disculparnos absolutamente por nada relativo a nuestras acciones y el pasado: No tenemos por que sentirnos mal por celebrar la muerte de Chávez, ni avergonzarnos por rechazar la validez impuesta por la fuerza de un retrato de Bolívar amulatado, ni tenemos por que pedir excusas por la guarimba, ni tenemos por que sentirnos mal por los chavistas que se murieron en las guarimbas a causa de una guaya, ni tenemos por que sentirnos mal por haber aplaudido cuando Pedro Carmona se autojuramentó, ni tenemos por que aceptar la igualdad impuesta a la fuerza. Nosotros debemos pisotear esas ideas con la misma intensidad con la cual se nos busca aplastarnos, ya que si no lo hacemos, son los rojos los que ganan.

Así que si te acusan de inmigrante, hijo de esclavistas, blanco, oligarca, etc. contéstales que no te vas a molestar con cifras y hechos de quien hizo que a quienes,- Hemos superado esa etapa.

No existe nada malo con el fascismo, nada malo en lo absoluto, el fascismo ayudó a crear un mundo moderno, su derrota eliminó algo que pudo haber sido y trajo consigo muchos de los problemas aun peores que el fascismo que hoy vemos en nuestra sociedad. Si realmente hubiera fascistas en las esferas de poder globales, todo lo que habría que corregir en esta sociedad estaría a un mismo nivel y sería absolutamente diferente. No sería retrógrado como lo pintan aquellos que lo condenan la gente manejaría automóviles modernos, usaría computadoras y seguiría viajando en aviones. Sólo cambiaría la textura y la naturaleza de la vida en todos los aspectos. Las culturas serían mono-étnicas, Venezuela sería la misma patria de grandeza que alguna vez fue y que hoy está semi-destruida por el liberalismo comunista, habría respeto por las glorias pasadas de nuestras civilizaciones, no se tumbarían estatuas de Cristóbal Colón en la Plaza Venezuela y no se le cambiaría el nombre a nuestro Cerro Ávila por una figura indígena impronunciable. No nos disculparíamos por demostrar nuestra fuerza, los territorios de la Capitanía General serían nuestros, tanto el esequibo como lo que Colombia y otros países nos expoliaron porque lo permitimos en nombre de una paz que nunca existió.

El creer no es estrechez mental, el creer es el entendimiento de que hay verdades fuera de la naturaleza y fuera del contingente del universo que están justo en frente de nosotros que son absolutas, y que necesitamos la fuerza mental y de espíritu para poderlas enfrentar.

La idea izquierdista de que todo es relativo, de que la realidad se construye por medio del uso del lenguaje y sobre la marcha es absolutamente falsa. Las ideas de derecha son espiritualmente sobre la desigualdad, que no somos iguales.
La inteligencia, la belleza, la ferocidad y talento son factores biológicos, innatos. Uno nace para ser lo que se es. La izquierda ama la igualdad y que todos debemos estar al mismo nivel, y tienen esa idea como un dogma moral, como un bien moral que debe ser impuesto por la fuerza, bajo cualquier medio posible, como sea, donde sea, y cuando sea, y que los individuos lo deben aceptar así no quieran.
La derecha piensa otra cosa, la derecha piensa que el conflicto es natural y que la conflictividad es buena, que la dominación es natural y es positiva, y eso quiere decir que debemos discriminar, y que eso es correcto, y que es inmoral el disculparnos por lo que somos.

2 pensamientos en “Sobre la discriminación

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