Comentarios sobre las elecciones argentinas

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El domingo pasado se llevaron a cabo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Argentina, en los cuales salió como ganador el opositor Mauricio Macri, su victoria pone fin al corrupto reinado de Nestor y Cristina Kirchner, los chulos argentinos amiguitos del régimen chavista.
Me llama la atención el entusiasmo con el cual los opositores venezolanos afectos a los gastados y desprestigiados procesos electorales locales alababan la victoria del argentino Macri. Celebraban un triunfo ajeno con un jolgorio y algarabía similar al de un mundial de fútbol. Me recuerda a los venezolanos celebrando las victorias futbolísticas de Argentina o Brasil, algo que en el argot popular llaman “pasteleros”. Pues estos “pasteleros políticos”, (guiño a Ortega Brothers).

El politicking opositor venezolano mostró su apoyo al opositor Macri, algo lógico, ya que el chavismo ha logrado consolidarse regionalmente apoyando chulos apoderados y sustitutos y es menester formar alianzas políticas a nivel internacional para enfrentarse al chavismo continental. Sin embargo hallo particularmente irritante que dirigentes políticos como Tomás Guanipa,  diputado por el Zulia y actual candidato por lista en Caracas, (un evidente caso de paracaidismo político) estén haciendo turismo electoral cuando no se les ha visto en su circuito haciendo campaña, algo que en el caso de Guanipa, es de importancia cardinal ya que se mide contra Jacqueline Farías y Juan Carlos Alemán, dos contrincantes de peso en el chavismo. Si las encuestadoras del chavismo dan por derrotado al PSUV en Caracas, ¿No debería Tomás Guanipa, siendo cabeza de lista hacer campaña política en ese circuito con mayor intensidad y entusiasmo? El triunfalismo es un mal consejero en política.

Por otra parte, me tomé el tiempo para recoger de las redes sociales distintas opiniones de que piensan los venezolanos con respecto a unas elecciones que no son suyas y esas opiniones variadas me llevan a decir varias cosas.

El proceso electoral argentino es muy distinto a las elecciones controladas que se celebran en Venezuela, por una parte, el voto es manual, los resultados son publicados en vivo desde que se programa el cierre de las mesas en la normativa electoral y se permiten las encuestas a boca de urna, las famosas “exit polls”.

En Argentina no hay Smartmatic – Kelly Granados

El hecho de que el voto sea manual hace que las elecciones sean más seguras (aunque el grupo la colina diga lo contrario) permite la vigilancia y verificación ciudadana. En los comicios argentinos, a diferencia de los venezolanos, la promesa de tener testigos electorales en todas las mesas de votación se cumple.
El liderazgo opositor venezolano se ha caracterizado a lo largo de los años de tener grandes conflictos de intereses económicos y políticos, negocian espacios a cambio de contrataciones públicas y otras prebendas, lo que pone al liderazgo opositor en el bolsillo chavista, este tipo de lamentable corrupción política no ocurre de forma tan evidente en la República Argentina.
La seguridad y cuidado del voto argentino descansa en la responsabilidad de los civiles caso muy diferente al venezolano, en donde la oposición aceptó de forma tácita, por inacción e inobservancia que sean los miembros de las Fuerzas Armadas a quienes les confían sus votos, una Fuerza Armada que se declara comprometida con la defensa de un proyecto político.
La oposición parece ignorar el hecho de que el gerrymandering y el malapportionment de los circuitos electorales hacen que el voto rural tenga mucho más peso que en áreas urbanas. Aunado al hecho de que en las zonas rurales es sumamente difícil mantener la observación electoral, tanto porque los testigos de la oposición son amedrentados, como por el hecho de que no logran conseguir testigos para ese sitio.

Por otra parte, el kirchnerismo no ha podido doblegar a la prensa, hecho que lamentablemente si ocurre en Venezuela, en donde el chavismo se ha hecho con distintos medios de comunicación, televisoras, prensa escrita y radio para establecer una hegemonía comunicacional.

El kirchnerismo no pudo tomar por completo al poder judicial para ponerlo a su servicio, durante años intentaron penetrar las cortes con sus influencias pero se vieron frustrados. En el caso del chavismo, ese fue el primer paso para poder dominar a todos los otros poderes, la Comisión Legislativa Nacional, que surgió de facto para amparar los actos de la Asamblea Nacional Constituyente en 1999 intervino el poder judicial para nombrar magistrados a su conveniencia, y lo han hecho de forma constante desde ese entonces.

El chavismo, que se sabe derrotado, ya está preparando el terreno dentro de sus filas para dar respuesta a las aspiraciones políticas de la oposición oficial al asumir el legislativo, y tienen todo a su favor con el secuestro de poderes públicos. La promesa de venderle a la gente la idea de que obtener mayoría en el parlamento implica tener más poder que el ejecutivo es demagogia absoluta. Esa premisa sólo es válida si hay independencia de poderes.

Comparar las elecciones parlamentarias venezolanas, en donde no hay independencia de poderes con las argentinas, es no entender la naturaleza dictatorial del régimen.

Las elecciones argentinas son distintas a las elecciones venezolanas en el sentido de que las primeras fueron unas elecciones presidenciales, a diferencia de las elecciones parlamentarias. Esto es obvio, pero a juzgar por lo que pude recabar de las reacciones de los venezolanos ante este evento, pareciera que ellos olvidaron ese gran detalle.

Yo quisiera creer en el análisis optimista de Andrés Oppenheimer con respecto a los resultados electorales de Argentina en los cuales plantea un posible efecto dominó en el cual se cierre el ciclo del bolivarianismo continental que tanta miseria le ha traído a estas latitudes, pero tras vivir dieciséis largos años de chavismo en carne propia, sumado al patético comportamiento de la dirigencia opositora, me hacen evitar ilusionarme, he aprendido a no caer en el juego de los políticos venezolanos, traficantes de esperanza que llenan sus bolsillos de dólares y viven muy acomodados ofreciendo villas y castillos al electorado para luego ser derrotados de forma sistemática en el “mejor sistema electoral del mundo” y trasladen de forma irresponsable la culpa al elector.

@AlbertoZambrano

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