La planificación central y la medicina

Como médico formado en la UCV, aprendí a tener la sensibilidad social que implica entender al enfermo, y mi rol como galeno es ayudarle con su padecimiento, para que pueda recuperar su productividad, regresar a su entorno y continuar con su vida.
En la UCV nos enseñan las bondades de la planificación central, no nos explican que el estado benefactor, ese que te garantiza salud, seguridad social, impuestos y demás lo hace a costa del cobro de impuestos de los más productivos. Nos hablan de la maravilla que implica el “plan de salud para todos en el 2000, firmado en Alma Ata”, la Declaración de Indonesia y demás planes gubernamentales de salud que buscan de forma altruista el garantizar que todo ser humano que padezca una enfermedad sea tratado.
Lo que no nos enseñan en la universidad es quien paga por ello, y como se genera la riqueza.
Y no nos lo enseñan a los médicos porque nos inculcan una especie de apostolado hipocrático.
En la antigua Grecia, para todos esos grandes pensadores, todo aquello que se asemejara a libre ejercicio de la función empresarial era mal visto. El mismo juramento hipocrático le pide a los galenos no lucrarse. Y paradójicamente, la mayoría de la población piensa que los médicos estamos forrados en billetes de altísima denominación. Pero nada podría estar más lejos de lo cierto.
La realidad es que mi profesión ha sido una de las más castigadas por la planificación central de la economía.
Los socialistas yerran en cuestiones de hecho, creen que por ser intelectuales tienen acceso a todo el universo y orden de preferencias de los consumidores, y ello, desde un punto de vista operativo es imposible para el estado, porque no están en capacidad de recopilar una cantidad de información en la cabeza de todos los habitantes del mundo, que surge de manera espontánea, irregular, y entrópica, es imposible para el planificador central de los servicios de salud tenga acceso a esa enorme cantidad de información, pero ellos presumen que si por varias razones:
-desconocen por completo el proceso del mercado
– como preconizan la idea de una economía planificada, paradójicamente no tienen acceso a la información que el orden de preferencias y necesidades que surge de la oferta y demanda que crea el mercado, ante la ausencia de un sistema de precios, no saben que producir y terminan desarrollando una serie de monopolios ineficientes, como por ejemplo el monopolio estatal de la salud, que no satisface la demanda de los consumidores, tiene a galenos con gran talento siendo sub pagados y malgasta dinero. Ya que el gran estado no sólo gasta mucho, sino que gasta mal.
Los planificadores centrales y su estado benefactor ofrecen:
“Salud pública, universal, ‘gratuita‘, para todos” , “Educación obligatoria, universal y gratuita”, entre otras promesas.

Estas ideas suenan muy bonitas y bien intencionadas, pero detrás de ellas hay una gran perversidad.

¿Cómo se financia la salud pública ofrecida por el estado?

Se financia a través de medios coercitivos, de acciones institucionales, (en este caso la institución es el estado) dirigidos hacia el empresario, mediante el cobro de impuestos.
¿Qué tiene de malo cobrar impuestos para que el Estado pague la salud de sus ciudadanos?
Que le quita al ciudadano la posibilidad de elegir en donde se puede tratar su padecimiento. Y ese es el peligro inherente al estado benefactor, nos obliga a delegar en un funcionario público, (generalmente un intelectual que se vanagloria de ocupar una oficina o cargo estatal) la libertad de decidir como adultos lo que nos conviene.
El ejercicio de la coacción impide que el proceso empresarial descubra y cree la información necesaria para la coordinar la sociedad que los planificadores desean.
Al impedirle al paciente la libertad de elegir en donde se atenderá un padecimiento el estado tácitamente lo trata como a un niño, es papá estado, representado en un funcionario público el que planificará, monitorizará, y decidirá sobre lo que es mejor para esa persona.
El poder elegir nos hace adultos, el que alguien decida por nosotros con la excusa de nuestro “bienestar” nos pueriliza, y nos convierte en los borregos de los cuales Tocqueville hace más de doscientos años advirtió.

Siempre que se pide la privatización de los servicios de la salud, la izquierda hipócrita, usa el demagógico argumento de los pobres, pobres por los cuales no tiene ningún tipo de interés más allá del electoral. “¿Dónde se atenderán los que no tienen con que pagar?”. La respuesta la encontramos a lo largo de la historia, ya que ninguna sociedad a lo largo de la historia de la humanidad ha permitido que los más desposeídos caigan en desgracia, el icónico ejemplo de las friendly societies de Australia en las cuales se atendían a los enfermos, las organizaciones caritativas y demás asociaciones que de forma altruista decidieron darse a la tarea de cuidar a los enfermos sin necesidad de la intervención estatal.

La caridad es espontánea, si se decreta se aniquila – Frédéric Bastiat

La aniquilación de los monopolios estatales de la salud se traduce en mayores salarios para médicos, enfermeros, bio analistas, investigadores y demás miembros del equipo de salud, al tiempo que creas oferta, para un país como Venezuela, en donde la demanda de los servicios de salud es gigantesca, (porque los servicios públicos sanitarios colapsaron) se equilibran los precios, no es necesario el infame baremo de servicios, que le pone precios máximos al talento competitivo.
Al crear riqueza en vez de redistribuirla en materia sanitaria se incrementa de forma notoria la productividad del país, pues los trabajadores enfermos se reinsertan más rápidamente en su ambiente laboral, se incrementa la esperanza de vida del ciudadano, entre muchos otros beneficios para la economía del hecho que implica que sus ciudadanos gocen de buena salud porque puedan elegir el sitio donde se atienden sus problemas de salud.

en el intercambio comercial, la ganancia de uno es la ganancia del otro

Los progres demagogos e hipócritas aman la salud pública para el pueblo, pero nunca los ves en un hospital público, esa foto que rueda la internet de José Mujica haciendo cola en un hospital público es una gran mentira, la Fiscal General de la República, se hace sus cirugías cosméticas en una clínica exclusiva del este de la ciudad, los miembros del partido comunista cubano se atienden en hospitales exclusivos para ellos. Para la progresía, el poder planificar la vida de los demás es una máxima que aprendieron de Lenin.

¿libertad? ¿Para qué? – Lenin

Los progres siempre van a criticar al médico que se quiera lucrar de su trabajo, y lo hacen porque el dogma legitimador del socialismo es la envidia, los galenos estudiamos durante años y ejercemos nuestra labor de forma moral, legítima, legal y justa, ya quisiera ver a alguno de los que critica a mi profesión no cobrar por su oficio.

no es por la benevolencia del panadero, del carnicero y del cervecero que podemos contar con nuestra cena. Es por su propio interés- Adam Smith , un estudio sobre la riqueza de las naciones

Y es que ninguno lo hará ya que la supervivencia y el modus vivendi que garantizan la propiedad privada son fundamentales para el libre desarrollo de la libertad individual, esa a la que los planificadores centrales, colectivistas detestan para los demás y aman para sí.
Demos una oportunidad a la salud privada y dejemos la demagogia en materia sanitaria afín a MUD y PSUV

Hasta una próxima ocasión, si las circunstancias lo permiten
@AlbertoZambrano

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