Trastorno por déficit de atención e hiperactividad

2011.04.29-Bored-ChildAdán es un niño inquieto, difícil, sus padres tienen que realizar el doble de esfuerzos para que cumpla con las instrucciones que le dan, la maestra de su colegio, una reconocida institución privada en los suburbios del oeste caraqueño, egresada de una prestigiosa universidad venezolana debe tener atención especial con un niño que “se levanta mucho de su silla”.
La maestra envía una nota a los padres de Adán diciendo su preocupación por su desempeño académico, les recomienda una consulta con un especialista en psicopedagogía,ya que adán exhibe unos rasgos compatibles con “Trastorno deficitario de atención e hiperactividad”.  Confundidos, dos profesionales universitarios jóvenes, acuden a dicho especialista.

En la sala de espera, atestada de padres de demográficos similares, con niños similares a las características de Adán hace un calor insoportable, los aires acondicionados están apagados debido al nuevo eufemismo conservacionista del régimen: “consumo eficiente”, que no es otra cosa sino racionamiento de energía eléctrica. Al mejor estilo de Europa del este durante los años de la cortina de hierro.

“Nos tienen como en un campo de concentración”, escuchó Adán decir a un padre que estaba quejándose de “la crisis” con otros padres. Adán se acerca a su mamá y tirando de la falda del vestido blanco con flores rosadas, le dice “¿Mamá, que es un campo de concentración?, al tiempo que señalaba hacia la pared en la que Adán notó el enorme cartel con un mensaje de colores que decía: “todo lo que debí aprender lo aprendí en el jardín de niños”.

Entre el zumbido ocasional del smartphone de algunos adultos en la sala que Adan coincidía con ruidosos “ajá!, mensaje”, Adán intentaba explicar a su madre por que ya el sabía todo, porque estaba en cuarto grado y ya había salido del jardín de infancia, haciendo referencia al cartel, Adán y sus padres son recibidos por la especialista en su consultorio, sus padres les cuesta hacer que pase al consultorio ya que no había terminado de ver la revista, hacer juegos con bloques y señalar el cartel.

Durante la consulta, Adán no se quedaba quieto, respondía a las preguntas antes de formularlas, era impulsivo y si le pedían que se calmara se inquietaba aún más, mientras los padres de Adán eran informados de que los tests aplicados a su hijo lo hacían candidato a una evaluación por un médico psiquiatra infantil. -“¡pero si mi niño no está loco!-Exclamó su madre, la cual se le hizo entender las razones. A los pocos días, Adán y sus padres estaban en la consulta de psiquiatría infantil, a Adán le hicieron una tomografía, le hicieron exámenes de sangre, y en una consulta sucesiva, se le dio a los padres y Adán el diagnóstico: Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (ADHD, por sus siglas en inglés)

David es médico residente de Medicina Interna en un atestado hospital de la capital Venezolana, un profesional de la medicina adiestrándose para poder ser capaz de analizar las múltiples variables que implica un paciente típico de las salas de hospitalización de medicina interna, que generalmente son pacientes que representan un reto terapéutico en el ejercicio no sólo intelectual sino en la habilidad o no del galeno en transmitirle al paciente una cosa que es fundamental para su curación: el saber entender su enfermedad.

Por eso David se tomaba el tiempo con cada uno de los 8 pacientes que compartían la sala de hospitalización de explicarles cuáles son los procederes casi dignos de campo de concentración de lo que es una rutina hospitalaria, que hacer cuando llegaba la revista, ese ritual cuasi místico, transmitido de generación en generación que funciona como ejercicio académico, y que no es otra cosa sino la reunión de los médicos para decidir que hacer con cada paciente.

Para David, concentrarse era algo extremadamente difícil, su sala de hospitalización daba hacia una vista preciosa del Parque Nacional El Ávila, con frecuencia David se tenía que poner de espaldas al ventanal de la sala de hospitalización para que tan imponente vista no lo distrajera mientras leía las múltiples variables que se toman en cuenta en los pacientes de su sala de hospitalización al tiempo que le daba vueltas a un bolígrafo de forma habilidosa con su otra mano, algo que distraía con frecuencia a sus superiores, los cuales le pedían que “se quedara quieto, que dejara la hipercinesia”, haciendo alusión a una condición neurológica completamente distinta, a manera de burla o chiste. Cuando a David se le pedía esto, su desempeño en la revista caía significativamente, a pesar de que en la práctica, como la atención que requiere y supone tener un pulso firme al realizar una punción lumbar, una punción por aspirado de médula ósea, o la colocación de una vía central en un paciente politraumatizado que convulsiona, a pesar de gran habilidad teórica y práctica, los exámenes estandarizados y las revistas médicas no eran su fuerte, en las revistas sentía el deseo impulsivo de responder con emoción preguntas difíciles que sus compañeros no sabían y era castigado severamente por sus superiores.

Para los compañeros de David, sus fallas académicas se lo atribuían a los nervios, sus residentes de segundo y tercer año lo relacionaban con temores o miedos, pero lo que ninguno de esos profesionales sabían, era que David tiene otra variante del mismo trastorno que Adán tiene: Trastorno por déficit de atención adulto.

Tanto Adán como David tienen un trastorno que modifica la forma en la que perciben estímulos externos y esto modifica su vida.

Este trastorno afecta a millones de personas alrededor del mundo, es una condición neurobiológica caracterizada por un grupo de conductas que hasta dos tercios de los niños diagnosticados exhiben hasta bien entrada la edad adulta. El tratamiento exitoso de este trastorno depende de una combinación de medicinas, terapia cognitiva del comportamiento y estrategias de coaching o de habilidades.

¿Que tiene una persona con Déficit de Atención?

Un paciente con déficit de atención debe demostrar por lo menos seis síntomas de falta de atención, seis síntomas de hiperactividad, o tener todos los anteriores en un tipo combinado. Tanto el paciente, como sus familiares, cuidadores y profesores deben entender que el déficit de atención es una condición crónica, dura toda la vida, comenzando en la infancia y que persiste a lo largo de la vida.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico lo hace un médico especialista en psiquiatría, quien evalúa una serie de criterios diagnósticos que están descritos en el Manual de Diagnósticos que es publicado por la Asociación Psiquiátrica Americana.

¿Que lo causa?

La patología del ADHD no es clara. Se han hecho estudios con tomografía por emisión de positrones que analizan las zonas donde actúan las drogas que son utilizadas para tratar este trastorno y dichos estudios han llevado a formular la hipótesis de que esas áreas del cerebro vinculadas con la atención tienen un déficit a la hora de transmitir impulsos neuronales, particularmente los vinculados con los neurotransmisores dopamina y norepinefrina.
Las áreas cerebrales relacionadas con el déficit de atención son la frontal y prefrontal, aunque hay una serie de conexiones con el cerebelo, que integra las vías sensitivas, (que son las que permiten percibir estímulos externos) con las vías motoras (que son las que permiten interactuar a través del movimiento con el mundo externo).

¿Es frecuente, cuál es su importancia?

En los países que si llevan estadística, como los Estados Unidos, se estima que la incidencia del ADHD en la edad escolar sea del 3 al 7% de toda la población escolar, piensen en esta cifra sólo en USA: Se estima que para el inicio del año escolar 2015, 35.2 millones de niños asistirán desde el kindergarten hasta el octavo grado y 14.9 millones irán desde el noveno al décimo segundo grado. Tomen una calculadora y saquen el porcentaje de cuantos de esos niños de esa enorme población tienen ADHD y se toparán con la realidad.

Sí, el déficit de atención es frecuente y es una condición que está asociada con una serie de otras enfermedades, un término conocido en el argot médico como comorbilidad. Es una condición que afecta más a los niños que a las niñas, así que la desatención que tiene la población masculina en el acceso a la salud para tratar su déficit de atención tiene que ser vista como un problema de género, ya que estos escolares, en su mayoría niños, si su ADHD no está bien tratado, tendrán severos problemas de rendimiento académico, adaptación interpersonal, incapacidad de lidiar con situaciones de estrés de forma adecuada, etc.
La comorbilidad del ADHD es variopinta, y viene determinada por lo que se hace por el niño con ADHD,  recientemente, en un estudio de la Universidad de Nottingham, investigadores británicos condujeron análisis epidemiológicos, estadísticos y sociológicos y se toparon con la asombrosa cifra que cambiaba la apreciación que se tenía de esta condición: El ADHD le cuesta 13.500€ más a la sociedad por persona, por año, esto quiere decir que el impacto de económico de esta enfermedad era subestimado severamente. Los investigadores tomaron en cuenta datos y variables matemático-epidemiológicas que otros estudios en su momento no hicieron, y presentaron sus hallazgos en el Quinto Congreso Mundial de Déficit de Atención que se celebró este año en el mes de mayo en Glasgow.

Es importante que elevemos la conciencia sobre la existencia de esta condición que aparece temprano en la niñez, con frecuencia vemos como se habla de los problemas de género enfocados exclusivamente en el ámbito femenino, pero la salud de mental de los niños de hoy, hombres de mañana en algo como el ADHD debe ser atendida con mayor cuidado. Es menester el esfuerzo individual de cada uno de los adultos involucrados en el cuidado de nuestros niños para proteger nuestro futuro. Por ejemplo: sabiendo que este trastorno afecta más al sexo masculino: ¿Que padre no se interesaría en que su hija salga y se relacione con un hombre que sea mentalmente sano, no sometido a algún trauma emocional o que no haya podido canalizar adecuadamente su trastorno por déficit de atención?
Y es importante porque la intervención que hagamos en la vida de estos niños con esta condición marcará la forma en la que la sociedad se comportará en un futuro no lejano.

¿Se puede tratar?

Por supuesto, el déficit de atención es tratable, en cualquiera de sus etapas es tratable, depende de una serie de factores, de la capacidad de adaptabilidad del individuo a reconocer o no su condición, del abordaje que se toma con este tipo de pacientes, de la capacidad de detectar los signos y síntomas de la condición tanto por el paciente en sí mismo, como por quien le rodea y quienes le tratan.

Existe una serie de medicinas que se usan para tratar esta condición que serán abordadas en una próxima entrega ya que su historia y todo su entorno merecen atención especial, pero no está de más mencionar que el tratamiento para el déficit de atención debe ser estrictamente supervisado por un médico ya que estas medicinas modifican las concentraciones de neurotransmisores en el cerebro, modificando la liberación de estos neurotransmisores en personas que no tengan déficit de atención puede ser peligroso y puede acarrear problemas de salud severos que amenizarían, en casos extremos intervenciones terapéuticas costosas por los gastos de hospitalización que acarrean.

La evidencia demuestra que la terapia estimulante cuidadosamente supervisada es más efectiva que la terapia conducta o la administración de las medicinas por un médico de atención primaria, esto hace que tratar ésta condición neurobiológica sea costosa, ya que es más efectivo tratarla con un especialista, y tratarla con con especialista implica invertir más dinero, pero dicha inversión dará sus beneficios a largo plazo, pues el invertir en la salud mental de la población se traduce en una sociedad próspera y productiva.

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