Las similitudes entre Jaime Lusinchi y Nicolás Maduro

 

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Las similitudes entre Jaime Lusinchi y Nicolás Maduro.

 

Podrá causar mucho escozor en los defensores de Acción Democrática y en especial aquellos que les pareció que la gestión de Jaime Lusinchi fue positiva, sin embargo los paralelismos en la forma de manejar el gobierno y las instituciones del que fuera médico pediatra y el chofer asaltante de bancos son bastante evidentes.

 

Lusinchi queda electo con 3.755.501 votos que representaron el 56,72% del total de los sufragios de las elecciones presidenciales del 4 de diciembre de 1983. Toma posesión el 2 de febrero de 1984.

Durante su gestión y según lo cuentan muchos de los militantes de AD, este gobierno se caracterizó por ser el más sectario de todos los gobiernos adecos. La distribución de las licitaciones de las obras públicas fueron entregadas de manera exclusiva a contratistas miembros del partido y con claros nexos de amistad a Jaime Lusinchi y su entorno cercano. Esto marcó el inicio de una espiral de corrupción y clientelismo del cual sólo nos acordamos del chivo expiatorio que fue “El Chino de Recadi”.

La candidatura de Jaime Lusinchi fue cuestionada por el mismísimo Rómulo Betancourt, quien prefirió ungir al pediatra con el manto de su apoyo en detrimento de un candidato mucho peor, como lo fue Octavio Lepage.

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Así lo relata Carlos Andrés Pérez a Ramón Hernández y Roberto Giusti en “Memorias Proscritas”, la autobiografía de CAP, distribuida por Libros El Nacional:

“[Rómulo] Betancourt con José Vargas, Manuel Peñalver y Jaime Lusinchi pactaron la candidatura de Lusinchi a cambio de apoyo para que Manuel Peñalver, secretario sindical, fuese el Secretario General de Acción Democrática”.

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Para los adecos de la cúpula, la designación de un sindicalero a cargo de la Secretaría General era algo “normal”, una “normal” maniobra demagógica que conllevaría a un resquebrajamiento de lo que en algún momento fue considerado “el partido del pueblo”, el primer partido político moderno del país.

Carlos Andrés Pérez se opuso abiertamente tanto a la candidatura del pediatra borrachín como a que el Sindicalero llegara a la secretaría general. Movida que supuso un distanciamiento de CAP con Betancourt t el todopoderoso politburó adeco (CEN, siglas de comité ejecutivo nacional).

 

Al consolidarse Lusinchi comienza la aceleración del tan criticado por los comunistas actuales “clientelismo político”, lo irónico de esto es que incluso hoy día, con el parasitismo estatal conocido como “misiones” el clientelismo lusinchista está en su máxima expresión.

 

La wikipedia relata sobre Jaime Lusinchi lo siguiente: “ la crítica situación económica a principios de su mandato mostraba signos de evidente maltrato por parte de las violentas políticas de devaluación monetaria de su antecesor, Luis Herrera Campíns, conocidas como el viernes negro del 18 de febrero de 1983 como medida apresurada con el fin de frenar el aumento de la deuda externa, que de 1980 a 1983 pasó de 29.310 millones de dólares a 38.297 millones de dólares, lo que generó un desfalco de más de 700 millones de dólares de las reservas del Banco Central de Venezuela, que llevó en 1983 a un déficit de 4.246 millones de dólares para completar una exigencia de 5.940 millones de dólares, lo que resultaba irónico y a la vez sospechoso en una nación que no contaba diez años de haber nacionalizado la industria petrolera. La disparidad del bolívar con respecto al dólar crecería al igual que la inflación, continuando la economía venezolana con su carácter dependiente y monoproductor. Ante esta situación su gobierno decidió reenfocar sus políticas, aumentando salarios, controlando precios y divisas, causando tensiones sociales. En los últimos años de gobierno, el gasto público era exorbitante, y se trató de crear una ilusoria estabilidad económica.”

 

Como bien se sabe, el gran estado, que todo lo controla, que todo lo administra, es corrupto e ineficiente, bien lo decía Bolívar: “Es una manía miserable el querer gobernar a todo trance”, una frase un tanto irónica viniendo de un megalómano centralista como lo fue el Libertador, pero eso ya es harina de otro costal.

Si vemos lo que fueron los abusos de poder ejecutados en el gobierno de Jaime Lusinchi vemos cómo éste en la Crisis del Caldas, tal cual como lo describe CAP “con complejo de Almirante”, aupado por Blanca Ibáñez, ordena a un submarino torpedear la corbeta, afortunadamente, ésto no ocurrió.

Blanca Ibáñez, también tiene su cuota de culpabilidad, Jaime Lusinchi estaba casado con Gladys Castillo, pide el divorcio y un juez no se lo da. En vista de no poder darle el gusto a su secretaria privada, otorga a la señora Ibáñez nada más y nada menos que la Orden del Libertador en su primera clase. Esta señora detrás del presidente era notoriamente conocida por sus desplantes y por aupar a Lusinchi en los abusos de poder contra la prensa libre, sale a relucir la pelea entre el pediatra y Marcel Granier por unas películas que no pagaron aduana, el famoso “tu a mi no me jodes”, y demás sanciones a prensa como la restricción de divisas para la compra de papel, le causaron al estado Venezolano ser denunciado ante la Sociedad Interamericana de Prensa.

 

Otra gran perla del gobierno de Lusinchi fue la creación de la Comisión de Costos, Precios y Salarios, que propició un control de precios que acabó con la capacidad productiva del agro venezolano, un fracaso total que después fue revivida por el tirano de Sabaneta con la creación de la Superintendencia Nacional de Costos y Precios (Sundecop).

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En su afán populista y demagógico Lusinchi crea la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), instrumento que resultó fatal para su administración pues le sirvió a CAP como base para dar pie a las primeras elecciones directas de alcaldes y gobernadores, que le causaron la pérdida de la mayoría de las alcaldías y gobernaciones a Acción Democrática, y generó animadversión hacia CAP desde su propio partido, lo que llevó a su vez a que gente dentro de la misma Acción Democrática conspirara contra CAP.

 

Ahora bien, si analizamos al chofer de metrobus de Nicolás Maduro encontramos a un hombre sin estudios, segundón, reposero, formado en Cuba y Venezuela, quien trabajara para la empresa emergente creada por CAP y ampliada por Lusinchi llamada C.A. Metro de Caracas. Pasa desapercibido a lo largo de los años, viviendo arrimado en casa de sus hermanas hasta que la extrema izquierda vuelve a necesitar de sus servicios para que ocupe el puesto de una lista para ser diputado por el Movimiento Quinta República.

Su paso por el capitolio no pasó desapercibido, al igual que sus viajes frecuentes a la India con la Blanca Ibáñez de la Revolución, la diputada Cilia Flores, para visitar al gurú hindú conocido como Sai Baba.

Cuando cae enfermo el sátrapa de Barinas, éste, en el paroxismo de su locura decide nombrar a este tristemente célebre personaje como su sucesor, por encima del corrupto de Diosdado Cabello, y lo pide con la manipulación que lo caracteriza, que le voten a su delfín “desde mi corazón”. El resultado no tardó en llegar, Chávez fallece en los últimos días de 2012, se monta la mayor campaña de engaño y manipulación masiva en la historia del país y quizá del mundo y mientras tanto, en los primeros 100 días de la presidencia usurpada ocurren 4200 homicidios y dos maxi-devaluaciones, luego de los comicios fraudulentos del ministerio de elecciones de venezuela, Maduro procede a nombrar un gabinete en donde la mayoría de las fichas son hechas por su compañera, Cilia Flores, comienza por nombrar a gente de su confianza en la caja chica de los dólares del chavismo, ese Recadi moderno, pero mucho más perverso y opresor que se llama Comisión de Administración de Divisas, a su vez, se nombran nuevos presidentes para empresas estatales, y se ratifica a fichas del chavismo recicladas, como siempre, conocidas por su evidente inmoralidad y corrupción.

 

Maduro, al igual que Lusinchi, busca ejercer un control férreo de la economía, a diferencia de Lusinchi, éste todavía no ha solicitado Ley Habilitante, pero es notoria su proclividad a someter a la prensa libre e independiente, tal cual lo hacía el dictador barinés y el pediatra.

 

Para el chofer de autobuses, las condiciones económicas no son favorables, la venta de las reservas de oro para el financiamiento de Hugo Chávez, el aumento irracional del gasto público han causado una severa mella en un país que a lo largo de tres lustros ha recibido el equivalente a cinco planes Marshall, un aparato productivo plagado de ineficiencia de empresas estatales plagadas de corrupción han causado un latrocinio mayor al que antes se le adjudicaba a los norteamericanos y europeos en esa retórica recalcitrante orquestada desde La Habana; ésta política fiscal de preferir las importaciones (que para la fecha de redacción de éste artículo rondan los 60.000.000.0000 de $) le está pasando factura, tan es así que la escasez según el ente emisor (BCV) ronda el 21%, se están importando rollos de papel higiénico, lo cual nos hace objeto de burla a nivel mundial, la Influenza A H1N1 mata venezolanos inocentes, al igual que la delincuencia desatada.

 

Así como quedó en el pasado el Chino de Recadi, quedan en el pasado el Caso PDVAL, el caso Microstar, la valija de Guido Antonini, el cartel de los Soles, la entrega de los derechos de explotación de la plataforma deltana a ,los imperios Chino y Ruso.

 

Las consecuencias del clientelismo político de Lusinchi las pagó con creces Carlos Andrés Pérez, de la misma manera que Nicolás Maduro perdió casi un millón de votos el 14A a causa de un clientelismo adeco pintado de rojo que llevó la compra de voluntades a tal punto de descomposición social que hoy en día el chavismo saca la cuenta de cuántos votos tiene abriendo las hojas de Excel donde están los nombres, apellidos y direcciones de todos los beneficiarios de ese parasitismo estatal conocido como Misiones.

 

Me despido con un extracto de Alexis de Tocqueville:

 

“El ‘estado de bienestar’ no destruye la voluntad del hombre, pero la ablanda, la doblega y la guía. Los hombres rara vez son obligados por esta a actuar, pero si cohibidos de actuar. Un poder como éste no destruye, limita la existencia. No tiraniza, pero constriñe, enerva, extingue e idiotiza a las personas hasta que cada nación es reducida nada más que una bandada de miedosos y serviles animales, de los cuales el gobierno es su pastor”

Un pensamiento en “Las similitudes entre Jaime Lusinchi y Nicolás Maduro

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