Estado Islámico: Una amenaza para occidente.

Emblema del Estado Islámico

Emblema del Estado Islámico

Comienzo el primer post de este año con el aberrante hecho que sacudió a todo occidente hace algunos días, los hermanos Said y Cherif Kouachi, musulmanes radicales franceses entraron a la sede del semanario satírico Charlie Hebdomadaire en París y mataron a 12 personas, desatando una búsqueda frenética por parte de las autoridades francesas que culminó con más muertes; mientras el mundo veía con asombro la persecución de los hermanos Kouachi, Amedy Coulibaly, otro musulmán francés tomaba rehenes en un supermercado judío y mataba a cuatro personas en el proceso.
Tanto los hermanos Kouachi, como el terrorista Coulibaly proclamaron tener nexos con organizaciones terroristas internaciones afines y comprometidas con las peores causas de la humanidad, y que en su accionar político para la expansión del Islam radical han torturado, matado, secuestrado y mutilado a incontables inocentes.

Mientras los hermanos Kouachi se vincularon a Al Qaeda, Coulibaly proclamaba lealtad al Estado Islámico en Siria e Iraq.
La amenaza del terrorismo mundial está latente desde el 9/11 y desde ese fatídico día se demostró que ningún lugar del mundo es seguro, los fundamentalistas y enemigos de la libertad harán lo que sea para imponer su modo de pensar al resto del mundo. Hechos como los de París ocurrirán y seguirán ocurriendo, lamentablemente no sabremos cuando ni dónde, pero ya está más que demostrado que el totalitarismo no da concesiones y nos hace guerra sin cuartel a todos los que amamos la libertad.

Esta nueva forma de totalitarismo es la del fundamentalismo religioso, la interpretación literal de textos considerados sagrados por tal o cual religión, sumado a un discurso colectivista, revanchista y violento es muy seductor para jóvenes que se consideran excluidos, privados de sus derechos y buscando adaptarse, y este efecto es multiplicador si el interlocutor del mensaje es un clérigo religioso carismático.

Tal es el caso de Anuar el-Awlaki, el clérigo musulmán de origen norteamericano cuyos sermones están disponibles en youtube y han servido de inspiración para tanto los hermanos Kouachi, como para los hermanos Tsarnaev, musulmanes de origen checheno que planificaron y ejecutaron el atentado del Maratón de Boston. Si bien el-Awlaki fue dado de baja en un ataque de drones por parte de Estados Unidos cuando se encontraba en Yemen, su obra está disponible ampliamente en la internet y sus seguidores no dejan de inspirarse para imponer mediante medios coercitivos, inhumanos y violentos sus opiniones a los demás.

Esta nueva forma de totalitarismo usa todos los medios tecnológicos que tiene a su alrededor para captar adeptos y reclutarlos, transformando jóvenes en asesinos psicópatas religiosos, sin embargo el concepto de usar a los más jóvenes prometiéndoles villas y castillos y en el caso del islamismo radical, la vida eterna en el paraíso al matar y morir por la causa, copiando la idea del militante fanatizado leninista, dispuesto a morir por la causa revolucionaria.

Me llama poderosamente la atención que buena parte de los gobiernos occidentales se hayan hecho la vista gorda con la amenaza que representa la expansión del Estado Islámico fuera de Siria e Irak, e incluso han subestimado el poder y alcance de esta nefasta organización que ha implantado un colectivismo genocida en esas regiones y con los atentados parisinos, sus operaciones van in crescendo, y no pretenden detenerse islamizando por vía de fusil de repetición a todos quienes se pongan en su camino, sino que en sus más recientes comunicados han declarado la expansión de la “Casa del Islam” a occidente, a quien considera como “ignorante”.

El Estado Islámico (EI) busca la creación de una Teocracia bajo la batuta de un Imán llamado Abu Baker el-Bagdadi, el cual invocando el primer Califato (que se ubicó en Damasco, Siria con los califas omeyas y luego mudó su sede de poder a Baghdad en Irak, de este antecedente histórico, toman el nombre de Estado Islámico de Siria e Irak), y en su afán de ser reconocidos, no sólo han cometido su primer atentado en París, sino que han desplegado usando las herramientas creadas por la civilización occidental que proclama aborrecer una maquinaria propagandística tan fácilmente accesible que en una pequeña investigación que comencé hace unas semanas me pude topar con toda una variedad de propaganda disponible para descargar en una variedad de idiomas: Inglés, castellano, catalán, gallego, vasco, alemán, chino mandarín, malayo, francés, rumano, checo, búlgaro, ruso, etc.

La propaganda del EI es grotesca, en un despliegue de vídeos de altísima resolución, audio de alta definición, se escuchan cánticos árabes alabando su obra y versos coránicos al tiempo que las imágenes de asesinatos a sangre fría, decapitaciones, adoctrinamiento de niños, esclavitud de mujeres, allanamientos, irrespeto al debido proceso, palizas, crucifixiones, todas hechas en el nombre de Mahoma y de la instalación de lo que ellos llaman “una nueva humanidad”.

Si ya de por sí la idea del hombre nuevo es genocida, el Estado Islámico tiene la particularidad de compartir en sus procederes la dominación por la fuerza y no restringida por la ley que desarrollaron la mayoría de los movimientos izquierdistas de principios del siglo pasado, provocando dos guerras mundiales que diezmaron la población significativamente.

El autoproclamado Califato que representa el EI pretende reclamar el antiguo territorio del imperio bizantino y toda el área del sasánida, que se extendió desde el Asia central hasta España. Abunda entre la propaganda divulgada a jóvenes sirios e iraquíes en zonas fronterizas controladas por el EI la llamada reunificación de los territorios que habían sido decretados por occidente en los acuerdos Sykes-Picot, algo realmente surreal, porque al tiempo que los soldados del EI declaman versos coránicos, pretenden dar una clase de historia universal mientras ejecutan inocentes con los ojos vendados.

Desde las masacres de Pol Pot, Mao, Stalin, Hitler, Ceaucescu, Tito, y Ho Chi Minh no hemos visto cómo un grupo de hombres y mujeres invocando el nombre de Dios y las buenas intenciones, han sido capaces cometer las más perversas y viles atrocidades jamás antes vistas. La civilización occidental debe entender que tras los ataques de París, el terrorismo tomó partida, y es necesario hacer todo lo posible para ponerle un freno a la nueva expresión del fascismo: la del Estado Islámico.

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