Extracto de la Rebelión de Atlas, por Ayn Rand.

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El ejercicio privado de la medicina nunca ha sido lucrativo, por el contrario, el excesivo intervencionismo estatal ha regulado fuertemente la práctica médica y los gremios médicos no han velado adecuadamente por el incremento de los honorarios de los galenos.
A continuación reproduzco un extracto de la novela de la filósofa objetivista Ayn Rand, “La rebelión de atlas “, dicho libro trata sobre un mundo en el cual no son los trabajadores, sino los empresarios los que se van a huelga y dejan en manos de los más incapaces la responsabilidad de producir.
En esta novela. cual uno de los personajes de la novela, un médico, narra a la protagonista principal las razones por las cuales dejó de trabajar para los saqueadores socialistas que habían monopolizado la salud. En Venezuela, el monopolio estatal de salud es detestable, hospitalizados sin insumos, abarrotados, que no se dan abasto para la demanda de pacientes, poblados por médicos que reciben un salario miserable, que no les alcanza para comer, y que están expuestos a la violencia e inseguridad que el régimen ilegal, ilegitimo, inmoral e injusto del chavismo ha usado durante más de tres lustros como política perversa de control social.
Son los médicos venezolanos los que se enfrentan a las heridas por armas de fuego que llegan a diario a las emergencias de nuestros hospitales, y que con sus conocimientos y escasos recursos logran salvar la vida de incontables pacientes que son víctimas de la violencia.
Es el gobierno de los saqueadores chavistas los que constantemente ponen armas en manos de delincuentes para que “defiendan la revolución” y mientras tanto usan esas armas para el atraco, asesinato e intimidación de una población cada vez más indefensa.
Ayn Rand advirtió en su libro, “La Rebelión de Atlas” lo que pasa en sociedades que son secuestradas por los socialistas, y dicho libro, en una encuesta hecha por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y el Club del Libro del Mes en 1991, situó a dicho libro como el libro que más ha influido en la vida de quienes lo leyeron después de la Biblia.
Teniendo más de 2000 páginas no es una lectura fácil, pero en dicho libro podemos ver diversos aspectos de la filosofía objetivista de Rand, y sus posturas ante la inmoralidad detrás del socialismo.
Los dejo con dos extractos de dicho libro:

“Esos ladrones se sienten seguros al robar a indefensos, luego de haber sancionado una ley para desarmarlos, pero su botín se convierte en un imán para otros saqueadores que también se lo arrebatarán de la misma forma como ellos lo hicieron. Entonces el éxito irá, no al más competente en la producción, sino al capaz de la más despiadada brutalidad y crueldad. Cuando la fuerza se convierte en norma, el asesino vence al carterista, y la sociedad desaparece entre ruinas y cadáveres.
“¿Quiere saber si ese día se acerca? Observe al dinero, pues es el barómetro de las virtudes de una sociedad. Cuando vea que el comercio se hace, no por consentimiento de las partes, sino por coerción; cuando advierta que para producir, necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare en que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en autosacrificio, entonces podrá afirmar sin temores que su sociedad está condenada”

“Me retiré hace unos años cuando se estatizó la medicina —comenzó a explicar el Dr. Hendricks—. ¿Sabe usted lo que se requiere para poder realizar una cirugía de cerebro? ¿Sabe la habilidad que exige y los años de apasionada, implacable, agotadora dedicación que son precisos para adquirirla? Pues bien: eso fue lo que no quise colocar a disposición de seres cuya única calificación para dirigirme consistía en su capacidad para lanzar las fraudulentas vulgaridades que los habían elevado al privilegio de hacer prevalecer sus deseos sobre los demás a punta de revólver. No quise permitir que dictaminaran el propósito de mi proyecto decidiendo cómo debía usar mis años de estudio, o las condiciones de mi trabajo, la elección de mis pacientes, o el monto de mis honorarios. Me di cuenta de que en las polémicas que precedieron a la esclavitud de la medicina, se hablaba de todo, salvo de los anhelos de los médicos. Se consideraba únicamente el bienestar de los pacientes y nunca el de quienes debían proporcionárselo. El hecho de que un médico pudiera poseer derechos, expresar deseos o manifestar preferencias era considerado como una actitud egoísta: podíamos elegir, dictaminaron, sólo servir a otros. Nunca se les ocurrió que al proponerse ayudar al enfermo le estaban haciendo la vida imposible al sano, no se les ocurrió que un hombre que acepta trabajar por la fuerza se convierte en un bruto peligroso al que no se le puede confiar ni el cuidado de un corral de ganado. Me extrañaba, con frecuencia, ante la seguridad con que otros solían afirmar su derecho a esclavizarme, a controlar mi trabajo, a forzar mi voluntad, a violar mi conciencia y a sofocar mi mente. Sin embargo, ¿de quién dependen ellos cuando están tendidos sobre una mesa de operaciones, bajo mis manos? Su código moral les ha enseñado a creer que es seguro confiar en la virtud de sus víctimas; pues bien: ésa es la virtud que les quité. Dejemos que descubran la clase de médicos que su sistema producirá, dejemos que observen en sus quirófanos y en sus dudosas salas de hospital el resultado de poner sus vidas en manos de alguien cuya existencia están asfixiando. Es inseguro si se trata de un individuo lastimado por lo que le han hecho, y aún peor si se trata de la clase de hombres a las que tal cosa no afecta”

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