Sobre la controversia de Planned Parenthood

El caso a favor del estado en materia de control de la natalidad es el título de una excelente pieza sobre el aborto en EEUU publicada en The Atlantic, que me llevó a usarla en clases de salud pública, en el tema de la ética aplicada a gerencia en salud, a su vez, otro artículo en esa misma revista narra cómo se busca negociar la procura de tejido cadavérico fetal en clínicas de aborto administradas parcialmente a través de contribuciones estatales.
Los aspectos éticos del aborto como un fenómeno social llevado al espectro de los médicos son fascinantes:
de esa discusión surge lo siguiente: Se puede ser moral sin ser religioso?
Hasta que punto consideramos que la vida empieza o termina?
Que se debe hacer con el cadaver ?
Es la comercialización de tejido proveniente de los fetos abortados ética?
todas estas facetas son inherentes al debate médico y es lo que surja de ese debate lo que veremos en nuestra sociedad.
La sociedad occidental se ve constantemente amenazada por una retórica de odio hacia uno mismo, de abnegación, de que es moralmente incorrecto hacer una afirmación que defienda en lo que uno crea. Y que el hacerlo sólo se puede hacer desde el espectro más radical de la derecha política.
El problema no yace en los aspectos religiosos del aborto, que es una de los argumentos centrales del movimiento anti-aborto. No se trata de traer un ser humano no deseado a un mundo sumamente agresivo, en donde el matrimonio como institución se ha ido derrumbando, donde la institución protectora de la sociedad, en este caso; la familia absolutamente disfuncional se ha vuelto la tradición y no la excepción, en donde el gremio de padres solteros obtiene prebendas gubernamentales a expensas de populismo electoral. Se trata de un ser humano que visto desde otro punto de vista, habiendo cesado sus funciones vitales, tiene la capacidad de prolongar la vida de alguien más con lo que quedó de su cuerpo.
El que existan galenos dispuesto a hacer disecciones de fetos para luego comercializar sus partes, recibiendo primas en dinero por ello, por el volumen y por la frecuencia no es lo que se pone en tela de juicio desde un punto de vista de la ética.
Lo que se pone en tela de juicio desde la ética va más allá de los hechos que dan con la cancelación de honorarios por un trabajo que requiere no sólo destreza sino fuerza de voluntad, se pone en tela de juicio nuestra capacidad de poder pensar que es lo más favorable para una sociedad en decadencia.
Una sociedad que se nutre de los aspectos tecnológicos desde el punto de vista médico ya que la procura de tejidos a partir de los fetos está en una creciente demanda, las células madres pluripotenciales tienen un campo de investigación en la cura de enfermedades con mecanismos celulares e inmunitarios, un mercado que tiene una demanda enorme, ya que los avances científicos han prolongado la esperanza y calidad de vida de la humanidad. Pero prolongar la vida de la humanidad al costo de tener una sociedad cuyas interacciones entre sus individuos los lleven a la condena de la especie humana. Esta afirmación, por muy estudiantil que suene, por más que recuerde a las rebeliones polimorfas de Herbert Marcuse y la derecha estudiantil parisina del mayo de 1968 no buscan acercarse a criticar el libre ejercicio de la función empresarial, sino más bien condenarlo a él y esta corriente de pensamiento.
La idea de que la familia, el matrimonio, la religiosidad, los derechos individuales inherentes a la reproducción sean armas en manos de una clase social para oprimir a otra parte de la lógica de que las diferencias culturales son el origen de las iniquidades. Esta corriente de pensamiento es la que imperaba en la URSS, en la República Popular de la China en los 40-50’s, en la indochina masacrada por Pol Pot, en el Vietnam destruido por Ho Chi Minh. Tanto Stalin, como Mao, como Pol Pot, como Ho Chi Minh tenían como bandera el control de la natalidad y la reproducción para engendrar una nueva humanidad, el muro de Berlín cae, la Stasi ha sido desmovilizada, nadie habla del gran salto hacia adelante, pero la izquierda populista y la derecha populista han sabido utilizar las ideas de estos asesinos para manipular a grupos electorales a su favor.
Los argumentos en torno al aborto en países de la antigua Europa comunista son totalmente distintos a los de la civilización occidental porque el comunismo era una doctrina extraña, ya que colocó en el congelador a los aspectos más conservadores de las sociedades de Europa del este, al colocar estos aspectos conservadores en una especie de aislamiento a lo más nuclear de la sociedad, se protegió el conservadurismo moral inherente a la derecha, que el populismo usa como chantaje para obtener votantes.
Tanto el caso del estado a favor del control de la natalidad como el caso en contra en relación con la sociedad parten de la máxima de que un lado de la controversia tenga la razón absoluta y el otro esté absolutamente equivocado. Este enfoque, además de infantil es erróneo ya que los defensores del aborto y los anti aborto usan los argumentos inadecuados al debate de si la sociedad mejora o no por el estatus legal de una acción personal que se transforma en una serie de acciones societales en torno a como se manipula el cadaver de un feto.

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