La Ciencia y el Arte

Ante todo, pido disculpas a mis lectores por mi marcada ausencia que rompía con la ya tradicional escritura de algunos de mis artículos que normalmente escribía en la madrugada de cada cinco días para poder mantenerme despierto durante las tortuosas guardias en una emergencia de un hospital que no tiene emergencia, ni insumos, ni capacidad resoluta para poder llevar a cabo procedimientos que estén a la altura de lo que una vez fuera el Hospital Rector de la Medicina Venezolana.
Terminando ya mi pasantía por medicina interna, que realmente fue una decepción por un crisol de razones, principalmente las antes expuestas y las que me he cansado de denunciar en televisión, radio, prensa escrita, redes sociales y por esta que es mi tribuna, tuve la oportunidad de recibir a una paciente con una extraña patología que se llama Síndrome de Hipertensión Endocraneana y una parálisis del sexto nervio craneal bilateral a la cual tuve la oportunidad, como pocos de poder recibirla y ver como evoluciona en los primeros días de su hospitalización.
Dentro de todas las cosas malas que tiene el Hospital Vargas de Caracas, la muy conocida Unidad de Neuro-Oftalmología del Servicio de Medicina II, dirigida desde sus inicios por el Ilustre doctor Muci-Mendoza, se ha caracterizado por prestar un excelente servicio a sus pacientes, tras yo leer bastante sobre la enfermedad de mi paciente, una joven chef de 24 años, decido solicitar una interconsulta formal al doctor, y el muy amablemente accedió a recibirla y yo fui con ella para poder aprender de él en esa tradición que desde tiempos inmemorables caracteriza al acto médico como una ciencia y a la vez un arte. Se que probablemente me esté contradiciendo con respecto a cosas que con vehemencia he defendido, pero como la ciencia es siempre cambiante y en ella no hay dogmas, yo también puedo cambiar como científico que soy.
El acto médico comienza y termina con el paciente y la enseñanza de la medicina siempre será en torno al paciente, decía William Osler, y tuve la oportunidad de aprender sobre el fondo del ojo, especialidad del Dr. Muci-Mendoza, en lo que prácticamente fue una clase de semiología particular para mi y para sus estudiantes de post-grado sobre esta paciente.

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“L´enfant malade” (El Niño Enfermo), de Arturo Michelena (1886) Óleo sobre Tela

Uno de mis lemas favoritos lo saqué de un juego de estrategia llamado Magic: The Gathering el cual en una de sus cartas decía: “Yo veo más que otros porque se a donde mirar” y en este caso, aprendí a poder observar ciertas cosas que durante mi formación como estudiante de semiología nunca pude ver porque nunca tuve la oportunidad de poder estudiar pacientes neurológicos. Y como lo que uno no pone en práctica se olvida, tuve que acudir a los libros para poder estudiar y complementar esto con la observación de la destreza y técnicas del doctor y sus estudiantes de post-grado; las horas que estuve ahí durante su examen, prácticamente estuve absorbiendo cual esponja todas estas técnicas y maniobras así como la realización de una entrevista dirigida de esta sub-especialidad interesantísima de la medicina que me llevo para el resto de mi vida, de las pocas cosas que dije estando ahí, creo que “wow” fue la que más dije.

Habiendo terminado la consulta, el doctor me comenta que le impresiona que la paciente la haya traído en silla de ruedas, que por que la había traído así, que si podía caminar sin marearse. Le realizó rápidamente un par de maniobras y nos despachó. Estas maniobras me hicieron dirigirme con la curiosidad a millón a la biblioteca del Hospital, donde busqué un libro francés de semiología neurológica impreso en París en 1879, comencé entonces a estudiar síndrome cerebeloso, y memoricé todas las maniobras de exploración de esta entidad nosológica.

En mi sala 4 de medicina interna, en la que desde que estoy en tercer año he aprendido casi todo lo que se también teníamos una paciente con Ataxia Cerebelosa, me dispongo entonces a examinarle, hallando joyas semiológicas en ella que describieron los grandes semiólogos Andrè-Thomas, Babinsky, entre otros, y me dispongo, habiendo comprendido por completo a examinar a mi paciente para confirmar esto. Mi sorpresa no pudo haber sido mayor. Hice ciencia y arte a la vez, y ese sentimiento, que nunca antes había experimentado, ,me hizo sentir muy bien.
A pesar de que la oftalmoplejia del abducens y la hipertensión endocraneana producen defectos en la agudeza visual, enlentecimiento del habla, y dificultad para la marcha, hay joyas semiológicas descritas en libros que datan de 1879 en la cual estos médicos, sin rayos X, sin tomografía, sin resonancias, pudieron describir en el síndrome cerebeloso y fue en ese mismo momento cuando me di cuenta de que lo que hacemos los médicos es una ciencia y arte a la vez. En la tradicional revista médica, ritual del acto médico y santuario para la confrontación de las ideas y el debate, defendí con vehemencia mi diagnóstico en base a mis hallazgos ante el Rector Moros-Ghersi a quien no le pareció que mis hallazgos fueran positivos para la enfermedad de la paciente, al tiempo que nos comentó que para cuando un estudiante egresa del per-grado, debería poder diagnosticar el 80% de las consultas y que el otro 20% se sale de la estadística.
“Esta paciente se sale de la estadística.”- dijo.

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“La enseñanza de la medicina siempre girará en torno al enfermo, con el médico a su lado” – William Osler. Foto: Revista Médica del Hospital Cedars-Sinai, 1951. Los Angeles, California.

También nos comentó que cuando el Jefe de Servicio era el Dr. Otto Lima Gómez, éste le solicitó al Dr. Moros-Ghersi hacer una actualización sobre Miopatías, para sus alumnos y que a pesar de que el Dr. Moros-Ghersi no había visto una, se informó sobre el tema, luego realizó un estudio sobre miopatías en el hospital, con el tiempo dio tantas clases de miopatías que terminó siendo experto en ellas; y en la sala 7 durante una revista, notó que un paciente tenía una lesión cutánea característica de una miopatía en su pie, e hizo el comentario, al cual el Dr. Otto Lima comentó que esa lesión el la había visto en tres casos de primoinfeccion bilharziana. Esto deja como moraleja que el conocimiento y la experiencia van de la mano, que no hay enfermedades sino enfermos, y que la medicina, fundamentada en la observación es ciencia y arte a la vez.

Me llevo mucho del Hospital Vargas al que quiero mucho, pero actualmente se encuentra por el suelo, estoy luchando por la salud digna de sus usuarios y no recibo casi respuesta positiva de parte de aquellos a quienes hago el llamado, pero sin embargo eso no me detiene. A los que están todavía en formación en la escuela les hago el llamado a que luchen por su Hospital, porque podrán experimentar algo tan hermoso como lo que es rehabilitar al enfermo para reintegrarlo a la sociedad, de vuelta con su familia, con sus seres queridos.

Me despido con una frase del Libertador.
“El talento sin probidad es un azote”.

Alberto R Zambrano U

Como dato de interés recomiendo el siguiente artículo de Myriam Marcano Torres, titulado Semiología de la Enfermedad en la Pintura Venezolana, publicado en la Gaceta Médica de Caracas v.III n.3 de Julio de 2003

http://www.scielo.org.ve/scielo.php?pid=S0367-47622003000300002&script=sci_arttext

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