Neutralidad en el aula es decir la verdad

Piénsese en sólo una cosa, pararse firme en un mundo en ruinas. – Julius Evola

En plataformas como Reddit soy constantemente criticado por dar mi opinión, Facebook siempre me envía alertas para informarme que el contenido de lo que cuelgo viola sus reglamentos, y en twitter siempre hay algún rojo que le da por meterse conmigo. 

Recientemente una feminista se encargó de cuestionar mis opiniones de la peor forma (con insultos) y hasta fui digno de una entrada en su blog para hablar mal de mí, tildándome de “ultraderechista chic”.

 Si algo he aprendido de mis ataja perros con gente como Ramón José Medina, Leopoldo Martinez y Carlos Raúl Hernández es que no hay tal cosa como mala publicidad. Así que le agradezco a la bloguera feminista en cuestión dedicarme unas líneas en su blog, después de todo “endorsements” de colectivos a los que adverso no son lo que busco. 

De todas las críticas a las que soy objeto, principalmente por mi posición política radical derechista, hay una crítica que no pretendo aceptar, y es que se ponga en tela de juicio mi neutralidad a la hora de dar clases. A diferencia de muchos colegas profesores que usan las aulas de la Universidad Central de Venezuela como púlpitos de evangelización marxista y adoctrinamiento de izquierdas, yo le enseño a mis estudiantes a crear su propio criterio. Si bien yo hago evidente mi posición política, lo hago fuera del aula de clase. 

Si la universidad acepta todas las corrientes de pensamiento, pues debería aceptar la mía, que busca execrar la seudo ciencia marxista de sus espacios y sustituirla con el discurso de la honestidad.  Siempre veo con desdén a aquellos que me acusan de miopía ideológica y consideran que mis alumnos son víctimas de mi pensamiento, cuando lo primero que les digo a los estudiantes es que deben aprender a preguntar, cuestionar y elaborar su concepto basados en la búsqueda de la verdad. Ahora bien, si se pretende buscar ideología honesta en libros como los de Marx, Piketty, Marcuse, Adorno, Sartre, Horkheimer, Neruda, Benedetti, el Gabo, Cortázar y demás “intelectuales” no se encontrarán con otra cosa que mentiras. Con esto no digo que esos libros deban quemarse, el que los quiera leer que lo haga, el decidir creer esas mentiras tiene sus consecuencias.  Y por vivir entre mentiras y creerle a mentirosos es que tenemos este ex-país.

Mis críticos me han tildado de inmoral, pues no me da miedo hablar de moralidad porque la moralidad es tan absoluta como la matemática. Todo lo demás no es moralidad sino estrategias competitivas: variaciones contractuales sobre la moralidad objetiva. 

Así como toda la ley es tan absoluta como la matemática excepto las variaciones contractuales de la legislación. 

La fusión de la moralidad con la estrategia, y la ley con el mandato es un problema de larga data en la filosofía racional. La ley y la moralidad son idénticas en contenido. La estrategia grupal y el contrato grupal son meramente utilitarios. La cooperación evolucionó tras la supervivencia individual. Para que la cooperación sea racional debe ser mutuamente beneficiosa. Para que sea mutuamente beneficiosa debe ser (en sumatoria) de esencia no parasitaria.

Nosotros criamos a nuestros hijos, demostramos selección de los nuestros con afines y cooperamos con los que no son los nuestros y competimos con aquellos con los que no cooperamos.

Así que mientras unos  progres leen a García Márquez, yo recomiendo leer a H.P. Lovecraft, si unos leen a Erich Fromm, yo recomiendo a Savitri Devi, el mainstream  derechista leyó a Rothbard, Hayek y Mises, yo no les quito mérito, lo que propongo es saber debatir bien en los términos de la verdad sus obras.

La moralidad es absoluta. Las normas son meramente tácticas. La legislación no es necesariamente legal y las normas no son necesariamente morales. Como tal, nosotros podemos medir si algunas culturas son más morales que otras, al medir el grado de supresión del parasitismo al estudiar los efectos de las ley y lasnormas.

Así que no sólo es absoluta la moralidad, sino que el contenido relativo moral de diferentes culturas es absoluto.

Esa es la diferencia que determina la velocidad económica, y la velocidad económica nos garantiza gran moralidad (si la elegimos), es es el área de inquietud más grande que tenemos. La aristocracia, moralidad, normocracia, meritocracia, ciencia y evolución de la eugenesia son mutuamente dependientes una de otra.

El ser honesto en un país que premia la corrupción y el engaño es costoso, decir la verdad cuesta, a veces hiere y a veces te metes en problemas por decir la verdad, pero ese es un precio que vale la pena pagar ya que la honestidad trae consigo el avance de las civilizaciones que la ponen en práctica.

La verdad importa sobre todo lo demás. La seudociencia es meramente un misticismo monoteísta babilónico en ropajes nuevos. Y este nuevo emperador también está desnudo.
La verdad es suficiente para rescatar a la civilización occidental. La verdad es más que suficiente.

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