Crítica a la escuela Vargas

Hoy quiero criticar muy duramente a la que es mi alma mater.
La casa que formó a Razetti, Vargas, Pérez Carreño, Oropeza, Muci-Mendoza, Wuani, Moros-Ghersi, etc…
La casa que hoy si se viera en un espejo ni se reconocería a si misma, o por el contrario, le daría vergüenza verse a si misma…
Y si buscamos a los responsables del devenir de la que una vez fuera la punta de lanza de la Medicina venezolana hoy día reducida a sólo el nombre, dos edificios que se mantienen a duras penas, y un hospital cayendo a pedazos….
Tristemente debo decir que la escuela está así por nuestra propia culpa, pero como toda culpa, cada quien tiene una mayor o menor carga….
Podríamos empezar por culpar a nuestros gobernantes, antiguos y presentes que gracias a una alta rotación gerencial, falta de políticas serias y corrupción fueron desgastando las bases de la escuela de medicina: el Hospital…
Pero la dinámica de la escuela se puede estudiar desde primero a cuarto año y luego de quinto a sexto, y las serias deficiencias que tenemos a nivel de ciencias básicas no sólo son culpa de las cátedras sino de los mismos alumnos, dentro de los cuales me incluyo, no se muchas cosas que debiera, simplemente porque no me las dieron con el enfoque que debería tener. Podríamos culpar a mis profesores, pero es injusto, lo hacen bien, dan lo mejor de si por tratar de mantener lo que lamentablemente es un barco hundiendo.
Si en ciencias básicas nos trataban mal con seminarios en los que nos teníamos que comer vivos para poder hablar y buscar “crear guáramo” ese que lo ibamos puliendo en exámenes orales, lo perdemos en el externado y el internado cuando por la dinámica del hospital, sus carencias y el acostumbrarnos a la marginalidad, a la mediocridad, y al “como vaya viniendo vamos viendo” se traduce en una nefasta, bastarda, elitesca, y grotesca escala vertical de cadena de mando. Esta cadena de mando despótica fomenta en el bachiller, que ilusionado por aprender se encuentre con que su rol en el aprendizaje sea el de simplemente un “muchacho de mandados” que debe recortar, pegar, y hacer las manualidades que el residente a su cargo se le ocurran para buscar aliviar su trabajo, no son tareas denigrantes, pero no forman en lo absoluto profesionales de la salud, sino autómatas.
La sencillez con la que adjuntos, jefes de cátedra y de servicio dan órdenes sin siquiera preocuparse por el bienestar de sus estudiantes, de si se sienten seguros al salir, de si sienten que algo se aprende en las guardias, o un simple “cómo estás” pareciera algo mitológico, y el estudiante debe situarse en una posición donde se ve reducido a un esclavo autómata que sólo sigue órdenes. Y que al mínimo vestigio de crítica, de proactividad, es en seguida castigado con una pésima nota que altera el status quo de jefes de cátedra y de servicio, residentes y demás que salen con la revanchista excusa de que “yo también pasé por ahí”.
Pues resulta, mis respetadas autoridades que no, ustedes no han tenido que pasar por lo que hoy en día internos y externos pasan en este hospital, nuestro hospital. El Doctor Muci-Mendoza escribió en la revista Archivos del Hospital Vargas en el año 94 que de Hospital Rector de la Medicina Venezolana pasó a ser un moridero, y que sus adjuntos y médicos quedaban reductos a matarifes, este es un cliché que uso con frecuencia porque aun cuando el escribió esas líneas el hospital pasaba por un mal momento, estos aciagos tiempos, en comparación hacen lucir las carencias de una mediocre cuarta república con una aun más mediocre quinta república heredera de los peores vicios que afectan y tienen enferma a toda nuestra sociedad, el egoísmo, la indiferencia y el facilismo.

Pues si mis estimadas autoridades, sois unos matarifes, somos unos matarifes porque lentamente, con nuestra actitud, hemos ido colaborando, granito de arena por granito de arena a que nuestra amada escuela y hospital desaparezcan por completo.
Hemos aceptado como la norma que en el hospital no hayan insumos, que utilicemos técnicas quirúrgicas y terapéuticas anacrónicas, como tracciones esqueléticas y antibióticos de mala calidad.
Hemos aceptado la realidad de que se pueden hacer guardias y mantener postgrados en un hospital tipo IV universitario sin sala de emergencia y quirófano, sin adjunto de guardia, y sin seguridad de que algún usuario de los servicios de salud descontento nos saque armas para reclamarnos de que no estamos haciendo bien nuestro trabajo cuando no tenemos con que trabajar.
Estudiantes y profesores hemos permitido que nos desenvolvamos en una sala de emergencia y un triaje ficticios, hechos al apuro y por salir del paso.
Hemos aceptado el hecho de que el adjunto sólo está para dar órdenes y que se le debe temer por lo estricto que éste pueda ser y no buscar aprender lo más que se pueda de su experiencia, y hemos permitido que nuestros adjuntos se les suban los humos y nos traten como niños.
Nos hemos dejado aplicar un reglamento de internado anacrónico, redactado en los 70, cuando la realidad es que debe ser reformado para adaptarse a la realidad sociopolítica del país: No se puede salir del hospital y de la escuela más allá de las tres de la tarde porque el estudiante se expone a que lo atraquen. No contentos con eso, no se puede entrar a la escuela por los accesos convencionales porque los cierran para que no roben dentro de la escuela, no se puede, no se puede, no se puede….
Cuándo se convirtió mi escuela en la escuela del “prohibido”, del “no se puede”?
Parte de esta dinámica vertical, de esa cadena de mando antes horizontal porque todos eran tomados en cuenta por igual y que hoy en día se convirtió en una esclavitud donde lo que tienes que hacer es cumplir órdenes sin cuestionar me repugna, porque no es muy diferente a lo que hay en las barracas, donde se gana mérito de otra forma.
Es el mal trato y el maltrato de los adjuntos y residentes, sumado a la gravísima situación socioeconómica del país que nos hace irnos del país, perderle el cariño, como tristemente debo decir me ha sucedido a ciertas materias, y luego los mismos que nos mal tratan y maltratan tienen el brío de decirnos que no nos vayamos del país. El que se va busca una vida mejor, tanto dentro, como fuera del hospital.
Podríamos culpar a la situación del país como la causa de todos los males, pero nosotros vivimos en este país, y si tenemos la voluntad de cambiar la situación debemos empezar por nosotros mismos; veo con dolor como muchas de mis grandes amistades están emigrando a otros países y dicen lo mismo que plasmo en estas líneas: “no me van a pagar lo que merezco, no tengo con que trabajar y me tratan mal”.
No contentos con que la inseguridad, el terrible horario, la mala paga, el desinterés, ahora debemos también aceptar que estudiantes de un programa diseñado para terminar de condenar no sólo al hospital y la escuela sino a toda la medicina en si. Nuestros gobernantes se dieron cuenta de que para obtener el poder ilimitado y absoluto del cual abusan debían terminar de sacar la espina en el costado para todos los gobiernos que es la salud de los pobres de quienes los eligen, y que plan tan macabro el utilizar a esa misma gente, venezolanas y venezolanos para acabar con la medicina impartida tradicionalmente, en la cabecera del paciente.
Me refiero a la medicina integral comunitaria…
Cómo permitimos esto?

Que nos pasó?

Ya ni me importa porque siento que he perdido por que luchar cuando mis compañeros andan más pendientes del paveo, de la merú, la vaca para la botella de nuvo en la discoteca y la gorra basa pro shows…

Veo con tristeza como estudiantes de otras facultades que si les duele su escuela pelean por ella, y tienen una verdadera lucha reivindicativa y que cuando yo lo hago aquí, se me castiga en notas y se busca criminalizar mi opinión y mi derecho a disentir y preguntar “por que?”.

Tengo la fe de que así como la pasantía en la que estoy, que me ha desilusionado terriblemente tiene fin, el letargo que ha plagado mi escuela se le sacuda…

Ya yo estoy de salida y no me canso de decir que debemos activarnos a defender la escuela, y buscar ser los mejores, ya que en un futuro muy cercano, a los que vamos a tener de jefes son a los MIC.

Pudiera extenderme a redactar un tratado, pero entre mi insomnio, mi frustración y las ganas de querer dar lo mejor, no lo haré.

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