Caracas, ciudad de despedidas

“Caracas […] tengo una relación de amor y odio con ella”

“Valle de balas, vivo en un valle de balas, valle de balas, mi ciudad está brava, allá afuera los revólveres no respetan” – Desorden Público

Las redes sociales son fenomenales…

Un día como cualquier otro empiezo a ver en las redes sociales que empiezan a aparecer comentarios sobre “Caracas, ciudad de despedidas”, que van desde loas hasta insultos y pasando por los característicos memes, y demás pedazos digitales de chiste. Me decido a averiguar de que trata esto y me doy cuenta que es un cortometraje de unos 18 minutos que suben unos jóvenes caraqueños en el cual recopilan la visión de una juventud que coquetea con la posibilidad de emigrar del país.

¿Que tienen en común los entrevistados? Pareciera que todos vivieran en el este de la ciudad, una parte de la convoluta y convulsionada geografía de la capital venezolana en la que vive mucha gente que pertenece a los estratos sociales A y B, por así decirlo: “los ricos”.

Estos jóvenes expresan sus opiniones con el lenguaje que les es característico y afin a ellos, usan los modismos caraqueños y se quejan de una realidad a la cual estamos todos sujetos. Incluso desde su punto de vista que los menos introspectivos pudieran calificar como una “burbuja”, “cotufa”, “superficial”, “paviperro” y demás.

Dentro de las razones que esgrimen para emigrar se encuentra la principal razón por la cual una generación entera de venezolanos se encuentra en el exilio: la falta de oportunidades y la inseguridad. Pero claro, estos chamos las expresan a su manera.

Con sólo un par de días recién subido a youtube, las reacciones no se hicieron esperar, la difusión cual video viral se regó como pólvora, dando origen a la más variada gama de comentarios.

Pero este post va para todos aquellos que critican a sus realizadores, a quienes felicito y a los que dieron sus opiniones.

Emigrar es una decisión personal, la búsqueda de la felicidad, la estabilidad laboral y muchas otras cosas son causa fundamental para tomar esta difícil decisión. Si bien es verdad que la gente que se puede ir se encuentra en un estrato más favorecido, no hay por que recriminarle al chamo que desea poder salir a las 3AM a emborracharse y rumbear sin tener que preocuparse de que le secuestren o le pase alguna cosa mala de manos de los tantos malandros que pululan las calles de la geografía venezolana. Vivimos en un país donde la gente que simplemente tiene un poco más de dinero es catalogada de ricachona y por eso automáticamente queda etiquetada de clasista, aislada en una suerte de burbuja social en la cual se delimitan las funciones que debe tener el individuo en esta enferma sociedad plagada de violencia.

La crítica de algunos la puedo entender, “sube a un barrio”, “agarra transporte público”, “no sabes lo que es acostarte sin haber comido”. Es la realidad de la otra cara de la moneda, de la mayoría de la población de esta tierra llena de gracia llamada Venezuela, y es la realidad que no muestra este cortometraje y que de alguna forma hubiera que mostrar. Pero basta con vivir en Venezuela para saber que las cosas son así. Vivimos en una sociedad donde los pobres se hacen más pobres, y algunos buscan vivir mejor, estudian y esperan buscar una mejor oportunidad, un mejor futuro. Cosa que también mencionan estos chamos, cosa que yo también comparto, porque en mi caso, haber recibido un disparo cambió mi vida por completo, y el planteamiento es verdad, para el pana que dice que quiere salir a emborracharse la seguridad de saber que no te va a pasar nada en la plaza en la que te eches a dormir la pea es tan importante como la madre en la punta del cerro del guarataro que despide a sus hijos que van a la escuela diciéndoles que tengan cuidado conforme bajan porque los azotes de barrio los van a robar. Porque en el fondo, la inseguridad ha hecho que Venezuela sea uno de los países más violentos del continente, millones de armas ilegales circulan en este país bajo la vista complaciente de un gobierno que armó a la población formando colectivos, brigadas y demás denominaciones bajo las que operan bandas dedicadas al microtráfico de drogas, secuestros, extorsión y cuanta otra vagabundería se les ocurra a los bandidos que tienen tomadas nuestras calles.

“Caracas es una relación de amor-odio, por más cliché que suene”

“Caracas sería perfecta sin la gente”

Tristemente, estas dos últimas citas son verdad, para todos los efectos, somos los ciudadanos los que nos avergonzamos de que nuestra ciudad sea como sea, y sin embargo algunos hacemos algo al respecto y otros no. Los que sí hacemos algo al respecto sabemos que Venezuela está llena de un gran capital humano, que lamentablemente no ha sido bien explotado por parte de nuestros corruptos gobernantes, tanto los de ayer como los de hoy, que vienen siendo básicamente los mismos, sólo que vestidos con otro color.
Caracas sería una ciudad perfecta si no tuviera colas, si no tuviera la sobrepoblación que tiene  y no tuviera maleantes.

En los últimos catorce años ha emigrado una generación entera de venezolanos que sienten que en su país ya no se puede vivir. ¿les culpas?
¿Me culparías a mi por querer emigrar tras haber sufrido una herida de bala, un tiro que me pegaron saliendo del cine a las 9 de la noche?  Y saber que el que me causó esas lesiones jamás pagará por sus delitos

Hay una canción de everlast que se llama what its like que dice así:

“God forbid you ever have to walk a mile in his shoes, ´cause then you really might know what it´s like to have to choose”

Dios no quiera que tengas que caminar una milla en sus zapatos, porque quizás entonces sepas lo que es tener que elegir.

Es cierto que Caracas es una ciudad de despedidas, muchos de mis grandes amigos están en otro país, precisamente por el triste hecho de que las condiciones mínimas que debe tener un país, aquella de mantener un nivel de seguridad personal para sus ciudadanos no se dan, donde las instituciones públicas están plagadas de corrupción, donde no hay imperio de la ley, donde tu vida viene determinada por lo que tengas encima y que el juez de esto sea un bandido que esgrime un .38 que te apunta a la cabeza, hay una generación entera de venezolanos que viven en el exterior y saben que si Venezuela estuviera bien gobernada, no tendrían necesidad de haberse ido y extrañan a su tierra.

Pero Caracas sigue siendo el salvaje oeste, una ciudad de la furia, una ciudad en la cual salimos a la calle y no sabemos si regresaremos vivos o enteros a casa.

Un pensamiento en “Caracas, ciudad de despedidas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s