¿Dónde?

Está en nosotros no volver al pasado pero si recuperar al país que una vez tuvimos, donde la gente trabajaba y era premiada por sus logros y no castigada por ellos, donde la libertad y el flujo de ideas, el libre pensamiento eran recompensados y no castigados como ahora.

Cada vez más me deprime el ver las fotos de la diaspora venezolana, amigos, familiares y gente muy querida que por razones diversas dejaron Venezuela, un común denominador de la diaspora es evitar la intervención del gobierno en sus vidas, veo fotos de paisajes y ciudades lejanas que en algún momento de mi vida visité y que los han acogido a ellos, viven como ciudadanos libres en un país donde el gobierno no se mete con sus vidas.

Mientras tanto, hoy tuve que salir, pasé por una farmacia a comprar una medicina que no había en una larga cola cuidada por comisarios políticos, vi como la masa amorfa del poder popular atacaba a una señora que salía de dicho establecimiento con sus productos sólo por el hecho de llegar primero.
Luego fui a la panadería de toda la vida, atendida por el hijo de un inmigrante portugués que fue decapitado por delincuentes al no pagar su familia un secuestro, la foto de algún momento de su vida en la pared y su hijo, un joven trabajador abnegado peleaba desde la caja registradora con una señora por el precio de una hogaza de pan.
Me dirigí al mostrador y vi que los estantes estaban o vacíos o llenos de un sólo producto, la variedad de marcas y posibilidades de elegir diversos productos muy reducida, en una panadería que se caracterizó durante años por tener la mayor variedad ahora apenas vendía pan. Pido un cachito (variante venezolana del Croissant) y me dan una masa seca y vieja con un jamón mal cortado de pésima calidad, pido un jugo de naranja y me dicen que no hay y me ofrecen un pote de cartón de medio litro de jugo de manzana de una empresa estatal que sabía a azúcar, totalmente empalagoso y sin gusto.

Luego acudí al barbero, el mismo que me ha cortado el cabello las dos últimas décadas de mi vida y éste me dice que está considerando cerrar su negocio e irse a la vieja europa que lo vio nacer, donde sus hijos, ingenieros graduados en universidades venezolanas hacen vida con sus nietos.

Reviso mi estado de cuenta bancario y me torturo al compararlo con el precio actual de la divisa imperante en Venezuela y me doy cuenta que cada vez mis deudas son mayores, mi dinero vale menos y mi calidad de vida y la de quienes me rodean se empeora por más que trabajamos, la inflación y los injustos impuestos de los planificadores centrales nos obligan a sacrificarnos en vez de enaltecernos por nuestros logros.
¿Que pasó en este país?
Hace días jugaba cartas con unos viejos amigos y recordábamos con felicidad como se podía pasar todo un día jugando al béisbol, fútbol y afines en las urbanizaciones donde crecimos, parques, areas de recreación hasta bien entrada la noche y llegábamos a casa sin temer a que no nos pasara otra cosa que tener que recalentar la cena en el microondas. Hoy día esas áreas han desaparecido, se han clausurado o están desiertas por el hampa roja que recorre la ciudad de la furia.

Desde hace tiempo he dicho que para poder entender lo que pasa en el país debemos aceptar el absolutismo de la realidad: y la realidad es esta: la Venezuela que mi generación, la generación bisagra que marca el antes y el después del chavismo se ha ido de Venezuela, quedamos unos pocos, los que no nos hemos ido del país por distintas razones, y los que quedamos, buscamos sobrevivir en un ex país. Ya que francamente, ¿Dónde está lo que puede ser un país?
Las instituciones se han destruido, la gente trafica no con bienes sino con favores, la corrupción se premia, el trabajo honesto se penaliza, la delincuencia nos mata, no se produce, se pasa trabajo, se hacen colas, se tiene hambre. La ciudadanía (lo que queda de ella) ya no se comporta como tal sino que pasaron a ser pobladores de un territorio gobernado por la fuerza por aquellos que usan la moralidad de la muerte y el altruismo para dominarles.
Los que tenemos en mente seguir aquí debemos darnos cuenta de que nos robaron el país pero no el futuro, si no hablamos el lenguaje de la libertad, el del egoísmo racional, y la cooperación voluntaria, si no la aplicamos en nuestras vidas, ya la masa amorfa del poder popular habrá ganado, y nosotros, inmersos en un colectivo llamado pueblo pasaremos a ser un simple vestigio de eso que alguna vez fue la Venezuela que según algunos cambió para siempre.

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