Gracias por nada, Francfort

El día de hoy, mientras desayunaba me dispuse a abrir mi Facebook y me topo con un artículo del portal contrapunto titulado “Gracias, Osmel”, escrito por Adriana Ponte, basta con leer su timeline de twitter o pasarse por otros de sus artículos en los cuales de forma muy disimulada busca hacer guiños a la escuela de Francfort al especular que pensaría Theodor Adorno si se hubiese radicado en Elorza en vez de Francfort.
Pero lo que más me alarmó del artículo es el odio inherente hacia uno mismo, la corrección política y el desprecio hacia lo que nos identifica.

Todo esto puede ser leído en ese artículo.

Llamar a alguien fascista, clasista, sexista, homófobo, islamófobo, o cualquier otro “insta”, siendo “racista” la construcción más eficaz hace que esa persona quiera perder el deseo de defenderse. (En este artículo expando un poco más sobre la escuela de Francfort)

Esto ocurre por el hecho de que este tipo de construcciones gramaticales van integradas al nexo de ideas que conforman los pensamientos y determinan la valencia moral de los argumentos.

Si tú pierdes el deseo de defenderte de quién eres y con quién te identificas, terminarás con una versión muy difuminada, borrosa y aguada de ti mismo. La corrección política es una metodología y una gramática que busca hacer que tu mente se extienda a preocuparse por grupos demográficos que no se preocuparían nunca por ti, y que a propósito te desean el mal. 
Discriminar es algo absolutamente natural, es naturaleza humana discriminar, dese niños discriminamos entre cual juguete nos gusta y cuál no, entre cual lado del corral del jardín de niños huele mal y cuál no, entre jugar con El Niño que se come la plastilina y el pegamento y el que usa los materiales escolares para jugar, conforme crecemos discriminamos entre que vestir y que no, con quien asociarnos para interactuar y con quién no. Es el mero hecho de discriminar lo que nos permite sobrevivir. 

Ese artículo, repleto de esa teoría crítica, ya que nos hace lucir a los venezolanos como seres crueles, malvados, repletos de malas intenciones, vende de forma propagandística la idea de que tener preferencias es equivalente a odiar y esto sólo aplica a la gente de tez blanca o de estatus de clase media-alta previo a 1998 (si hablamos de Venezuela, aunque ese artilugio propagandístico los rojos lo usan en líneas generales contra toda la civilización occidental).
Conforme leo a la izquierda venezolana, esos intelectuales que se agrupan en portales tipo prodavinci.com, que le hacen loas a Allende, Benito Juárez, Lula, Bachelet, admiradores de Pepe Mujica, y que de forma manifiesta parecen odiar al mentor ideológico de la izquierda latinoamericana, el Comandante Fidel Castro, noto cómo en sus artículos las ideas de la teoría crítica se han vuelto hegemónicas.

Recuerdo un pasaje de esa novela de George Orwell, “mil novecientos ochenta y cuatro”, en el cual el personaje principal, Winston Smith, tiene una conversación con un compañero mientras comía, el compañero estaba a cargo de redactar un diccionario de la neolengua, esa forma de querer cambiar la realidad mediante el uso del lenguaje que no es reciente, la usaron Marx y sus apólogos en todas partes del mundo donde se ha aplicado el socialismo:

¿Que tal va el diccionario?- Dijo Winston
-Despacio- respondió Syme-. Por los adjetivos, es un trabajo fascinante.
En cuanto oyó hablar de neolengua, Syme se animó inmediatamente […] -La undécima edición es la definitiva, le estamos dando al idioma su forma final, la forma que tendrá cuando todo el mundo sólo hable neolengua. Cuando terminemos nuestro trabaja, tendréis que empezar a aprenderlo de nuevo. Creerás seguramente que nuestra principal tarea consiste en inventar palabras nuevas. Nada de eso. Lo que hacemos es destruir palabras, centenares de palabras cada día. Estamos pelando el idioma para dejarlo en los huesos. De las palabras que contenga la undécima edición, ninguna quedará anticuada antes del año 2050.- […] – La destrucción de las palabras es algo muy hermoso, por supuesto, las principales víctimas son los verbos y los adjetivos, pero también hay centenares de nombres de los que se puede  prescindir. No se trata solo de los sinónimos, también de los antónimos. De hecho, ¿que justificación tiene el empleo de una palabra sólo porque signifique lo contrario que otra? Toda palabra contiene en sí misma su contraria. […] La finalidad de la neolengua es limitar el alcance del pensamiento, restringir el radio de acción de la mente. La revolución estará completa cuando la neolengua sea perfecta.

Venezuela es un país muy peculiar, a pesar de que el apparatchik y la nomenklatura  tanto gubernamental como opositora se esmere en decir que estamos severamente politizados, los resultados de la última elección (si sois de confiar en el Ministerio de Elecciones) demuestran que el lado correcto de la historia, ese que le hace oposición al chavismo es el lado mayoritario.

Venezuela es un país mayoritariamente católico y políticamente conservador dentro de las propias acreciones del sistema político encapsulado. El comunismo chavista es una extraña doctrina de no-exultación ya que preserva congelado los aspectos más conservadores de las sociedades, sin embargo esos aspectos conservadores se cuelan y se hacen evidentes al ser sondeados de forma apropiada.

Para hacer caer cual castillo de naipes las mentiras escritas por Adriana Ponte sobre el racismo en Venezuela, esa idea de que nos escondemos detrás del “chalequeo” para ser malvados basta con leer una encuesta publicada por Pew Research titulada Global Support for Principle of Free Expresión, but Oppression to some Forms of Speech” en la primavera de 2015 que arroja datos interesantes:

-89% de los venezolanos considera que la gente debería poder criticar al gobierno en público.
-53% piensa que se debería poder decir cosas que sean ofensivas para con las minorías en público.
-51% piensa que se debería poder decir en público cosas que sean ofensivas a su religión o creencias.

Venezuela se ubica por encima de la media de la muestra sondeada en Latinoamérica en materia del rechazo a la corrección política. 

Vayamos un poco más allá, la autora en ese artículo habla sobre una Venezolana que fue expulsada de una casa en Barcelona, España por hacer chistes considerados racistas y por comentar a la anfitriona, en privado, que tener que compartir con unos congoleños refugiados le es desagradable.
En un país como España, donde según el mismo sondeo que acabo de citar, 57% de los españoles consideran que se debería poder decir en público cosas que sean ofensivas para con las minorías y el 54% de los españoles considera que también se debería poder decir en público cosas que sean ofensivas a la religión o creencias, que ésta venezolana (que tiene más en común con la civilización occidental y la Madre Patria que un congoleño) haga una afirmación en pro de su identidad, es considerado un crimental en términos orwellianos.

Existe paradójicamente por parte de la izquierda una guerra en contra las mayorías, y es paradójico porque la izquierda siempre habla de democratización donde las mayorías se imponen. Si bien no es divertido formar parte de una minoría, las minorías buscan aglomerarse y hacer que las mayorías se tambaleen, y la izquierda es experta en aglutinar minorías para lograr sus causas.
Las minorías son protegidas por los sistemas legales, grupos de presión e intereses especiales, y en especial por los medios de comunicación. Pero las mayorías generalmente son de facto consideradas satisfechas y sanas, y por esa consideración de facto, las minorías pueden pasar por encima de ellas y aplastarlas si las mayorías no son vigilantes y proactivas. ¿Dónde está la versión mayoritaria del grupo de presión que vele por la preservación de los derechos del matrimonio homosexual? ¿Quién protege a los hombres en contra de los ataques del feminismo?

Hacer de las mayorías un objetivo ideológico a eliminar y aplastar es tiránico. Es el sesgo de la tiranía blanda que las minorías buscan.

Las noticias que vemos son filtradas a través de un sistema absolutamente subjetivo, sesgado y repleto de perjuicios rojos que busca no sólo informar tu punto de vista sino guiarlo hacia la izquierda.

El liberalismo que existe en la prensa y la sociedad opera como una tendencia opositora al orden prevaleciente, siempre buscan el cambio, reformas y la ruptura con los hábitos incrustados en forma de ideas, costumbres e instituciones viejas, el “ancien regime”  en términos francófonos. Y esta tendencia libertina que vemos en la prensa, en el artículo que me dispuse a criticar a aquí y prácticamente en todos lados ha tenido un impacto primariamente negativo sobre la sociedad.

La indignación selectiva de la mente liberal de Adriana Ponte en “Gracias Osmel” así como para cualquier otro intelectual rojo se controla por su sentimiento de culpa hacia los pobres y oprimidos, que ganan inmunidad de la condenación moral que está reservada para los poderosos, los privilegiados y para si mismo.

Hay que recalcar algo: no es posible ni deseable eliminar todas las iniquidades entre los seres humanos. Aunque sea caritativo y prudente tomar medidas en contra de formas extremas de iniquidad, el intento obsesivo de eliminar las iniquidades por parte de los liberales y rojos por medio de reformas y sanciones sociales sólo provoca rechazo por parte de las mayorías. Y sólo generará nuevas iniquidades.

Esta doctrina liberal (afín tanto la izquierda como la centro derecha) se confronta con un dilema fundamental: O se extienden las libertades a aquellos que no son liberales e incluso a aquellos cuyo propósito deliberado es destruir la sociedad liberal o el liberalismo debe negar sus propios principios, restringir libertades y practicar la discriminación. Debe existir algo fundamentalmente errado entonces con una doctrina que propone sobrevivir sólo por medio de la violación de sus propios principios.

Las disputas entre grupos, clases y naciones deben y pueden solventarse mediante la discusión libre, negociación, y el compromiso de decir la verdad de forma operativa, voluntaria, libre de exterioridad negativa, plenamente aclarada. Pero sólo cuando las disputas están en el rango de un marco común de ideas e intereses.

Cuando las disputas surgen a raíz de un choque básico de intereses y la raíz de las ideas,  no pueden ser resueltas por negociación y compromiso, sino por acción del poder, coerción y guerra. Es por ello que el gobierno de Finlandia está perdiendo la guerra al organizar clases de integración para musulmanes y refugiados, el último párrafo al final de la nota de la BBC que así lo informa lo demuestra claramente

Un sencillo ejemplo lo demuestra: si una mujer sabe que Existe una enorme evidencia Estadistica irrefutable de que la mayoría de los violadores son hombres de raza negra y predominantemente musulmanes (Ver también), ¿es lógico que una mujer se meta por un callejón oscuro donde hay abundantes tipos con mal aspecto que correspondan a ese demográfico?
¿Tiene sentido meterse por un barrio donde sabes que hay una gran cantidad de hombres que visten como malandros, que hablan como malandros y que actúan como malandros? O es inherentemente opresor, cuasi genocida y racista evitar que te violen y te roben, te secuestren y después te maten por no estar pendiente de la apariencia de quién va a perpetrar sobre tu humanidad actos terribles?
Siguiendo la lógica de quién escribió “Gracias, Osmel” debemos de pensar que la autora estaría dispuesta a caminar por las calles de Colonia en Alemania en Año Nuevo y aceptar su violación no como un crimen abominable sino como una muestra de cómo las culturas se deben integrar y convivir. Siguiendo la lógica de la autora, el Imam de Colonia que justificó la violación de mujeres en esa ciudad alemana tiene razón.

Es peculiar cómo los rojos sí son tolerantes de sus propios sesgos y odios: La izquierda se esmera de forma arbitraria y flagrante en la destrucción de la civilización occidental al castigar a todos aquellos que muestran preferencia con respecto a la preservación de la cultura.
Incontables desadaptados sociales en los medios buscan ridiculizar a los tradicionalistas desde hace más de 50 años, sin darse cuenta de que están llevando a quienes critican a que reaccionen de formas contundentes en su contra. Entre más duro y extremas sus posiciones, más contundente será la respuesta desde el tradicionalismo y no tendrán a quien culpar excepto a ellos mismos. Mientras más busquen los rojos el perseguir a los moderados y al centro, éstos estarán menos dispuestos a razonar y escuchar sus argumentos cuando finalmente se les acabe la paciencia.

Querer preservar algo, no quiere decir odiar otra cosa. ¿Acaso el que colecciona antigüedades y le gusta vestirse de retro deba necesariamente odiar los nuevos aparatos y tendencias? ¿Aquel que le gusta el sancocho de pescados, debe odiar necesariamente el chupe andino? ¿El que le gusta oír salsa debe odiar el rock?

Los progres nos han dicho que ignoremos y odiemos lo que llevamos por dentro durante más de 70 años, no se puede ignorar nuestra naturaleza. Debemos decidir nuestro futuro, los que no se paren a defenderse serán descartados en la cesta de la basura de la historia.
El deseo de querer preservar tu cultura y honrar a tus ancestros es normal, natural y recomendable. Todos los grupos sociales lo hacen pero sólo se critica a quienes la izquierda tilda de objetivos militares: en este caso a la clase media venezolana, los fans del Miss Venezuela, los ricos, los empresarios, o todo aquel que no piense como Adriana Ponte o cualquier intelectual de izquierda que prodavinci.com publicaría.

Me alegra saber que un portal de ese tipo jamás reproducirá lo que escribo.

Arriba escuadras a vencer!

@AlbertoZambrano

Professor UCV

Un pensamiento en “Gracias por nada, Francfort

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